Juicio político

En la época del antiguo Imperio Romano se celebraban fiestas grandiosas en los anfiteatros donde el pueblo acudía a admirar los combates de los gladiadores y a las exóticas bestias con las que combatían.

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Por: Lourdes Casares de Félix

    En la época del antiguo Imperio Romano se celebraban fiestas grandiosas en los anfiteatros donde el pueblo acudía a admirar los combates de los gladiadores y a las exóticas bestias con las que combatían. Cuando un gladiador se veía en dificultades, podía rendirse y su suerte era decidida por el patrocinador. Aunque éste tenía el poder de decidir, hacía caso a la reacción del público espectador ya que esto le brindaba popularidad. Cegado por la emoción, el pueblo gritaba enardecido desde las gradas “¡Mátalo!” o “¡Perdónalo! cuando la lucha terminaba.  

       El presidente de México menciona frecuentemente que el pueblo manda y que su gobierno es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.  Esto que repite con frecuencia no sólo le otorga popularidad como acontecía en los combates de gladiadores, sino también le brinda legitimidad. Al tomar en cuenta el interés del pueblo y hacer creer que la voluntad de la ciudadanía es considerada, se catapulta como un gobierno diferente en el que el pueblo ordena y así disfraza su autoritarismo y sus verdaderos intereses.  

       Escuchamos con frecuencia el hastío político que protesta diciendo que “todos los políticos son iguales”.  “Todos roban y buscan su propio beneficio”, se dice con desencanto.  ¿Cómo ser diferente entonces? ¿Cómo contrarrestar esa desesperanza que permea y se generaliza? Entre la ineptitud y la corrupción de la clase política se gestan reacciones anti gobierno.  El primer mandatario lo sabe bien y tiene que marcar distancia de sus predecesores para verse diferente y provocar credibilidad y confianza. Él se hace a un lado y responsabiliza al pueblo de las decisiones que disfrazadamente manipula.  

         Por eso el presidente hizo una encuesta amañada para enterrar el proyecto del aeropuerto de Texcoco que generaría fuentes de empleo, potenciaría la conectividad en el país, la economía y el turismo. Pero se lava las manos diciendo que fue el pueblo sabio el que decidió. Como ahora decidirá si se juzga o no a los ex presidentes de México. El destino de los mandatarios anteriores está en manos de la ciudadanía mexicana ávida de ¿justicia? ¿venganza? Los sentimientos y resentimientos han sido encolerizados y exacerbados para participar con furia y enojo contra los supuestos abusos y corrupción.   

        Las leyes y estado de derecho quedan en un nivel secundario. Se pretende llevar a cabo un juicio basado en suposiciones y percepción ciudadana. Si existe culpabilidad en algunas acciones de los ex presidentes, entonces que se presenten las pruebas, se juzgue y castigue.  Esto no es algo que deba decidir el pueblo. La justicia y derechos de las posibles víctimas deben garantizarse y no es necesaria una consulta popular. ¿Por qué no incluir también si queremos que se juzgue al mandatario actual por las víctimas de cáncer que murieron por no tener medicinas y por quienes fallecieron por el mal manejo de la pandemia? Los aproximadamente 528 millones de pesos que costará llevar a cabo la Consulta Popular es despilfarro que bien podría ser utilizado en necesidades más apremiantes.

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