Opinión

El Instituto de Salud para el Bienestar en la 4T

La arquitectura institucional de la salud en México se fue construyendo con negociaciones propias de un régimen que le fue cediendo prebendas a grupos organizados por segmentos a cambio del control corporativo. 

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Por: Martha Lucía Mícher Camarena

El Instituto de Salud para el Bienestar en la 4T

El Instituto de Salud para el Bienestar en la 4T

La arquitectura institucional de la salud en México se fue construyendo con negociaciones propias de un régimen que le fue cediendo prebendas a grupos organizados por segmentos a cambio del control corporativo.

Así surgieron distintas instituciones en materia de salud como el Seguro Social, El ISSSTE, el de Petróleos Mexicanos, el de la Defensa Nacional y, también, distintos esquemas de seguridad y salud pertenecientes a los gobiernos de las entidades federativas. 

El piso más reciente de esta pirámide fue el Seguro Popular (SP), instaurado en el 2003. Sin duda el SP alivió la situación de precariedad que caracteriza a la población abierta sin seguridad social completa. 

Como en nuestro país no se ha disminuido la pobreza de forma consistente y constante el SP fue un paliativo a la precariedad estructural. 

Antes la Secretaría de Salubridad y Asistencia, con diferentes nombres a lo largo de la historia, se hacía cargo de este grupo poblacional, con las carencias que cualquier usuario o usuaria de los Centros de Salud podía corroborar y padecer.

La sustitución del SP por un esquema más completo e integral situado en el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) ha traído una interesante discusión sobre la evolución del sistema de Salud en México.

De las opiniones que preocupan se encuentra la del Dr. Julio Frenk quien junto con otros economistas y financieros, argumentan, con datos del Coneval, que el Seguro Popular redujo la carencia por servicios de salud en México de 42.8 millones de personas en 2008 a 20.2 en 2018. 

Sin embargo, el artículo está repleto de especulaciones que los mismos autores aceptan como tales, dado que hablaron sin conocer la propuesta completa. 

Y si se observa la cifra, se da por un hecho que después de 15 años de operación del programa, todavía hay más de 20 millones de personas que siguen desembolsando grandes cantidades de dinero para cumplir por vía del mercado lo que el Estado por obligación debería de garantizar.

Aquí en Guanajuato el oficialismo panista, a diferencia de la discusión argumentada del Dr. Frenk, se ha dedicado a mal informar a la población y como es su costumbre a asustar con el petate del muerto sobre este necesario cambio en el esquema de salud para la población abierta. 

Por cierto, les faltó decir que si es tan bueno el SP porqué aumentó el número de guanajuatenses sin acceso a medicinas y doctores de 790,300 personas en el 2016 a 814,800 en el 2018 y eso que Guanajuato fue de los estados más beneficiados por el presupuesto federal en esta materia durante el sexenio de Felipe Calderón.

La propuesta del Insabi es un esfuerzo por unificar el sistema fragmentado de salud en México y a diferencia de lo que plantean sus detractores aumenta la cobertura de enfermedades y riesgos en salud.

Tiene como meta la atención universal de la población con esquemas gratuitos; regresa al Estado la rectoría y eliminará paulatinamente la corrupción que surgió al amparo de los negocios que se hicieron a costa de la privatización, eliminará gastos de transacción burocráticos.

Se fortalecen los fondos destinados a salud y se continuará con la posibilidad de establecer convenios con las entidades federativas.

Para quien se quiera informar de manera amplia, se puede consultar el Dictamen de las Comisiones Unidas de Salud, Estudios Legislativos, por el cual se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley General de Salud y de la Ley de los Institutos Nacionales de Salud.

La cuarta trasformación llegó al sistema de salud para bien de la población más excluida. Como dice el Presidente López Obrador, por el bien de todos -y todas- primero los pobres.

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