Opinión

Gobierno insensato

Habrá que agradecer a los profesores Arturo del Castillo y David Arellano la iniciativa de presentar por YouTube un minicurso de Administración Pública, en donde han dedicado una sesión para hablar de los gobiernos que se pierden en la locura. 

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Por: Carlos Arce Macías

Gobierno insensato

Gobierno insensato

Habrá que agradecer a los profesores Arturo del Castillo y David Arellano la iniciativa de presentar por YouTube un minicurso de Administración Pública, en donde han dedicado una sesión para hablar de los gobiernos que se pierden en la locura. 

Para ello han rescatado una interesante lectura de la historiadora estadounidense Bárbara Tuchman (1912-1989), formada en Harvard y premio Pulitzer. 

El libro que inspira la discusión entre los académicos es “La Marcha de la Locura” (FCE), en donde Tuchman  describe el proceso de sinrazón que puede apoderarse de un gobierno y presenta casos como la Guerra de Troya, los Papas del Renacimiento, la pérdida de las colonias americanas para Inglaterra, la conquista de México y la Guerra de Vietnam.

Los gobiernos que dirigen el desarrollo de una sociedad, aspiran a ser gobernados con sabiduría. Esto es bajo el influjo del sentido común y  experiencia, así como la toma de resoluciones con la mejor información disponible, con el fin de evitar tropiezos.

Pero la historia nos enseña que, en múltiples ocasiones, se impone la insensatez. ¿Cómo sucede esto? Cuando la razón se deshecha (eliminación del sentido común), se transita a una zona de miedo a estar equivocado, lo que propicia, a su vez, la persistencia en los errores, lo cual conduce irremediablemente al autoengaño. 

Este es conocido en psicología como “Disonancia Cognitiva”. Esta alude a la desarmonización de ideas, creencias y emociones con la realidad. De esa forma, y mediante el ego del gobernante, se cancela cualquier posibilidad de rectificación.

Las decisiones de un gobierno insensato y testarudo pasan por tres etapas:

1.- Se toman decisiones basadas en prejuicios o ideas preconcebidas.

2.- Los datos y críticas que advierten sobre los errores son desoídos y desechados, para permanecer en el error y no rectificar.

3.- La catástrofe se actualiza, frente a la toma de decisiones erróneas, con saldos profundamente negativos para la administración y su sociedad.

Los gobiernos requieren de motivaciones psicológicas, que se materializan en ilusiones, ideales, ideologías y aspiración de trascendencia.

Cuando estas características se exacerban en los gobernantes, se presentan dos efectos: el primero el de la divinización, en dónde se aplica una lógica divina y religiosa; y el segundo, el de la aspiración a convertirse en una diferenciación histórica por su mandato, lo que refiere a una lógica histórica.

Inmerso en estos dilemas, el gobernante confunde, usualmente, la propaganda con la doctrina que intenta imprimir a su comisión, la cual, con base en disonancias cognitivas, lo mantiene encadenado a la toma de decisiones erradas, respaldadas en falsedades, y reproducidas y avaladas por la camarilla aduladora que acompaña usualmente al jefe gubernativo.

Por eso, la cruel experiencia histórica que nos han dejado estas manifestaciones, propiciaron la creación de esquemas de gobierno más complejos como la república y la separación de poderes. 

Estos no tienen más sentido que evitar la disonancia cognitiva que afecta a los altos dirigentes de una nación o región, y que pueden dar al traste con todos los esfuerzos de una sociedad para lograr su progreso.

Así sucedió con la Guerra de Vietnam, en la que diversos gobiernos norteamericanos se vieron inmersos, no obstante que desde 1968 fueron advertidos por los estudios del centro de investigación  Rand Corporation, de la imposibilidad de salir victoriosos de la confrontación con los vietnamitas. 

El ego presidencial de Nixon se impuso, retardando siete años la terminación del ingrato enfrentamiento que enlutó a ambas naciones.

Para el destino de los mexicas, Moctezuma resultó nefasto. La creencia en que la llegada de los españoles tenía un significado divino, basado en profecías y creencias religiosas aztecas, abrió la posibilidad a Cortés de conformar un gran ejército con los enemigos de Tenochtitlán y conquistar todo el territorio para la corona española. Los prejuicios a flor de piel.

Conociendo la mecánica y los procesos que van delineando a los gobiernos insensatos e irracionales, así como contando con las referencias históricas comentadas, podemos prender las alarmas para el caso mexicano. Pongamos un ejemplo.

La decisión de no enfrentar directamente al crimen organizado, creyendo, sin datos fidedignos, que con la aplicación de programas sociales, se liquidará la delincuencia y su base social, es una medida temeraria que está infligiendo enormes costos al actual gobierno y sumiendo en la peor inseguridad al pueblo. 

Van los hechos: la explosión de Tlalhuelilpan, Hgo., que dejó un montón de muertos, tolerando la acción de huachicoleros asimilados a “pueblo bueno”; el “Golpe de Timón” en Guanajuato, donde se pretendía la captura del líder de un poderoso cartel local, que acabó en una operación ridículamente mal planeada.

Y la reciente detención-liberación de una de las cabezas del cártel de Sinaloa (por cierto aliado al de Santa Rosa de Lima en Celaya) que terminó arrodillando a las fuerzas militares mexicanas poniéndolas en una situación de debilidad desconocida hasta ahora, y peligrosísima para la estabilidad del país.

Es obvio, si atendemos a la información y los hechos, que muchas decisiones están basadas en prejuicios e ideas imprecisas y falsas. El gobierno está equivocado y padece una disonancia cognitiva grave. Si no corrige, el calificativo de gobierno insensato, como el de Nixon o Moctezuma, le ajustará a la perfección.

Con el conocimiento que nos aportan los académicos,  tan denostados en este nuevo sexenio, podemos realizar un análisis interesante de las principales decisiones que se han tomado durante este primer año de gestión en diversos entornos, causando graves e indeseadas consecuencias, como en el sector salud, energético, científico y tecnológico, aeronáutico y de transporte, turístico, educativo, medio ambiental, y dentro de la propia administración federal.

Porque es muy posible que si hay disonancia cognitiva en el caso de la seguridad pública, también pueda darse en otros muchos ámbitos gubernamentales.

Por eso, afirmar cada mañana que se tienen “otros datos”, empieza a ser síntoma de sinrazón gubernamental. Vamos requetemal.

“Muchas decisiones están basadas en prejuicios e ideas imprecisas y falsas. El Gobierno está equivocado y padece una disonancia cognitiva grave. Si no corrige, el calificativo de insensato, como el de Nixon o Moctezuma, le ajustará a la perfección”.

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