Engordar el caldo

La declaración del Gobernador, en relación a la compra del Estadio León, desató la furius populi del “Respetable,” porque éste considera que comprarlo sería como adquirir algo chueco.

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Por: Alejandro Pohls Hernández

La declaración del Gobernador, en relación a la compra del Estadio León, desató la furius populi del “Respetable,” porque éste considera que comprarlo sería como adquirir algo chueco. Alguien estimó el valor comercial del inmueble en 735 millones de pesos; seguramente, consideraron un uso distinto al actual; porque, como campo deportivo, el mercado nunca lo absorbería en ese precio estratosférico. Y, el uso, solo lo puede cambiar el Municipio.

Pero, entonces, ¿por qué se convirtió en la manzana de la discordia? Hasta donde la historia nos lleva de la mano, con fecha 10 de junio del año 1965, el licenciado Juan José Torres Landa, en su calidad de Gobernador, vendió al Club Social y Deportivo León A.C., por una cantidad de 50,000 pesos, un terreno con una superficie de 9 hectáreas. 

Se construyo el Estadio, y al tiempo andando, el supuesto representante del Club Social y Deportivo León, A.C., Roberto Zermeño, pacto con el Municipio trasladar la propiedad raíz del Club, el Estadio, a un fideicomiso en el que también participaba la Presidencia Municipal, a cambio de que el Municipio le otorgara al Club un cambio de uso de suelo, de deportivo a comercial, de un terreno colindante, para venderlo y pagar deudas del Club. 

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Pero, una mala decisión, inentendible, del H. Cabildo en la época del alcalde Vicente Guerrero, de extinguir el fideicomiso propietario del Estadio, trajo como consecuencia un litigio entre el Club León y el Municipio: Ambos peleaban el derecho a la propiedad, porque no se previó a la letra de la constitución del fideicomiso el destino del Estadio, en caso de extinción.   

El pleito, que duró casi nueve años, llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ésta, finalmente, convalidó las sentencias de otras instancias en el sentido de que el Municipio de León debería devolver el Estadio al Club León. 

La Afición y los que tienen el usufructo de palcos y plateas, al conocer el resultado del juicio, se preocuparon y sintieron que se les iba la vida, porque se les va el Estadio. Pero, éste no se va a ningún lado. ¿De quién es el Estadio León? Los tribunales sentenciaron que el Estadio debería de regresar a su propietario original: El Club Social y Deportivo León A.C.

Pero, entonces, ¿por qué el gobernador Miguel Márquez se precipita, saca la chequera de los guanajuatenses y compra un terreno de 12.3 hectáreas en 280 millones de pesos, supuestamente para que el Pachuca construya un nuevo estadio? Esta generosa decisión no arregla nada, solo acaba con los beneficios de los derechohabientes, a causa de que el inmueble original solo serviría para el Rosario viviente cada año, ya no habría fútbol en el Estadio León.” 

Todo es muy confuso. Por otro lado, el gobernador Diego Sinhue Rodríguez dice que el Gobierno compraría, o expropiaría, el Estadio…: Entonces, ¿Cuál sería el destino del Estadio León? ¿Tumbarlo y anexárselo al conglomerado de la Feria?  Esa decisión no traería ningún beneficio para el fútbol, ni para los palcohabientes y plateas que tienen derechos adquiridos por 99 años. ¿Cuál es la prisa? Pregunta el Respetable… Existen acuerdos entre el Club León y el equipo de fútbol para seguir jugando ahí, el espectáculo no parará, las condiciones serían las mismas de antes del litigio. El uso de suelo del Estadio es potestad del Municipio, a menos que sea con el consentimiento de las autoridades para cambio de uso de suelo y lo tumben para otros propósitos. 

Entonces, por decisión judicial, el Estadio regresó a su origen: El Club Social y Deportivo León, A. C. Esto significa que la parte fina de este entuerto ya no es de quién es el inmueble, eso está claro, sino, ¿de quién es el Club León?   Los socios registrados desde antes de 1963, dicen ser los únicos y auténticos integrantes del Club, porque no existe ninguna acta de asamblea donde Zermeño haya sido aceptado por la Asamblea como asociado. Así, desconocen la personalidad de éste y por consecuencia todos los actos jurídicos realizados por él. 

Entonces, Roberto Zermeño es un representante espurio. Esto ya se litiga en tribunales. Si el Gobernador quiere apoyar al “Respetable,” negociar con Zermeño no es el camino, porque sería legalizar lo chueco y legitimar lo adulterado. Engordarle el caldo podría traer graves consecuencias jurídicas, porque la personalidad jurídica con la que se ostenta está subjudice (en juicio). Los auténticos socios son los verdaderos dueños del Club; ellos y los usuarios de membresías debería definir el futuro del Estadio, no un impostor.  

alejandropohls@prodigy.net.mx

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