Opinión

Más presupuesto, pero más pobreza en Guanajuato

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Por: Alejandro Pohls Hernández

Más presupuesto, pero más pobreza en Guanajuato

Más presupuesto, pero más pobreza en Guanajuato

Desde hace décadas, el Producto Interno Bruto (PIB) de Guanajuato ha crecido por arriba de la media nacional; los gobernadores han apostado por las grandes inversiones de armadoras de carros y maquiladoras de autopartes, los grandes parques industriales, como el Puerto interior, donde el Gobierno estatal invirtió grandes cantidades de dinero en infraestructura y ha otorgado subsidios y otras prebendas para que empresas foráneas puedan instalarse en nuestro estado.

Sin embargo, los datos recientes del Coneval no son nada alentadores en relación a la pobreza: del 2008 al 2018 la población en situación de pobreza se incrementó de dos millones 403 mil personas a dos millones 587 mil, lo que significa que son 187 mil personas más. 

Aunque, considerando el incremento poblacional, el número de pobres habría disminuido del 44.1% al 43.6%, en 10 años. Es decir, cinco centésimas. 

Traduciendo las cifras, quiere decir que cada 10 años, cinco de cada mil salen de su postración… La pobreza humilla a los ciudadanos.

Los indicadores llevan décadas sin ver mejorías y parece imposible remontar las cifras negras, aun con las carretadas de dinero de las que ha dispuesto la Secretaría de Desarrollo Social y Humano del estado.

El académico y especialista en temas sociales, David Martínez Mendizábal, dice que las cifras son decepcionantes para Guanajuato y explica que los bajos salarios son razón fundamental para que no se reduzca la pobreza en general. 

Agregó que: “La estrategia del programa Impulso no está resultando y no se observan ajustes”.

La pobreza parecería un mal endémico en México.

Aseguró la OCDE que los niveles de pobreza no han cambiado en los últimos 20 años “debido a la reducida tasa de crecimiento anual de la economía, de apenas el 2%, a lo que habría que agregar la desigual distribución de los ingresos”.

Para reactivar la economía mexicana, en el sexenio pasado de Enrique Peña Nieto, se echó mano de un mayor déficit fiscal, de 3.2 billones de pesos, que se compensó con deuda, se incrementaron los impuestos y se ejerció más gasto público. 

A pesar de esto, no hubo una mejoría que disminuyera el nivel de pobreza, aunque la deuda subió casi al doble, pasó de 5.3 billones a 10.1 billones. 

Es evidente que el gasto del Gobierno no está teniendo ningún impacto en la economía de los pobres, es un gasto sumamente ineficiente.

¿Qué sucedió con los miles de millones de dólares de los excedentes petroleros, cuando se cotizó el barril a más de 150 dólares? Nada, los dilapidaron los gobiernos, se perdieron en gasto corriente, se tiraron en frivolidades y corruptelas. 

Como ejemplo, la encargada de combatir la pobreza en México en el sexenio de Peña Nieto, Rosario Robles, secretaria de Sedatu y Sedesol, es acusada por la Fiscalía de haber causado un daño a la Hacienda pública por cinco mil millones por desvíos en la llamada Estafa Maestra. 

No alcanzaría aquí para nombrar los excesos y robos de tantos funcionarios y gobernantes de todos los niveles… Recuerden al ex gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez y sus oscuras compras de terrenos, para lo cual pidió seis mil millones prestados. 

No sólo se llevan lo que hay, sino también piden prestado para llevarse lo que no hay.

El gobernador Juan Carlos Romero Hicks tuvo un presupuesto inicial de 20 mil millones de pesos, en contraste con el actual de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, de aproximadamente 81 mil millones.

Es decir, hay un incremento, en pesos reales, del 57%; trayendo éste a valor presente, considerando inflación, y un aumento de población del 20%. 

Pero, entonces, si hay más presupuesto, ¿porque existen los mismos pobres? Muy sencillo: cuando se incrementa el gasto y la pobreza no disminuye, es que éste apenas toca tangencialmente a la pobreza estructural, porque su calidad y su dirección no son productivas ni eficientes y hay que afinarlas y re-direccionarlas.

Al programa Impulso del ex gobernador Miguel Márquez Márquez, que Diego lo dejó en activo, se le han asignado miles de millones de pesos; pero, por desgracia, en 10 años lo que más se ha hecho es contener la pobreza, pero no remontarla. 

Jonathan Heath, de Banxico, dice que: “El Gobierno debe gastar bien, para que surta efecto el mayor gasto. También, el ambiente de violencia afecta directamente el crecimiento y redistribución de riqueza”. 

Guanajuato lleva ya más de 10 años viviendo un estado de violencia excepcional.

La desigualdad y concentración del poder económico y político, apuntan a que no sólo las políticas sociales han resultado insuficientes, sino que los beneficios del crecimiento no han sido incorporados a esa masa del 43.6% de desheredados. 

A esos pobres de Guanajuato, apenas los toca tangencialmente el supuesto desarrollo que anuncian con bombo y platillo, sobre todo en épocas electorales.

Algo muy importante en que el Gobierno tiene que trabajar intensamente es coadyuvar con programas sociales para evitar el aislamiento y exclusión de estos pobres de los procesos políticos, económicos y sociales.

Como ejemplo citaría que en todos los concejos de orden público están los empresarios, pero nunca los descamisados para que hablaran desde su realidad. 

Por lo tanto, se inhibe la participación de éstos en la dinámica de la integración, lo que contribuye a su situación de inmovilidad.

Urge reorientar el gasto social y hacerlo productivo, que cumpla con su cometido. 

Ojalá y el Ejecutivo permitiera que el Legislativo ejerciera sus funciones para que reorientara el gasto y la inversión económica a fin de que sea en realidad un motor para sacar a millones de guanajuatenses de la pobreza.

Traduciendo las cifras, quiere decir que cada 10 años, 5 de cada mil salen de su postración. La pobreza humilla a la gente.El Presidente se extasía con un trapiche y recorta presupuesto a las universidades y centros públicos de investigación.
 

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