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El costo de la incompetencia

La gestión organizacional se entiende como la orientación de esfuerzos, realización de actividades y aplicación de herramientas para que una empresa logre organizar, sistematizar y uniformar sus procesos operativos en todos los niveles de recursos humanos, materiales y administrativos.

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Por: Juan Manuel Cisneros Carrasco

La gestión organizacional se entiende como la orientación de esfuerzos, realización de actividades y aplicación de herramientas para que una empresa logre organizar, sistematizar y uniformar sus procesos operativos en todos los niveles de recursos humanos, materiales y administrativos. A través de colaboraciones entre las empresas, sus proveedores y clientes, se contribuye al desarrollo de la organización.  

Este concepto no es ajeno a las instituciones sanitarias de prestación de servicios de salud, en las cuales, la gestión organizacional es decisiva para que se puedan lograr niveles máximos de excelencia y calidad, que se traduzcan en una mejor aceptación de los usuarios y se pueda alcanzar una mayor competitividad. 

Los gestores organizacionales por lo tanto, deben tener capacidades de dirección de equipos de trabajo, ser agentes de cambio e innovación, resolver problemas y administrar de manera adecuada la motivación y actitud de los miembros de la organización. El liderazgo, la capacidad de educar, fomentar la iniciativa, participación y autonomía de los integrantes de la empresa, así como la creatividad y trabajo en equipo, son cualidades y actividades de estos entes. En el sector salud, son indispensables para facultar a los colaboradores a encarar retos y lograr resultados con una estrategia definida. 

Sin embargo, existe en la actualidad un mal que hace mucho daño a las empresas, organizaciones y sociedad, del cual no dimensionamos su impacto y sin embargo, afecta a multitud de personas: la incompetencia gerencial. 

Esta calamidad es interpretada como la incapacidad de gestionar organizaciones públicas o privadas para lograr los resultados deseados. En ella, la gestión se interpreta de manera simplona como una mezcla de lógica y premonición, en la cual basta con tener recursos, contactos adecuados, buen trato de personas o simplemente contar con el beneplácito y aprobación de un mecenas generoso. Estos malos gestores, incompetentes lo menos, tienen enormes lagunas en conocimientos de políticas públicas, sistemas de información, planificación y administración estratégica. 

Además, manifiestan una incapacidad para satisfacer necesidades y proporcionar soluciones a los problemas de sus clientes o usuarios, no son capaces de anticipar necesidades futuras, no actúan cuando éstas se presentan y no transforman nunca las conciencias de los colaboradores para trabajar unidos hacia el fin definido y aceptado. 

Las organizaciones sin una estructura definida, carentes de sistemas y procesos funcionales, privadas de personal organizado y responsable, con actividades ejecutadas de manera ineficiente, inefectiva e irresponsable y en donde no se entienden las metas organizacionales y tampoco se movilizan recursos para lograr dichos objetivos, están condenadas a ser fuente de incompetencia, la cual, es también una forma de corrupción. 

Desafortunadamente, el precio de la incompetencia gerencial lo pagamos todos, ya sea por el aumento de los costos o un pésimo servicio y en el caso del sector salud, por la incapacidad de promover, mantener o restablecer el bienestar integral de personas y poblaciones. 

Los gerentes incompetentes de cualquier ramo, generan incompetencia gerencial y engendran corrupción. Es labor entonces prioritaria de todos los sectores (en especial en el sector salud) el orientar esfuerzos a generar, localizar, apoyar y promover a buenos gerentes, gestores y administradores. Es obligado el no institucionalizar la incompetencia. Retomemos el camino y actuemos ahora. 

Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor de especialidad y promotor de la donación altruista de sangre.

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