Opinión

Después de la lluvia, un arcoíris

Cuando el cielo se torna gris, las alcantarillas huelen mal, las calles se inundan y la porquería flota es complicado levantar la vista y mirar si hay o no arcoíris

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Por: Velia María Hontoria Álvarez

Cuando el cielo se torna gris, las alcantarillas huelen mal, las calles se inundan y la porquería flota es complicado levantar la vista y mirar si hay o no arcoíris. Sentir, desear, provocar un buen día pareciera la torpeza más grande que alguien puede invitar. Más quizá, estoy equivocada pues es cuando con ahínco en la caja de herramientas debo buscar ese lápiz rojo pasión para ponerlo en los labios y confortar la palidez que dejan los malos tragos de una ciudad abandonada a su suerte. Untar en mi cuerpo ese delicioso perfume para darle adorno a esa sonrisa amplia que regalaré. No necesito más motivo que saberme viva, usaré el tapabocas -en creencia o no- solo por mantener la regla básica que dice: no hagas a otros lo que no quieres para ti. Rezaré cerca de mi amado templo, a sabiendas que desde su Monte Carmelo ella nos cuida y vigila a pesar de todo y contra todo pronóstico.

Daré gracias por lo poco que es tanto, pues para estar no necesito más allá que mi querida persona; el profundo deseo de dar esa, mi imperfecta versión. Haré pañuelos de buenas intenciones, para todos aquellos que necesiten secar sus lágrimas y las mías propias. Trabajaré con más dedicación de lo que suelo hacerlo, pues, aunque ellos no lo hagan e inventen panfletos y pongan excusas, mi trabajo será el estandarte que les obligue a bajar la vista cuando quieran y pretendan hacer daño con sus acciones con su palabrería vacía, con sus leyes huecas, sus disculpas del destiempo. Pondré recados en mi memoria para no olvidar cuando tenga que votar por esas personas que un día dijeron y que después se escondieron.

Recordaré el teléfono de la tía Mariposa, de mi entrañable tía Licha para decirles cuánto las quiero; de mis madrinas, de mis leyendas. Rezaré por don Raúl con todos aquellos que en esa soledad asistida sus bellos recuerdos sirvan de ánimo. Recordaré, que, aunque nacimos solos podemos en este trayecto hacernos compañía; pues hay siempre maneras diferentes de lograr comunicar afecto y muchas veces los mayores son quienes necesitan más de ese apapacho, como bien lo sabe Gabriela. Sin trabas abriré mi mente a esta nueva oportunidad de aprender a comunicar y disfrutar las bellas artes de nuestros cervantinos y que sé Verónica, en su momento nos dará información.

Te abrazaré sin distancia, con el sentimiento para que este recorrer al lado de tu madre sea dulce, en bendición ayudándola a partir a ese cielo que ya tiene ganado. Sabrás todos los días que eres importante, como cuerdas de guitarra unidas estamos. Mis letras hechas para los que desean y son buenas historias; anhelan cuentos, cerrar capítulos maléficos. Contigo y con usted deseo bien al que espera, al que parte, al que no puede ya quedarse. Sin juicios, sin tormentos, ni advenimientos ni promisorias advertencias. Sembramos acuerdos, elaboramos transferencias de buenos deseos, de protección y confianza. Sigue Ana mandando esas lunas, alimenta Lety con tu cariño ese sentir tan tuyo y celayense. Peque tu día a día es la mejor historia de impulso de la cual tus hijos son muestra. Elena, nada sigue igual todo avanza, lo sabes; Catalina, el actuar de otros no depende de nosotros sigamos atentos en ese orden y exigencia que sabemos; la fe Arturo, en tu integridad la reafirmamos y con María Emilia nos unimos en un todo para caminar al ritmo que cada uno en la vida ha dispuesto.

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