Opinión

Dibujemos sonrisas

Ayer fui al supermercado. Un chamaco de doce años, hijo del “viene viene” me dijo que me cuidaría el coche. ¡Chispas! No traía monedas para darle. Se me ocurrió poner una caja de galletas en el carrito para ofrecerle por su trabajo. 

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Por: Lourdes Casares de Félix

Ayer fui al supermercado. Un chamaco de doce años, hijo del “viene viene” me dijo que me cuidaría el coche. ¡Chispas! No traía monedas para darle. Se me ocurrió poner una caja de galletas en el carrito para ofrecerle por su trabajo. Cuando escogía la verdura, vi al papá del chico cuida coches viendo fijamente las zanahorias por largo tiempo. Le pregunté qué hacía porque me pareció rara la actitud. Me contestó que estaba viendo el precio porque su esposa vendía jugos. Le dije que pusiera unas cuantas en una bolsa y me alcanzara en la caja para pagarlas. Abrió los ojos con sorpresa y pude imaginar su gran sonrisa detrás del cubre bocas que llevaba puesto. Me extendió la bolsa de zanahorias y en la otra mano traía una de tomates. Le dije: échamelas también. El hombre emocionado me dijo que me esperaría en la salida. Al salir con mi carrito me sentí conmovida por el “viene viene” y su hijo que no podían ocultar su alegría. Sólo eran unas pocas cosas pero su agradecimiento era tal que dibujó también una gran sonrisa en mi rostro. 

El aislamiento ocasionado por la pandemia obliga a permanecer en casa pero muchas personas salen a ver en que trabajan para llevar comida a su mesa. Se observan dos realidades: la de quienes pueden permanecer en su vivienda sin gran angustia económica, y la de quienes viven mortificadas pensando qué comerán sus hijos. Muchas mujeres se han quedado sin trabajo siendo ellas las jefas de familia. Otras, sus maridos perdieron el empleo o forma de mantenerse. 

Creo que quienes podemos seleccionar y escoger nuestros alimentos y darnos algunos gustos que consienten el paladar, podríamos prescindir de algo para apoyar a una familia con necesidades alimenticias. El ejemplo de doña Chuya es uno entre miles. Ella hace enchiladas y era contratada en fiestas y reuniones. Tiene una hija viuda y tres nietos que mantienen entre las dos. No ha tenido trabajo en cuatro meses. La situación es difícil para muchas personas.    

Aunque ya hayas donado una despensa, el hambre continua. No hay que sentirse tranquilos por haber contribuido un poco. Las necesidades son muchas. Proteger la nutrición de los grupos más vulnerables es un deber ciudadano de quienes pueden hacerlo. En México el 55.5 % de los hogares presenta algún grado de inseguridad alimentaria y no pueden satisfacer estas necesidades básicas durante un período prolongado. Organizaciones estiman que la crisis económica por la pérdida de empleo y reducción de ingresos, intensifican aún más la vulnerabilidad de los hogares de este sector de la población que ya vivía en situación de pobreza. 

Dice el Papa Francisco que después de la pandemia todo será distinto, pero todo este sufrimiento será en vano si no terminamos con la pandemia del hambre. El Papa nos invita a cambiar nuestro corazón y a salir de la pandemia siendo mejores. 

Hoy puedes lograr que una familia sonría dándole algún alimento cuando la circunstancia se presente. ¡Dibujemos sonrisas! 

acentodemujer@hotmail.com  

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