Opinión

Las verdaderas amenazas contra la vida y la familia

Si se quiere proteger la vida, se debe querer apostar también a una vida digna.

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Por: Amicus

El sábado 21 de septiembre se protestó en 41 ciudades del país, incluyendo algunas de nuestro estado, por “la vida, la familia y las libertades” en una convocatoria del Frente Nacional por la Familia. Aunque su discurso pretende cobijarse de aquél de los derechos humanos y las libertades fundamentales, es bien sabido que estos grupos en realidad están en contra de los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y salud, así como en contra de los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans y no binarias. Como botón de muestra basta contrastar sus demandas y acciones con sus discursos.

El 20 de septiembre se marchó en más de 150 países en contra del calentamiento global, convocados por la joven activista Greta Thunberg. La #MarchaPorElClima es, en realidad, una marcha por la vida del planeta en su totalidad, del presente y futuro de la biodiversidad y de la calidad de vida de quienes ahora son niñas, niños y adolescentes. En contraste, aquella convocada por el FNF solo habla de la vida en términos de prohibir el aborto sin adentrarse a las condiciones en las que se embarazan las mujeres en nuestro país o incluso en las condiciones que tendrán las vidas que pretenden salvar obligando a las mujeres a parir.

Si se quiere proteger la vida, se debe querer apostar también a una vida digna. ¿Acaso en las marchas del 21S se demandó un medio ambiente sano, el acceso al agua, a la vivienda adecuada o el derecho a una vida libre de discriminación y violencia para poblaciones en específico que sobreviven en la precariedad, como las personas trans? No, lo que se demanda proteger es en realidad un dogma y un proyecto de vida único para toda la diversidad de mujeres: el de la maternidad.

Sin embargo, aunque el FNF refiere en su página web que la maternidad es la máxima misión de las mujeres dentro de la familia, no marchan por aquellas mujeres a quienes les fue arrebatado el ejercicio de la maternidad por la desaparición forzada de sus hijas e hijos y que se han visto forzadas a convertirse de víctimas a defensoras. * No marchan tampoco por las más de 3000 mujeres que yacen en el abandono sin poder ser tampoco madres al estar encarceladas y condenadas por cometer delitos menores relacionados con drogas, en los que se involucraron por la falta de oportunidades.** ¿Se han detenido a pensar cómo podrán ejercer ellas su supuesto “derecho a educar a sus hijos” desde una prisión de la que el FNF no quiere que salgan a través de una amnistía? ¿Qué están haciendo al respecto además de apostarle a la criminalización de las mujeres que deciden terminar con un embarazo?

Detrás de su defensa por el “matrimonio y familia natural” se encuentra un deseo por impedir la igualdad entre parejas del mismo sexo y parejas heterosexuales. Desconocen que el reconocimiento del matrimonio igualitario no prohibe ni amenaza el matrimonio heterosexual.

Este texto no pretende detener a las personas del ejercicio de su derecho a la protesta social sino evidenciar la banalidad e hipocresía. No se marcha por los derechos, se está marchando contra ellos.

Ni el aborto, ni la educación sexual, ni el matrimonio igualitario destruyen la vida y la familia. Lo que sí destruye vidas y familias son la destrucción del medio ambiente, la tortura, la desaparición forzada, la guerra contra las drogas y la militarización de la seguridad pública. Lo que sí atenta contra las libertades y alimenta vidas precarias y discriminación, son sus marchas y discursos.

Amicus, “Derechos Humanos por el cambio social”

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