Opinión

¿Dónde están los papás?

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Por: Lourdes Casares de Félix

Ante los problemas de inseguridad y violencia que como sociedad estamos padeciendo, ahora más que nunca he escuchado la frase: “¿Dónde están los papás?”, y es cuando los ojos escudriñadores de la sociedad voltean a censurar y culpar a madres y padres de familia por no educar a sus hijos e hijas que son quienes están agraviando con sus actos a la misma sociedad.

Culpar a los padres es una respuesta fácil y pronta para diagnosticar los males que estamos padeciendo: robos, asaltos, violencia, vandalismo, venta de drogas… ante la ineptitud de no saber qué hacer o cómo actuar para erradicar o al menos disminuir esta problemática, la solución parece simple: que los padres eduquen, corrijan y sean un buen ejemplo en la familia para reconstruir el tejido social.

Por supuesto que sería lo correcto y así debería ser. Los padres y madres son primeros responsables de la educación de los hijos, pero el panorama tiene varias aristas que impiden que las y los progenitores lleven a cabo su responsabilidad con buenos resultados. En comunidades de la periferia de la ciudad veo hombres y mujeres con un ingreso ínfimo que para poder subsistir se requiere que todos los miembros de la familia trabajen, veo madres solas que salen a buscar el sustento de sus criaturas. En ambos casos se desatiende involuntariamente la formación de los hijos. Los chicos vagan por las calles adhiriéndose a pandillas donde encuentran aceptación, sentido de pertenencia y hasta dinero si son reclutados por la narcodelincuencia. Las chicas también pululan solas expuestas a la violación o a la fácil seducción que las hará sentir bonitas y especiales, aunque tengan el desenlace de un embarazo inesperado.

Aunado a esa desatención forzada, la madre y el padre llegan cansados del trabajo a lidiar con problemas de adolescencia y el estrés y las presiones económicas pueden desencadenarse en reacciones violentas. ¿Cómo educar en la paz y el amor? La circunstancia es más difícil para quienes no cuentan con redes familiares de apoyo. Aún hay más, las madres y padres no cuentan con herramientas que les orienten cómo educar. El poder se disfraza de autoridad, la disciplina en una sumisión y las medidas correctivas en golpes. ¿Cómo ser un padre amoroso y comprensivo si el tuyo fue borracho, mujeriego y golpeador? ¿Cómo ser una madre que sea capaz de guiar por el buen camino cuando la tuya estuvo siempre callada, sumisa y subordinada a los designios del esposo? Jóvenes en la desatención y en la miseria, que ni estudian ni trabajan, son fácil presa para ser enrolados por los delincuentes. Esto ha incrementado en grado intolerable la inseguridad.

A través de redes sociales existen miles de videos y pláticas de personas que repiten y repiten que los padres tienen que educar. Considerando este panorama de incapacidad de muchos padres y madres se requiere que las escuelas eduquen en valores ponderando el respeto a las personas, las reglas, las leyes y las cosas para no robar y no dañarlas, e impartir una educación humanista que genere cohesión social, trabajo en equipo y solidaridad. No se puede excluir a la escuela de esta corresponsabilidad necesaria para el desarrollo de una juventud sana que necesitamos con urgencia. El gobierno debe complementar la educación con programas que capaciten para trabajos que las y los jóvenes puedan desempeñar, programas culturales que desarrollen la creatividad y talentos, así como también hacer obligatorio el deporte. Las escuelas de tiempo completo serían una gran solución.

“La educación humanista mediante la filosofía, la historia, la lógica, la ética, la sociología, la estética, el arte, las lenguas; es lo que nos ayuda a encontrar los fines hacia donde debemos orientar el conocimiento técnico, científico; para el logro de una vida mejor”, apuntó Fernando Savater. Pregunta: ¿Dónde están los padres? Respuesta: Trabajando.

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