Eterna pobreza

En un cuartucho, armado de despojos de madera, vive un hombre setentón.

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Por: Alejandro Pohls Hernández

En un cuartucho, armado de despojos de madera, vive un hombre setentón. Dice ganar de 60 a 300 pesos semanales; como muchos, vende los desperdicios que le obsequia una sociedad de consumo… Cuando llueve, es lo mismo estar fuera que dentro, debido a las goteras; las calles son de lodo, no tiene agua ni drenaje. Ya perdió la ilusión, antes le gustaba bailar… Su realidad es la misma que la de 2.6 millones de personas en Guanajuato, que representan el 42.7% de la población en el 2020. “Guanajuato, tierra de oportunidades,” decía Vicente Fox.

El Gobernador, Diego, tomó con seriedad estos datos proporcionados por el CONEVAL y acepta ese rezago social. Dice que se revisarán las políticas sociales para ser más efectivos en el combate a la pobreza, y adelanta que aumentará la entrega de los Vales Grandeza que el Gobierno de Guanajuato viene repartiendo desde hace años. También, consideró que la estrategia “Impulso Social” ha sido eficaz, pero hay que “ajustar lo que no funcione.” 

Pero, algo pasa, porque según datos del CONEVAL los estados circunvecinos, tales como Aguascalientes, Querétaro, San Luis Potosí y Jalisco, tienen menor porcentaje de pobreza que Guanajuato y en muchos otros estados han logrado abatir los índices de las diferentes pobrezas, con mayor éxito que en nuestra entidad. Hay muchas promesas, pero lacerantes realidades. Gobiernos van, gobiernos vienen, todos venden la utopía de un mundo mejor; pero, la realidad refuta cualquier expectativa de bienestar y justicia social.

¿Pero, entonces, cuál es el origen de la desigualdad y la pobreza? No existe una sola respuesta. De acuerdo a las diferentes teorías económicas, creencias religiosas y supuestos ontológicos, serán las respuestas etéreas que se obtengan. En el catolicismo se dice: “Serán los pobres los que disfruten del Ágape de Dios.” Marx, por su parte, señala los modos de producción como el origen de las clases sociales y la pobreza. Pero, ¿por qué existe tanta desigualdad en el mundo? ¿Quiénes les han fallado a los pobres? ¿Acaso los empresarios, los políticos, la religión, la ciencia, los modelos económicos, o la naturaleza del ser humano?

En alguna ocasión le lancé a un cura, amigo mío, las preguntas formuladas en el párrafo anterior, para conocer una respuesta desde la perspectiva religiosa. Sin embargo, su contestación me dejó mudo, dijo: “El hecho de que haya pobres y ricos a lo largo de la humanidad, es parte de un Plan divino, que nadie debe cuestionar.” ¡Oh! Pero, ¿cuál será ese injusto plan que desconocemos…? Por lo pronto, se puede afirmar que la Creación fue muy asimétrica, a tal punto que hay clases sociales y, antes de la humanidad, ya había diferentes categorías de ángeles, con distintas facultades, rango y belleza, unos gloriosos y otros caídos. Los humanos fueron creados con disparidad de capacidades y aptitudes, generando así diferentes oportunidades. 

Existe una tonante sentencia bíblica: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico se salve.” Desde luego que esto parecería un pronunciamiento marxista, estalinista, y nada estimulante para que los creyentes prosperen económicamente.  Porque, entonces, se debería considerar la pobreza como una norma de vida; así, el leitmotiv de la existencia sería encarar pasivamente el sufrimiento, lo cual correspondería a una visión masoquista y perversa de la vida, opuesta a la felicidad. Curiosamente, a los creyentes cristianos norteamericanos, calvinistas, se les inculcó otra visión del éxito: “Si sus negocios prosperan es que Dios los quiere y se salvarán.” Es una de las razones de su progreso.

En su libro, El dogma de Cristo, Erich Fromm narra que, existían masas de miserables que se arremolinaban en torno a Jesús de Nazaret, porque creían que pronto caerían los poderosos, se les haría justicia a los pobres y serían felices. Sin embargo, la clase sacerdotal les hizo pensar que sus miserias se debían, no al sistema, sino a sus pecados; aunque, les vendieron la utopía de que, “serían recompensados en la otra vida.” Pareciera, como si la pobreza fuese inherente a la eternidad, como los pecados de los hombres, nunca se acaban…  

Al programa Impulso, del ex gobernador Miguel Márquez, que el gobernador Diego lo conservó en activo, se le han asignado miles de millones de pesos, sin resultados palpables. Jonathan Heath, de Banxico, dice que: “El Gobierno debe gastar bien, para disminuir la pobreza.” El ex gobernador, Oliva, gastó más de seis mil millones de pesos en terrenos para un tren fantasma, la inútil construcción del Bicentenario, terrenos para una refinería que nunca existió y cualquier clase de dispendios y abusos... Las malas inversiones no generan bienestar. 

También, el ambiente de violencia incontrolable que padecen los guanajuatenses, que ya tiene más de diez años, afecta directamente el crecimiento y la redistribución de la riqueza”. Para avanzar, es urgente mejorar la educación, la salud, el medio ambiente y fortalecer el Estado de Derecho y acabe con la impunidad, que tanto daño hace. Miguel Márquez declaró al diario AM que, “la inseguridad es por el tema de la impunidad, porque así como detienen delincuentes, salen libres…” ¿Ahora, culpa al Poder Judicial, al Legislativo, o al Ejecutivo? En su gobierno, se desbordó la delincuencia, los crímenes, los desaparecidos y la impunidad; mejor sería que guardara silencio, y ya deje al Gobernador resolver y actuar… 

“La pobreza no la crea la gente pobre. Ésta es producto del sistema que hemos creado y el gobierno que hemos elegido:” Muhammad Yunus.

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