El milagro de compartir el pan

El evangelio de hoy parece espectacular: Jesús le pregunta a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” La respuesta de Felipe: “Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”.

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Por: Pbro. Carlos Sandoval Rangel

XVII domingo del tiempo ordinario

El evangelio de hoy parece espectacular: Jesús le pregunta a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” La respuesta de Felipe: “Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Pero Jesús hizo el milagro y dieron de comer a más de cinco mil y todavía sobraron doce canastos.

En el mundo, anoche más de 800 millones de personas se durmieron con hambre y despertaron con el mismo problema, pero más agudo. De ellos, 300 millones son niños. La pobreza extrema, en México, en los últimos años, más allá de la pandemia, ha aumentado de manera considerable.

Ahora, ante esta situación tan alarmante, para muchos surge la pregunta: ¿si Dios existe y si es bueno, entonces por qué en el mundo existe tanta miseria? Jesús que multiplicó los panes, ¿no debería de multiplicarlos todos los días y darle de comer a todos los que no tienen?

Creemos en el Evangelio, creemos en el poder de Dios, pero la fe tiene unos procesos y, esta vez, son muy claros. El milagro sucedió, primero, porque Jesús y los suyos se detuvieron con los pobres. No pasaron de largo. “En la sociedad globalizada existe un estilo elegante de mirar para otro lado, para no atender al que está herido (al que tiene hambre)”. Se puede pasar de largo, bajo el ropaje de lo político, legal o ideológicamente correcto (F.T.). Hoy se puede mirar al que sufre sin tocarlo. Igual, es común, que para ayudar se necesita cumplir con un sinfín de protocolos o, muchas veces, basta televisar el hecho y armar un discurso. Pero Jesús enseña algo diferente: estuvo con ellos, los tocó.

Un segundo paso que sucedió en el evangelio: Andrés le dice a Jesús: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados”. Y ese muchacho los puso en las manos de Jesús. Se desprendió de ellos. Mientras el individualismo miserable nos hace asegurar lo que tenemos, el joven del evangelio los dispuso para todos. ¿Jesús puede hacer todos los días el milagro de saciar el hambre del mundo? Claro que sí, pero no guardemos lo que tenemos. Hoy, como nunca, hay modo de producir más alimento. Pero mientras unos, aprovechando la fertilidad de la tierra, con mucho esfuerzo producen el alimento, otros se esfuerzan en manipular todo. El milagro más grande no es que Jesús multiplique el alimento, sino que nosotros pongamos a su disposición lo que tenemos.

El problema del hambre no está en Dios, sino en que el egoísmo humano no permite a muchos voltear a ver al hermano. Dice el Papa Francisco: “no se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil” (EG 52). Como señalaba san Juan Pablo II, a pesar de la pobreza extrema en el mundo, “se ven a menudo manifestaciones de egoísmo y ostentación desconcertantes y escandalosas” (Sollicitudo Rei Socialis, 14).

La solución a la miseria humana no son los programas asistencialistas, estos valen para casos concretos, extremos, en bien del que verdaderamente no puede. La solución debe ser algo más profundo, que transforme el interior del ser humano, como lo propone Dios. De lo contrario, no surgirán las verdaderas estructuras sociales que generen un desarrollo integral.

¡Cómo se le facilita a Dios ayudarnos en las diversas situaciones de la vida, cuando también nosotros estamos dispuestos a colaborar con lo poquito que somos y tenemos! Tanto el joven del Evangelio, como el profeta Eliseo podrían egoístamente asegurarse a sí mismos y olvidarse de los demás, pero no fue así. Aquí radica uno de los puntos más difíciles de vencer en el mundo.

Señor, tú eres nuestro alimento, pero ayúdanos a entender que desde lo poco, podemos colaborar para que la vida le sea mejor a muchos otros.

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