La Guerra por el Agua.Ahorro y saneamiento, clave de supervivencia

El destino no solo nos ha alcanzado en el tema del agua en León, sino que nos ha golpeado para hacernos reaccionar a fin de buscar caminos de solución.

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Por: Jorge Marcelino Trejo Ortiz*

El destino no solo nos ha alcanzado en el tema del agua en León, sino que nos ha golpeado para hacernos reaccionar a fin de buscar caminos de solución.

No es momento de buscar culpables, porque los podemos encontrar, pero de alguna manera hay una corresponsabilidad de la sociedad en su conjunto.

El anuncio del Gobierno federal de que León queda excluido del suministro de agua de la presa El Zapotillo, nos podría unir en reclamos y es positivo, paro ante todo, nos debe de unir en una reflexión plena y en tomar acciones encaminadas a superar esta encrucijada.

Los gobiernos federales anteriores tampoco fueron capaces de tomar las decisiones políticas directas, sino sólo regalar espejismos, falsas esperanzas.

¿Cuál es la cruda realidad de nuestro municipio? Que no tenemos agua porque en menos de un siglo nos terminamos lo que a la naturaleza le tardó en reunir en miles de años.

Mucha gente cree que el agua que consumimos en León es de León y no es cierto porque la traemos de regiones hacia el sur, fuera de nuestros límites territoriales.

Más de una vez, activistas de otros municipios nos han señalado de que les quitamos su recurso hídrico.

Nuestro acuífero está en veda federal, en espera de una recarga que nunca llega porque nuestra urbanización, tan extendida, no lo permite.

León era un vergel y lo secamos, en la creencia de que el agua era un recurso renovable.

La ecuación es simple, cada año extraemos más agua de la que se recarga con las lluvias. Los acuíferos  se van abatiendo casi dos metros por año.

Los pozos se tienen que perforar a más de 600 metros de profundidad, y el agua se extrae a 250 metros. Mientras más profundo, más posibilidades hay de que el agua tenga metales pesados y tóxicos y su potabilización es más costosa.

Sociedad y gobierno seguimos abusando de la naturaleza, en forma insostenible, comprometiendo los recursos para nuestros hijos y los hijos de ellos.

El organismo operador de agua en León, explota 153 pozos pero el campo (no solo los campesinos) explota 1200 pozos, en sistemas de riego ineficientes y en el tráfico de agua, la mayor parte irregular.

Todo esto propicia que la disponibilidad del líquido, más o menos suficiente, para León no vaya más allá de los 15 o 20 años.

De inicio, una de las formas de paliar nuestra situación es una gran cruzada de ahorro que involucre a todos, gobierno y principalmente sociedad.

Extremar el  reuso de agua e implementar sistemas de captación pluvial domésticos e industriales, como ejemplos.

El saneamiento de las aguas residuales debe ser prioridad tanto del gobierno como de la ciudadanía y de los sectores productivos.

Solo hay que voltear a ver los ejemplos de otras naciones.

Singapur importa aguas residuales de países vecinos y las sanea al grado de potabilización, gracias a sus sistemas desarrollados tecnológicamente.

Israel también es un país que está a la vanguardia de saneamiento, al grado del lugar común de que han hecho florecer el desierto.

Los Emiratos Árabes no se quedan atrás como consecuencia de su propia necesidad. Dubái, verbi gratia, es el país que más agua consume per cápita en el mundo, pero es uno de los que más producen.

La carencia, la necesidad, es la madre del ingenio y la invención. Es momento de crear e importar tecnología, solo por cuestión de vida o muerte.

La disyuntiva es simple: esperar a que nos resuelvan nuestra situación, o emprender la solución de nuestro problema. De por medio está la supervivencia.

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