Opinión

El desastre que viene

En un ambiente mundial donde los equilibrios se han desgarrado por la epidemia de pánico y enfermedad, México es aún más vulnerable por la rapaz y sistemática depredación de la seguridad y patrimonio nacional, que hicieron los gobiernos anteriores

Avatar del

Por: José Luis Ramírez

En un ambiente mundial donde los equilibrios se han desgarrado por la epidemia de pánico y enfermedad, México es aún más vulnerable por la rapaz y sistemática depredación de la seguridad y patrimonio nacional, que hicieron los gobiernos anteriores. Si a ello le sumamos el desgaste de las estructuras políticas y jurídicas, que fueron penetradas para el servicio de las grandes corporaciones que vivían en la impunidad fiscal, y para el crimen organizado, tenemos un escenario devastador.

Durante decenas de años, los circuitos del poder en México, fueron diseñados para la opulencia depredadora de una clase política y económica, inmoral y retadora de la ley y la justicia social.

La responsabilidad del actual gobierno, no fue menor. Toda la estructura del Estado, había estado inmersa en procesos de corrupción que habían agotado la respuesta institucional inmediata y eficaz. La bola de lodo no tardó en venírsele encima al gobierno del señor López, si bien su estrategia de acumulación de fuerzas para ganar la elección fue triunfadora, no fue igual en el diseño y composición de su gobierno. Mientras su primer círculo fue creado con personajes de gran experiencia en los avatares políticos, incluso de la dinosáurica época priista y panista, hacia los niveles medios y bajos, ha sido un fracaso.

Su estrategia de concentrar el poder institucional en la cúspide de la pirámide, y desde ahí hacer llegar directamente los beneficios de su gobierno a la población, y del mismo modo trazar políticas y acuerdos con los gobiernos estatales y municipales, impidió advertir fenómenos de respuesta de los grandes círculos de poder, que iniciaron desde abajo hacia arriba, acciones de contragolpe, utilizando a los Partidos y grupos sociales que han sido estructurados para sus necesidades de chantaje político al gobierno en turno.

A cada acción hay una reacción, reza la química, pero parece ser que pasó inadvertido. Las decisiones de gran calado en contra de la herencia de corrupción e inseguridad, no fueron calibradas. Cada evento, como el caso Odebrecht, fue opacado con uno de menor magnitud, pero de igual volumen, como fue el caso del hermano incómodo. La revelación de eventos sucesivos de corrupción, eran opacados o desviados con actos tan volátiles y absurdos como las casas de campaña en el zócalo. Mientras se redimensionaba y rescataba el precario patrimonio nacional, los eventos personales como el vestido de su esposa, los tenis de su hijo, su reloj, la talla de su pantalón, eran usados como contrapropaganda para desgastar los avances en el rescate de las instituciones del Estado.

La lucha que se libraba en el SAT en contra de las grandes corporaciones para que pagaran los miles de millones de pesos que adeudaban al Estado, era socavada con campañas de desprestigio personal en los periódicos y en las redes sociales, un meme tenía mayor relevancia que el pago de deudas de Femsa. El asunto del avión fue un golpe tan bajo que nadie de su alto círculo lo midió, los memes prefabricados para consumo visceral, dieron en el blanco de una sociedad despolitizada y acostumbrada a consumir telenovelas, y chatarra periodística. El mínimo sentido común fue aprovechado por los diseñadores de contrapropaganda, para colgar cortinas de humo y ocultar a los zares de la corrupción que habían adquirido y solapado la compra del avión presidencial.

La eficaz tarea realizada desde la UIF Unidad de inteligencia financiera, que permitió debilitar las estructuras económicas del crimen organizado, y la investigación de los saqueos del patrimonio nacional de los políticos, fueron minimizados por la falta de una comunicación eficiente, y por la estrategia de odio de los desplazados del poder, con la que alimentan a los grupos sociales más reactivos y atrasados intelectualmente.

Las acciones del gobierno federal, lideradas por el señor López, han encontrado una respuesta de los sectores acostumbrados a financiar sus emporios con dinero de los contribuyentes. El caso de los fideicomisos, es tan aberrante como inimaginable. Y a pesar de la difusión y detalles de estos robos, se tejen de inmediato distractores de la opinión pública, y se cocinan historias de consumo rápido.

El Pan, desde luego ha utilizado todo su arsenal mediático y sus antiguas alianzas para detener la exhibición de los delincuentes de cuello blanco que usaron el Estado y el gobierno para privilegiar sus intereses más oscuros, como la detención de policías y militares de altos vuelos que hoy son juzgados en Estados Unidos

Lo que está ocurriendo en el país, no es un asunto de un personaje singular o exótico en sus costumbres, como lo quisieran hacer creer sus detractores, es un asunto de Estado. La corrupción destrozó las instituciones, generó privilegios, crimen, pobreza, desesperanza, miedo, y la perdida absoluta del patrimonio nacional. Por eso, lo que ocurre en el ámbito político es un referente muy importante para tratar de comprender qué está pasando en nuestro territorio.

El partido político que llevó al gobierno al señor López, no es un asunto ajeno al contexto que menciono, por el contrario, si entendemos que ese movimiento nacional es el soporte y la fuerza del actual presidente de la república para ejecutar una agenda social, resulta de interés que su actual fragmentación y choque, tenga como consecuencia el debilitamiento de un gobierno que no ha podido resolver eficazmente, en primer lugar, la estructura administrativa correcta para gobernar de abajo hacia arriba; y en segundo lugar, la estructura política, igualmente de abajo hacia arriba, para apoyar las iniciativas de reconstrucción nacional de las instituciones y del Estado mismo.

La derrota de Morena en los estados de Coahuila e Hidalgo, es el resultado de lo que hemos señalado desde hace meses: la desorganización, la falta de estructura, la falta de cohesión interna, la falta de institucionalidad, la falta de liderazgos, y una desbordada arrogancia, mezquindad, y ambiciones personales que han convertido a esta herramienta de transformación social, en un ente que oscurece las aspiraciones de cambio de la sociedad.

Morena, como todos los partidos políticos, son instituciones públicas, que se constituyen y existen gracias al dinero de los contribuyentes. Son del pueblo, y de cierto, al recibir dinero público, tienen una obligación y un propósito definido: servir al pueblo. También lo hemos señalado, los Partidos políticos arrastran una gran desconfianza ciudadana, porque se han convertido en “negocios privados” que prosperan en cada periodo electoral, y, por otro lado, son una fuente de ingresos de una burocracia muy costosa para las finanzas de la nación.

Nuestro país, como muchos más del mundo, enfrenta un reto muy grande, la pandemia no se ha agotado, y todo parece indicar que se agudizará poniendo en la balanza de manera muy cruda, el trabajo o la supervivencia. Este dilema, sumado a la debilidad de las instituciones y a la precariedad del ingreso familiar, generará una gran incertidumbre. Si los pilares políticos del gobierno del señor López, siguen en esa ruta del enfrentamiento interno, su gobierno no tendrá la fuerza ni la solidez para emprender a fondo los cambios que nuestra patria necesita.

Revolcadero.

Y no llegó la oferta generosa para el capital político de Javier Mendoza, dice que esperará hasta que pase la celebración de muertos. A ver si alguien se anima y la da para su calaverita, o de plano, PAN de muerto.

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?