Opinión

Gabino Reyes: notable fotógrafo deportivo

Con vivencias tan sencillas, años después, nos percatamos que así precisamente se va hilando la felicidad.

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Por: Mtro. Paulino Lorea Hernández

Serían aproximadamente las 8:00 am, cuando tocaron a la puerta de la casa en la calle Valverde y Tellez, casi a la salida de la carretera a Lagos de Moreno. Desperté y escuché a mi padre que fue a atender el llamado y a avisar a mi hermano Humberto quien ya se encontraba bañando, que había llegado por él, Gabino Reyes, el fotógrafo.

Era el año de 1972, no recuerdo la fecha, pero un día domingo, ya que el sábado anterior había arribado a León para visitar precisamente a mi familia como lo hacía periódicamente desde mi partida a la Ciudad de México donde radicaba estudiando y trabajando. 

Cuando salió mi hermano del baño fue hacia mi cama y me dijo: “ándale, échate un regaderazo para que nos acompañes a San Luis Potosí a ver jugar al León, allí está mi amigo Gabino en su coche, te esperamos”. Y pues me latió la idea, acepté ir con ellos y nunca imaginé el placentero e inolvidable día que pasaría.

No sabía que Gabino Reyes tenía y manejaba un auto Datsun de aquellos clásicos, cuadraditos, lo conservaba impecable, muy bien cuidado y equipado con su aire acondicionado y muy actualizado para su época con un reciente y novedoso equipo de sonido con toca cassetes; sus bocinas delanteras y traseras. En cuanto subimos, mi hermano Humberto me presentó y Gabino respondió: “tanto gusto licenciado, ya me han platicado mucho de usted y de su trabajo en México”; de inmediato le aclaré que aún no era licenciado, que me faltaban dos años para llegar a serlo; pero insistió que para él ya lo era. Entonces le pedí me tuteara porque era mayor que yo y amigo de mi hermano. Ya conocía por medio de Humberto que Gabino Reyes era un gran fotógrafo deportivo que trabajaba para varios medios de comunicación en aquellos años.

Andaba bien preparado con refrescos y botanas para el camino, así como algunos sándwiches de jamón con queso que traía para desayunar. Pero lo mejor, según él mismo, lo conformaba su colección de música. Ya rumbo a la carretera a Lagos de Moreno, dijo: “empezamos con los Hermanos Arriagada, licenciado, luego con 'El Pirulí' y si alcanzamos antes de llegar a San Luis Potosí, todavía traigo a Julio Iglesias y a Marco Antonio Muñiz”.

Así que con las canciones “Somos”, “Poema”, “Qué cosas te hice yo”, “Sigamos pecando” y otras, seguimos nuestro viaje, comiendo, bebiendo y escuchando boleros de aquél famoso grupo vocal chileno de moda. Gabino tenía carácter fuerte, pero muy noble, sensible y bonachón; hablaba poco, parco de palabras, pero sincero, directo y contundente.

Llegamos directo al Estadio Plan de San Luis, ya como a las 11 horas pasaditas. En el camino mi hermano Humberto platicaba del partido y de la confrontación de dos jugadorazos en ambos equipos: Pedro Araya, un crack, ex mundialista de 1966, apodado “El Garrincha Chileno”, precisamente por su capacidad para driblar a los contrarios y tirar a gol, por el San Luis; en tanto que por el León, estaba Luis “El Chino” Estrada más joven y campeón goleador del futbol mexicano, bueno con el balón, con ambas piernas, quien había retornado al estrellato después de una lesión artera que le había inferido un jugador del Necaxa de apellido Majewsky; pero tres años después le habría metido cuatro goles a ese equipo precisamente para lograr el campeonato de goleo.

Gabino no ocultaba su preferencia y admiración por Luis “Chino” Estrada, lo idolatraba y expresó que seguramente anotaría en ese partido de la jornada 20 de aquella temporada. Se notaba entusiasmado y con mucha generosidad de su parte me dijo que me tomaría fotos en la cancha con los dos jugadorazos. Y le dijo a mi hermano: “o tú se las tomas Solín”, así le apodaba. Se complementaban bien, porque a diferencia de Gabino, Humberto era muy platicador.

Ingresamos al Estadio por la puerta de “Prensa”, directos a la cancha y Gabino muy reconocido por jugadores, directivos y colegas de los medios de comunicación saludaba a todos, pero siempre atento ya a su trabajo observaba la cancha, las porterías, las bancas, la línea de medio campo y con sus cámaras colgadas, le dijo a mi hermano dándole una cámara, se encargara  de cubrir el ataque del San Luis y él se encargaría del ataque del León, para seguir al “Chino” Estrada.

Al saludar a los directivos del San Luis Potosí y a su entrenador, Hugo Cheix, éste le dijo a Gabino: “Quién anota Gabino, Araya o el “Chino” Estrada?” y Gabino le contestó: “Claro que “El Chino””; y Hugo le replicó: “van mil pesos?” Y Gabino asintió con la cabeza.
Gabino con sus grandes cualidades de mejor fotógrafo deportivo de esa época, atestiguado no solo por los futbolistas sino por otros deportistas como Arturo “El Pitos” Guerrero, Alfredo Jacobo, Carlos Alvarado “Bobby Lee”, y famosos ciclistas, boxeadores, beisbolistas y otros; así como algunos empresarios promotores del deporte como el inolvidable Manolo Álvarez, Ángel López, Arnulfo y Rodolfo Padilla, Don Pedro Medina y Arturo Villegas Torres, quienes lo reconocían, saludaban y dialogaban con él; realizaba su trabajo con visión, creatividad, imaginación, técnica, paciencia y oportunidad.

Al finalizar el partido, el resultado fue favorable al León 1-0 y qué creen los amables lectores? Lo adivinaron: anotó Luis “El Chino” Estrada, en una descolgada por el lado derecho y con un defensa encima cerrándole el ángulo de tiro antes de la línea de corner, soltó un disparo venciendo al famoso portero argentino Ciro Barbosa. La lente y el rigor fino de Gabino captó el momento. Estaba feliz, le gritó a mi hermano: “Solín Solín, la tengo, la tomé”. Cobró su apuesta, me tomó las fotos prometidas con Pedro Araya y Luis “Chino” Estrada que aún conservo, y nos regresamos a León de inmediato. Venía feliz; quería y admiraba mucho al “Chino” Estrada quien sería su yerno al unirse en matrimonio con una de sus hijas, creo de nombre Hilda, una muchacha joven, esbelta muy bella.

Hicimos un alto en Ojuelos, Jalisco para comer carnitas y dispararnos unas cervezas; mientras comíamos, en el Datsun, tocaba el turno a Julio Iglesias: “Tiré tu pañuelo al rio para mirarlo cómo se hundía…”.

Con vivencias tan sencillas, años después, nos percatamos que así precisamente se va hilando la felicidad.

DA
 

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