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Esto es un carnaval

La crónica diaria Presidencial, desacredita cualquier opinión diferente calificándola en automático con fines aviesos y oscuros, la versión de la realidad abundando, debe ser la oficial, adoptada y sacralizada. 
 

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Por: Humberto Andrade Quezada

Esto es un carnaval

Esto es un carnaval

Con preocupación vemos que la estrategia de comunicación del gobierno federal, no solo ha logrado acaparar el micrófono, fijar la agenda de cada día, hacer que únicamente se hable de lo que dice el Presidente en las mañaneras, ser la palestra desde la cual fija el devenir del país, se reprenda, se dicten órdenes, se amenace a los Poderes o ridiculice a los opositores, sino que además, se trate de convertir en la versión última y definitoria de la realidad que debe ser adoptada por el país.
La crónica diaria Presidencial, desacredita cualquier opinión diferente calificándola en automático con fines aviesos y oscuros, la versión de la realidad abundando, debe ser la oficial, adoptada y sacralizada. 
Seguramente esto distrae la atención de las necesidades diarias del país, dedicándole demasiado tiempo a la cultura del espectáculo, de la representación melodramática que desestima cifras, minimiza pandemias y crisis económicas y termina convirtiéndose en una cadena interminable de despropósitos y desfiguros
No recuerdo algo tan desaseado y accidentado como lo que estamos viviendo, imposible establecer una secuencia razonable, referirlo a una estrategia distractora, o un aliento de rencores, es algo más, un comportamiento caótico y obsesivo.
La fijación por el pasado, las cuentas por cobrar lejos de aligerarse pesan cada vez más en el saco a punto de estallar, los agravios ya no solo provienen de los conservadores y neoliberales, se remontan a siglos tan lejanos ya que no alcanzan para consulta popular, ni para facultades de la Corte por más vericuetos que tomara para plasmarlo en interrogantes.
Igual desfilan los ex presidentes, que Cristóbal Colón, evangelizadores e iglesias, lujosos aviones, rifas de la lotería, partidos políticos y cúpulas empresariales en un carnaval de sinrazones, en una feria de injurias sin prescripción.
Que haya justicia sí, que se aplique la ley también, pero con la sensatez que permite reconocer el mestizaje con todos sus componentes, la historia con todos sus matices y la cultura como suma de conocimientos, costumbres, tradiciones y características que nos hacen ser lo que somos en un momento dado.
Como decía mi abuela: el que mucho habla, mucho yerra y en ese torbellino diario, me siento abrumado y decepcionado de lo poco que estamos construyendo, así que en congruencia con la cita, mejor termino y cierro lo dicho.
 

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