Los ismos y los ultras

El seis de enero, fue un día oscuro para la historia de las instituciones de los Estados Unidos: Caos, muertos y heridos, durante el violento asalto al templo de la democracia por parte de turbas de ultraderecha.

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Por: Alejandro Pohls Hernández

El seis de enero, fue un día oscuro para la historia de las instituciones de los Estados Unidos: Caos, muertos y heridos, durante el violento asalto al templo de la democracia por parte de turbas de ultraderecha. Con un discurso de incitación a la violencia, el presidente Trump arengó a sus seguidores a dar un golpe de Estado, como en una república bananera, todo para aferrarse al poder cuatro años más. Además, espetaba que los miembros de la mafia le habían robado el triunfo y que no lo aceptaría; por su parte el candidato ganador, Biden, le exigía a Trump poner fin a ese terrible asedio de sus fanáticos seguidores…

El presidente Trump intentó robarse la elección que ganó su adversario demócrata. Para ello, se valió de ultras de Derecha que se guían por creencias, que no por ideas y por lo que serían fácilmente manipulables; así, los incitó a pelear un supuesto triunfo sustentado en una narrativa de mentiras y engaños: ¡Hacer creer!, el arte de la política sucia que tantos gobernantes practican.

El asalto al Capitolio es una prueba fehaciente de lo que la ultraderecha es capaz de hacer.  En clara alusión al discurso que horas antes pronunciara el presidente Trump, Biden aseguró que las escenas de caos en el Capitolio “no reflejaban a los Estados Unidos reales, sino que lo que se estaba viendo era a la extrema Derecha queriendo imponer su visión del mundo.” Recordemos que, gente como esta, asaltó e incendió el Parlamento alemán en 1933, lo que terminó en la II Guerra Mundial.

Así las cosas, imágenes dantescas desvelaron el pasado y el presente de la ultraderecha: Gente con capuchas blancas del Ku Klux Klan, con banderas, con esvásticas o haciendo el saludo nazi… Algunos vestidos como soldados con cascos y rifles, y otros equipados con escudos y cachiporras: Nacionalistas blancos, neonazis, skinheads, neo confederados, antiinmigrantes, Proud Boys, fascistas, o seguidores de QAnon con teorías conspirativas, entre otros, que creen que Trump es el mesías que los salvará del complot de los demócratas. 

Pero, ¡cuidado!, en México también existen los ultras, que mezclan la política con la religión, en una visión moralizante por parte del Estado confesional. Meones de agua bendita, sectarios iluminados, empresarios conservadores y algunos integrantes del Consejo Mexicano de Negocios, los 50 más ricos de México, pusieron el grito en el cielo y se desgarraron las vestiduras en el 2006, cuando el candidato de la Izquierda, AMLO, encabezó un plantón pacífico en Paseo de la Reforma en protesta por el resultado de las polémicas elecciones.

Sin embargo, recientemente, algunos de estos empresarios, que se rasgaron las vestiduras con aquel plantón, y que les había ido muy bien en sexenios pasados con su cercanía al poder presidencial, actualmente financian, aplauden y rezan por el éxito de los golpistas de FRENAA que pretenden tumbar al Presidente de México, legítimamente electo. Esto es un movimiento espasmódico de la Derecha empresarial y de la ultraderecha católica. Pese a que son un número pequeño no dejan de ser un peligro... El asalto al Capitolio lo confirma.  

Atrás de estos golpistas de FRENAA está la ultraderecha, como el DHIAC, organizaciones confesionales, entre otros, los yunquistas… muy conocidos en Guanajuato porque lo han gobernado, como Elías Villegas( Pedro), factótum de las candidaturas en su partido; en el contubernio contra el Presidente de México, no podía faltar el matiz religioso de las bendiciones a los estandartes y detentes, de los Legionarios en León, al puro estilo de la madre Conchita y León Toral. 

En el discurso de los ultras siempre habrá una justificación para desdeñar al adversario, reducirlo a enemigo a quien hay que destruir. Sus discursos son de visión maniqueísta y moralizante. Sus mensajes siempre están cargados de fatalidad hacia el futuro, no pretenden el diálogo o el consenso para avanzar, sino la eliminación del otro. Sería ingenuo imaginar el pensamiento único en la interpretación del mundo, por eso en un contexto de libertad y respeto, los ultras y los “ismos” también son legítimos, en tanto respeten la visión del otro, las instituciones, las libertades individuales y no intenten desde el poder público imponer su moral al ciudadano, ni eliminar al adversario. 

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