El PAN y los grupúsculos de intereses

Ya comenzaron los movimientos en el interior del PAN rumbo a la renovación de la dirigencia nacional, que actualmente encabeza Marko Cortés, la cual deberá ocurrir en octubre.

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Por: Alejandro Pohls Hernández

Ya comenzaron los movimientos en el interior del PAN rumbo a la renovación de la dirigencia nacional, que actualmente encabeza Marko Cortés, la cual deberá ocurrir en octubre. El próximo dirigente será pieza clave en el interés de la candidatura presidencial del 2024; en otras palabras, el factótum que permita una verdadera participación de valiosos cuadros albiazules, que brillan con luz propia, o eche los dados cargados, como personero de Ricardo Anaya

Para este evento, ya  levantaron la mano Francisco Domínguez, gobernador de Querétaro (aunque, lo persigue la sombra de la deshonestidad), por lo que juega a doble partida, también apoyando a Adriana Dávila; además, el empresario tabasqueño Gerardo Priego (persona con talento y prestigio) y el propio Marko Cortés; tampoco habría que perder de vista al senador Damián Zepeda, ex presidente del partido y personero de Anaya…el ex gobernador Miguel Márquez, mejor se baja del caballo, no sea que le saquen los esqueletos del closet... anda ocupado cerrando filas con los Villarreal, para echar al presidente de San Miguel de Allende, Mauricio Trejo, del PRI, que eligieron los sanmiguelenses.

Pero, en el tablero de ajedrez político, no se puede olvidar a los gobernadores, señores de horca y cuchillo, que tienen la chequera muy pesada para lo que se ofrezca a sus intereses y  manipulan a su antojo a los presidentes de los comités directivos estatales. También, se dice que están en plena rebelión contra el statu quo del desempeño de Marko Cortés.

Mientras tanto, el ambicioso “Golden Boy”, de sonrisa petrificada, Ricardo Anaya, recorre a sus anchas el país, para dar madruguete, tratando de vender una imagen que no le corresponde: come tacos en la calle, visita el hogar de un pobre desheredado de la justicia social… tarde, pero se dio cuenta que eso de hablar en francés, tocar el piano y tratar de aparecer en los medios al estilo de Mark Zuckerberg…, no vende. Su locuaz imaginación, su histrionismo no conoce límites, en el camino ha dejado muchos damnificados, habría que preguntarle a Margarita Zavala

Es importante recordar que hace tres años, el relevo de la dirigencia provocó una grave fractura en el partido, que terminó con la salida del ex presidente Calderón y un grupo distinguido de militantes. Estos argumentaron que el partido estaba secuestrado por personeros de Anaya y que actuaban de manera facciosa para proteger los beneficios personales del grupo de interés: “La dirigencia falsificó la democracia interna del PAN.” Gil Schwartz.

Por lo tanto, nadie pudo haberse dado por sorprendido con el desenlace fatal que sufrió el PAN en las elecciones presidenciales del 2018. El virus del poder y las ambiciones personales del grupo de intereses, enfermó el partido: dejó de ver, de oír y de sentir los problemas de los ciudadanos, se alejó de sus bases.  Los síntomas ya eran visibles, se había fracturado la tradicional institucionalidad del PAN: se violentó el contrato social interno, había captura de padrones, concentración cupular de poder, inhabilitación de los órganos de deliberación, patrimonialización de las candidaturas y intolerancia a  la pluralidad. 

Hasta antes de los ochenta, los integrantes de Acción Nacional eran militantes esforzados en mantener una cohesión interna, conservando su doctrina y su perfil. Con el crónico y progresivo deterioro del PRI y luego de algunos triunfos electorales del PAN, el blasón albiazul se convirtió en un suculento manjar. Así las cosas, se generó un nuevo flujo de adherentes con diferentes matices, unos doctrinarios, otros estratégicos, también oportunistas y algunos “meones de agua bendita”, como les llamaba Manuel Gómez Morín, al ala confesional. 

Aún con su doctrina humanista, solo en el papel, el PAN se perdió en un pragmatismo descarnado; ya no tiene una bandera que lo distinga de los demás partidos, perdieron la identidad, sus héroes están fatigados, por lo tanto carecen de narrativa, no tienen discurso para enfrentar a MORENA y menos aun propalando sus amores lascivos con sus adversarios históricos, el PRD y el PRI. y abundan los oportunistas que se metieron a hacer negocios. La tradición de debatir y votar en los órganos y procesos internos se sustituyó por los bloques hegemónicos que aplastan… 

Vienen los tiempos de reconfigurar el Partido con nuevos liderazgos a partir de un diagnóstico objetivo de sus fracasos, con humildad, que no de soberbia. Indudablemente, el nuevo presidente, deberá ser elegido mediante votación directa, tan amplia como sea posible y no como proponía Carlos Medina: “Yo iría, pero sin elecciones…” El mismísimo espejo de la soberbia. Lo anterior sería un error garrafal, no habrían aprendido nada de lo que los llevó a la derrota: la imposición, los conciliábulos, los intereses caciquiles y la falsificación de la democracia. 

El próximo dirigente y líder del partido debe de salir de las entrañas de las bases panistas, para que se sientan identificadas, útiles, activas y no por imposiciones y conciliábulos facciosos, que solo atienden el ego y ambiciones personales de caudillos soportados por grupúsculos de intereses.

alejandropohls@prodigy.net.mx

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