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El perdón reclamado

Sí, España trajo a estas tierras la espada y la cruz. La primera fue terrible y la segunda redentora. Hoy somos una nación que a su interior, luego de otras luchas intestinas, ambiciones y grandes penalidades, marcha a un destino que debemos construir.
 

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

El perdón reclamado

El perdón reclamado

En nuestros días algunas gentes encumbradas, como AMLO, nuestro Presidente, han dado, seguramente porque le habló al oído consejero o consejera sobrados de ilustración, en traer a planos de reclamo, el que España y el Vaticano le pidan perdón a México. Se argumenta  que por las atrocidades que cometieron hace quinientos años los conquistadores
No resulta sencillo entender el reclamo y menos enderezar este entuerto; que lo hubo, no cabe duda, empero el analista puntual, minucioso, para tener un buen juicio, debe ubicarse en el contexto real y cierto de cada época .De no ser España, ¿por quién hubiesen deseado ser conquistados? Tal vez por vikingos o piratas ingleses.
En los ayeres de la humanidad casi siempre el fuerte, poderoso y audaz gana, con algunas raras excepciones como la de Vietman en donde los norteamericanos perdieron la confrontación por la estrategia de Ho Chi Min, que lanzó a la muerte una masa humana incontenible al grado de obligar a Nixon a emprender la retirada. Singapur y Hong Kong, resultan casos igualmente de excepción, con un estatus convencional que China no se  atreve a violar. Acosa, sí; pero no invade ni domina como lo hace Rusia con sus posiciones o colonias.
Ubiquémonos en el tiempo y la distancia para entender que al territorio que ahora se conoce como España llegaron hace siglos diversas migraciones, algunas belicosas, como los celtas, otras de griegos, fenicios, cartagineses y demás. Allí pusieron su planta la monarquía visigoda, la musulmana y los reinos de León, Castilla, Navarra y otros tantos en los que ambición, traiciones y sangre corrieron por siglos.
Sí, España trajo a estas tierras la espada y la cruz. La primera fue terrible y la segunda redentora. Hoy somos una nación que a su interior, luego de otras luchas intestinas, ambiciones y grandes penalidades, marcha a un destino que debemos construir.
Pero si se trata de pedir perdón por lo que mal se obra, hoy debiéramos  pedírselo a los niños con cáncer, por abandonarlos a su suerte al no tener la asistencia humanitaria que merecen.
Igualmente a los fallecidos por Covid 19 -y sus familias- ya que por una torpe planeación sanitaria, en amplia parte del suelo nacional, no se cubrieron ni se cubren  los requerimientos sanitarios a tiempo.
AMLO, ha mostrado que practica un sincretismo religioso que va desde una estampa que lo cuida hasta una limpia de chamanes. Es su libre albedrío, respetable; pero eso debiera llevarlo a pedir perdón, ahora, al realizar agravios de esa cultura cuando ordena guillotinar fideicomisos que frenan el progreso y la sapiencia. Perdón a los seres manipulados para afianzar un poder autoritario que opaca y hasta oscurece la conciencia.
Perdón, sí, a cuántos millones de mexicanos que  han perdido su normal ingreso, por que su trabajo se esfumó y el gobierno federal no ha sabido o querido ver y aplicar un programa emergente y de sensible recuperación.
El perdón que se reclama a España y al Vaticano debiéramos pedirlo a los indígenas de regiones marginadas, que todavía trabajan como tamemes, pues  no tienen ni el burro que trajo la Conquista,  y a cuantos hermanos de síntesis racial, que forman el lumpen de las grandes ciudades. Los  presumimos hasta folkloricamente pero no les llega la luz redentora, por la cultura y la fe.
Hoy, más que en otras épocas, se tolera el vandalismo sobre todo de anarquistas, para presumir que en el México de la 4T, no hay ni una  pizca de represión. Y en ese destruir ya van contra Cristóbal Colón, cuya estatua en la Ciudad de México fue afectada de tal manera que hubo de ser retirada, so pretexto de repararla.
En el fondo de esos atentados hay desdén al genovés que surcó los mares por primera vez para llegar a estas tierras, pero igual se advierte odio hacia los frailes que acompañan al intrépido marino, en ese basamento escultural.
No es eso confrontación o sea abrir espacios o dar muestra de que se quiere discutir para esclarecer algo, no, lo que se pretende está muy claro: mostrar rechazo al ayer que nos conquistó y a la fe que nos heredó.
Perdón, mis lectores y lectoras, por distraerlos con esta reflexión que si nos ayuda a valorar la historia veremos que más nos agravia el vecino del Norte, que nos robó la mitad, más, del territorio y hoy presume tener a nuestro Presidente cuidando su frontera.   

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