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Levanto mi mano

Esta semana se dio una campaña en redes “Yo Levanto la Mano” que resalta la indignación de la sociedad y la exigencia de justicia ante el asesinato de un joven en su oficina, para quitarle un reloj.

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Por: Humberto Andrade Quezada

Una muerte es una tragedia, un millón de muertes es un dato estadístico, reveladora frase de Albert Szent-Györgyi descubridor del ácido ascórbico, que desvela lo que nos está sucediendo a nivel mundial: una verdadera desgracia ante la insensibilidad de los humanos y la irresponsabilidad de las autoridades.

Esta semana se dio una campaña en redes “Yo Levanto la Mano” que resalta la indignación de la sociedad y la exigencia de justicia ante el asesinato de un joven en su oficina, para quitarle un reloj –sí, un reloj-, como pieza de cambio por la vida valiosa de un leones, abogado de profesión, hombre de bien, buen amigo de sus amigos, gente de familia, muchacho positivo.

Los participantes de la protesta en redes buscan una sociedad diferente, y lo manifiestan indignados ante la tragedia de la irracional violencia que inunda y trastoca la vida en comunidad; lo hacen porque tienen voz, porque tienen los medios y la capacidad para hacerse escuchar e, implícitamente representan a muchos que no la tienen, porque ojo, el drama reviste las mismas dimensiones en las zonas más depauperadas o más pudientes del mapa, el dolor no reconoce capas ni esferas, nos castiga por igual a todos.

Éste crimen que conmueve y siembra la indignación en la ciudad, nos lastima, nos duele el acto  criminal que cegó una vida, acto de barbarie y cobardía constantes del terror diario; un teléfono, un reloj, el dinero de la raya, una bolsa, permanecer en el domicilio, cualquier cosa califica, la patanería y el salvajismo a niveles primitivos han acabado con la tranquilidad; el ir a un OXXO  peligroso, el caminar  por la calle riesgoso, el tener una dificultad de tránsito temerario.

Seguramente muchas de las muertes son vendettas entre criminales, entre cárteles, pero la afirmación ya no alcanza para justificar, no podemos tolerarlo, los indicadores del nivel de deterioro social y de lo mucho que nos hemos acostumbrado a que esto suceda son el registro diario de homicidios, contando las cifras olvidamos las tragedias; pero queda como rescoldo la percepción de que las autoridades son incapaces para frenarlo y más aún, para comunicar en caso contrario lo que se esté haciendo.

Las versiones oficiales en lo local son explicaciones vagas y ausencias y en lo federal, acusaciones políticas en las mañaneras; en el caso del abogado, se especula que es una banda de delincuentes identificada, pero esa historia  la  hemos escuchado por años, incluso hemos visto videos de accesos a  colonias privadas en los que supuestamente aparecen esos sujetos y la pregunta es: qué se ha hecho, por qué siguen delinquiendo y si es un mito, quiénes son los actores verdaderos, por qué no los detienen, cuál es el nivel de colusión y de complicidad y lo peor, de inacción para frenar esta escalada.

La seguridad es la primera responsabilidad de la autoridad, la evidente falta de coordinación y de apoyo del gobierno federal continuará, sabemos su desinterés, pero no podemos seguir eternamente como la obra de teatro de Samuel Beckett, < > , tragicomedia del absurdo con un personaje que probablemente no existe y seguramente no llegará-, en una semejanza de la falta de apoyo al estado y la esperanza falaz en que se dé.

El problema es nacional y las cifras de asesinatos en este sexenio son las más altas en la historia, desafortunadamente el sufrimiento es nuestro -no federal-, nosotros lo padecemos y aportamos homicidios de manera importante a las estadísticas nacionales, por lo que exigimos una vuelta a la paz y la tranquilidad, una respuesta enérgica en lo local, en lugar de criticar sin marcar la diferencia de ser mejores y más firmes.

Por eso, yo también “Levanto MI Mano”.
 

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