Opinión

Gobernanza, el primer paso

Ya no estaba tan chamaco cuando escuché por primera vez el termino de: “Gobernanza”, entendida como el trabajo conjunto de un pueblo con su gobierno.

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Por: Santiago Heyser Beltrán

Ya no estaba tan chamaco cuando escuché por primera vez el termino de: “Gobernanza”, entendida como el trabajo conjunto de un pueblo con su gobierno.

S- Mi Rufo: Gobernabilidad, que es el término que conocía, hacía referencia al control territorial de un gobierno, es decir: ¡El gobierno gobernaba!, mandaba, controlaba, dirigía, en otras palabras, las instituciones operaban, en cada territorio, con un nivel aceptable de eficacia dentro del marco legal establecido… El término gobernanza es más moderno, democrático, funcional y eficaz e implica la participación de la ciudadanía en las acciones y en la toma de decisiones, de la mano con sus gobiernos.

R- Guau ¡Tienes razón, mi Santias!: Hoy, el modelo socioeconómico neoliberal ha traído injusticia e inmoralidad a la convivencia ciudadana, facilitando el abuso y la acumulación de riquezas en pocas manos, al tiempo que, en una carrera loca por fabricar y vender, nos estamos acabando el planeta; y es que, por lógica, debemos entender que un modelo de consumo al infinito en un planeta redondo es disfuncional e inviable. Con ello en mente, es fácil comprender que: si hacemos lo mismo, pues va a resultar lo mismo, lo que nos obliga, no por buenas gentes, ni por abusados, ni por tener conciencia, sino por la simple necesidad de sobrevivir, a cambiar nuestros paradigmas económicos, de producción y de cuidado y mantenimiento de la tierra, protegiendo consecuentemente el medio ambiente y los recursos naturales.

S- Antes de seguir, perro, te comparto una reflexión: Yo entiendo la vida, como un continuo, en donde todo lo que tenemos, avances tecnológicos, ciencia, comodidades de la vida moderna, etc., se lo debemos a las generaciones que no precedieron (a nuestros ancestros) ¡Sí!, se lo debemos a nuestros antepasados, pero se lo tenemos que pagar a la generaciones futuras, a los que están por nacer, a los que van a venir ¿Y cómo?, pues dejándoles un planeta habitable, sano, con un funcionamiento sustentable y sostenible; en otras palabras, lo que recibimos de generaciones pasadas, debemos pagárselo a las generaciones futuras ¡Cuidando el planeta y sus recursos!

R- Así es, mi Santias. Por eso el sentido común nos lleva a la necesidad de un cambio cualitativo en nuestra manera de actuar, de organizarnos, de vivir y convivir, de producir, de reproducirnos y de relacionarnos económicamente; no es moral ni viable que unos pocos se beneficien de forma inconmensurable y muchos estén en la pobreza, como no es posible seguir produciendo a lo idiota, para mantener una planta productiva que nutre a una sociedad de consumo sin límites, depredando el planeta… En este contexto, estamos obligados a construir nuevos paradigmas de convivencia sustentados en un modelo económico viable, justo, moral y sostenible; y corresponde a los líderes y gobernantes impulsar el cambio necesario; para lo que respetuosamente sugiero: Empezar como con la revolución mexicana: ¡Por el campo!

S- El problema, mi Rufo, es cómo hacerlo; imagino que deben existir muchas propuestas.

R- Auuu, la que a mí se me ocurre, mi Santias, tiene que ver con la simplicidad, es decir, como lograr grandes cambios con acciones sencillas. Con esta idea como base, lo primero sería cambiar lo métodos y sistemas de producción para garantizar la sustentabilidad de los recursos naturales, es decir: ¡Lo primero, apoyados en ciencia, es cuidar el planeta, la tierra, el aire y el agua!, en pocas palabras, volver a nuestros orígenes en donde la supervivencia de cada especie estaba asociada al cumplimiento de las leyes naturales y a un balance con el mundo natural; ¡Entendamos!, tenemos que recordar lo que es vivir en armonía con la naturaleza. Lo segundo es dejar de reproducirnos como conejos; no hay manera de construir modelo sustentables y sostenibles en un planeta finito si cada día crece la población. En seguida, la propuesta contempla un cambio de modelo de convivencia que permita una justa distribución de la riqueza a partir del trabajo, tomando como premisa lo expresado por San Pablo: ¡El que no trabaje, que no coma!... ¡Basta del abuso en la acumulación de riqueza! ¡Basta de explotar al prójimo con modelos de trabajo que tienden a la esclavitud! ¡Basta de promover el consumo irracional! ¡Basta de sistemas monetarios y financieros abusivos!...

S- Visto así, mi Rufo, se me ocurre buscar soluciones sistémicas para el campo, en donde los gobiernos, de la mano con los ciudadanos, busquemos desde la organización para la producción un modelo de producción y convivencia que sustentado en el cuidado de los recursos y el medio ambiente, apoyado en la formación humana, en la educación y en la capacitación, nos permita construir cadenas productivas que, sin intermediarios, provean de una sana nutrición con un beneficio económico justo para quienes participen de los procesos… Así de sencillo.

Un saludo, una reflexión

Escritor y soñador

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