La demagogia a flor de labios

Las campañas ya comenzaron, con un estilo tradicional o sea a la antigüita. Promesas para los oyentes, porque si soy amigo o conocido del Presidente o Gobernador, abriré con él la caja de caudales para cambiar la realidad actual; deslizan la idea.

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

El mandante es el pueblo; mandatario, el gobernante". Realidad en mucho alterada

Las campañas ya comenzaron, con un estilo tradicional o sea a la antigüita. Promesas para los oyentes, porque si soy amigo o conocido del Presidente o Gobernador, abriré con él la caja de caudales para cambiar la realidad actual; deslizan la idea.

Los anteriores criterios se denominan demagogia o distorsión ya que aún en el caso que esa relación sea cierta una república ordenada y por lo mismo democrática, no ha de funcionar por cuatachismo o influencias sino  bajo una estructura jurídica.

Las promesas o actitudes que rebasan lo institucional son en realidad una perversión puesto que a cambio de lo que se ofrece se exige, tal vez hasta sin decirlo, sometimiento de los ciudadanos; primero con el voto.

Otros candidatos y candidatas van a la contienda con mentalidad "carpeteada".O sea que presumen tener todo el esquema del populi, en su cabeza. Conocen la realidad, presumen, como los poros del cuerpo social. Saben qué falta, cuáles urgencias se deben atender de ya, a efecto de que la felicidad se asome para, principalmente, los de muy bajos recursos, o sea la pobrería, ya que esa también sufraga y su boleta cuenta tanto como la del más encumbrado.

En todo esto hay por parte de esos aspirantes un interés primario: el de llegar. Luego..."ya veremos".

 Sí, muchos políticos, hombres y mujeres son preparados en diversas materias, no siempre cultos, empero aún con los conocimientos que les dan las ciencias políticas y la experiencia están obligados a ser cautos y metodológicos. No entienden que un galeno, por muy sabio que sea, primero a de auscultar, interrogar y hacer análisis al paciente para luego prescribir su tratamiento. Qué ridículo y hasta grosero, que una doctora llegue con el enfermo y le diga: "sé lo que tienes. Tómate esto. Te alivias". Eso, ¿puede ser profesional?. Apoco se trata de una repartidora de placebos. Entiéndase que estamos en terrenos del absurdo, para contrastar, no diciendo que haya discípulos del genio que fue Hipócrates, que procedan tan bárbaramente.

Va avanzando la campaña y la gente común debe expresarse, con naturalidad, sin recato y menos miedo. ¿Vive en un terreno que no está regularizado?. ¿Es "paracaidista" por necesidad o engaño?, que lo exprese. Si no tiene agua y compra "tambos" a precio de oro, que se lo cuente a los @ en campaña, para que se topen con una realidad palpable, no solamente teórica.

¿Desde cuándo, en una colonia, con "diablitos" se roban la corriente eléctrica y por qué?. A alguien le dan "moche" para que todo siga igual. No lo callen.

Un candidato o candidata, sin aparato publicitario sino con suma discreción se sube a un taxi de noche y le pide al operador que le lleve o indique los sitios en donde venden  alcohol o droga de toda clandestinamente. Se va a llevar una sorpresa con los puntos  que le señalen.

Y una cuestión igualmente importante es la cuadrilla de los toreros o toreras. Porque no van solos ni solas. En sus planillas, no pocas veces, sino muchas, llevan gente reprobada, que viene de muchos ayeres repartiendo, con otros colores políticos, demagogia  y claras influencias. Ahora, con diferente color político encima, o sea en la dermis, se visten de tricolor, azul, morado o de lo que les convenga, para tornar o aspirar otra vez al redentorismo del pueblo.

Ya analizaremos las planillas para ilustrarnos respecto a quienes las configuran porque, entiéndase bien: un gobierno no lo configura una sola persona, es equipo y más ahora que el partido  que gane para un ayuntamiento, lleva elementos de otros colores  no para compartir canonjías sino para ejercerlo en equilibrio y bien del Mandante, que es el pueblo.

Nota Marginal: El 13 de Diciembre de 1983, se incendiaron dos pipas en la planta "Guanagas", instalada frente a la Ciudad Deportiva  estatal. Los bomberos desalojaron como a doscientas mil personas del área, ya que había un depósito enorme, lo que presagiaba una gran catástrofe. Mientras los "traga-fuego", planeaban, Ignacio Quiroga Espitia, un modesto técnico, le arrebató el capote a un bombero para cubrirse. Ordenó con un grito que lo bañaran de agua y entre tierra, lodo y llamas avanzó hasta llegar a las válvulas que cerró luego. La conflagración desapareció e igualmente el peligro. Quiroga fue aplaudido, homenajeado como un héroe. Hoy descansa en paz. Creo que cuando llegó al Cielo, la puerta ya estaba abierta. No lleva su nombre una calle ni está en una placa, porque ese honor se reserva a los @políticos, no a los héroes de verdad.

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