Esperando a Lupita

Este viernes 9 de abril, conmemoramos el “Día Nacional de la Adopción de NNA Niñas, Niños y Adolescentes”, aprobado por el Senado.

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Por: José Luis Palacios Blanco

Este viernes 9 de abril, conmemoramos el “Día Nacional de la Adopción de NNA Niñas, Niños y Adolescentes”, aprobado por el Senado, con el fin de sensibilizarnos y concientizar a la sociedad respecto a la promoción, protección y garantía de los derechos de los pequeños en esta realidad que tanto nos debería doler e incluso avergonzar como sociedad y que documento en un libro que se titula: “Esperando a Lupita”, pues los libros –por lo menos así lo veo-, son una necesidad de compartir lo que se vive intensamente en el interior y esto, en muchas ocasiones, es el latido de la existencia por la que nos tocó vivir. Redacto un libro que resume 45 años de mi vida cerca de los más pequeños, de lo que ahora llama la ley como NNA y cómo es ese mundo lleno de colores e ilusiones que es la infancia, se dan trozos de historias de desamor.  

Pongo a disposición de lector historias vividas desde la pastoral infantil en colonias populares, hasta la búsqueda fallida de la adopción buscando a Lupita. Sí, ella es un nombre genérico que revela el rostro de los NNA que son la parte más vulnerable de nuestra cadena de desamores. Lupita es una pequeña mexicana que tiene a cuestas todo el drama de un sistema legal rígido y una cultura de poca solidaridad con el eslabón más vulnerable que son los pequeños. Recorro el encanto de armar “misas para niños” que aprendí a hacer junto con mis hermanos jesuitas Gerardo Cortes y Paco Magaña, jesuitas comprometidos, para vivenciar la historia de la salvación con cantos y obras de teatro. La magia y fuerza de los salesianos en sus proyectos para contribuir a rectificar los rumbos perdidos con la pedagogía del “sistema preventivo” en Proyecto Niños Don Bosco y cómo en suburbios de las grandes ciudades lloré con impotencia la entrada de muchos NNA al mundo de los vicios y los errores.

Releo en mi texto la potencia de la vida de personajes como Gaudi Rodriguez en su propuesta de “cero golpes”; el compromiso de leoneses como Rafi con quien desde jóvenes soñábamos con ese mundo más fraterno; de las asociaciones civiles que en esta ciudad se forman para levantar esas edificaciones solidarias para dar esperanza a los NNA que hoy, con la pandemia, son más vulnerables. Describo la lucha en 16 años en la Fundación Pro Niño Leonés AC en las Joyas y cómo se construye desde cero una secundaria popular.

Lupita es un “tigre de papel”, -como lo describe un texto que es poema sobre el amor que tiene quien adopta a un pequeño con todas las cicatrices del horror de la violencia que tienen en sus hogares biológicos-. Ella es una guerrera que se aferra a la vida y narro cómo recorre caminos en la búsqueda de la parentalidad para que alguien la adopte o le albergue o le tienda la mano-, pues todos, absolutamente todos los pequeños, tienen esa enorme capacidad de sanar sus heridas. 

En el libro recorro algunas historias de vida de cómo ellos sobreviven desde antes de nacer y por tener una oportunidad de respirar y en medio de entornos agresivos y plagados de mal. Los trayectos de meses y años en que los procesos legales y de trámites, son reflejo de la falta de pasión y coraje de los funcionarios públicos para que los NNA sean pronto albergados en familias de acogida o de adopción. Describo historias de cómo por décadas, familias leonesas hemos albergado temporalmente a NNA de las casas hogar, hasta antes de que la ley lo impidiera, complicándoles más la vida.   

Lupita es una pequeña que desea ser adoptada y además del horror de su historia, vive hoy la “violencia institucional” donde, ministerios públicos, procuradurías, jueces, DIFs, familias, sociedad, pasamos por alto su historia y su drama, para dejarla relegada hasta que llegue ella a la mayoría de edad, después de pasar años en casas hogar sin poder ser ya adoptada.

Recopilo cantidad de historias de vida, ya de familias, ya de NNA, que, en el drama diario de esta sociedad capitalista, son al final rostros llenos de cicatrices de existencia que les postran a quedar sin ejercer su derecho básico, universal, a tener un hogar que les replete de amor. Por eso, esperar a Lupita es el entorno del afán por llenarle de abrazos y así, unirnos al movimiento internacional para que los NNA ejerzan el derecho a ser acogidos y que hoy, les negamos.

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