No debemos acostumbrarnos a la muerte

Si bien la muerte es por sí misma integrante de la condición humana, en México se comenta que es parte incluso de la cultura. Música, prosa, poesía, danza, pintura, entre otras expresiones, integran a la cotidianidad eso que vivimos en cada hora de nuestra existencia: el acercarnos al fin de la misma.

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Por: Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco

A mi lado sin pausa el Demonio se agita; A mi lado flota como el aire intocable; Lo bebo y siento cómo abrasa mis pulmones ahogándome en un deseo culpable y eterno. Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos, Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas, ¡Y el sangriento artificio en donde habita la Destrucción!”. -Baudelaire

Si bien la muerte es por sí misma integrante de la condición humana, en México se comenta que es parte incluso de la cultura. Música, prosa, poesía, danza, pintura, entre otras expresiones, integran a la cotidianidad eso que vivimos en cada hora de nuestra existencia: el acercarnos al fin de la misma.

A través de todas estas manifestaciones intentamos mantener una convivencia cuasi “familiar” con la muerte: la ironizamos, la festejamos, la representamos e incluso la llenamos de sabores.

Sin embargo, estas manifestaciones de incorporación de la muerte son (o debieran ser) completamente independientes a acostumbrarnos a ella. Durante los últimos meses se han presentado en nuestro país sucesos que conmocionan a las poblaciones y pareciera que la dimensión de estos acontecimientos al inicio son de suma importancia y trascendencia, para luego volverse rancios y ser sujetos de una habituación por parte de quienes las observan.

Suena cruel, pero nos hemos habituado a ver morir a cientos o miles de personas cada día y esto no nos afecta o al menos no de la misma forma. Todos los días se repiten noticias similares y esto provoca la deshumanización de la tragedia, más aún cuando no logramos percibir a esas personas como símiles. Los  números comienzan a volverse abstractos, carecen de significado humano y esto provoca que el impacto emocional descienda. Las historias detrás de cada persona, familia, núcleo laboral o social que ha sido víctima de destrucción y muerte, se diluye en la numeralia y deja de tener sentido para quienes pudieran visualizarlas. Las personas dejan de ser personas, para volverse cifras.

Si bien es necio el no entender que hay enfermedad, abusos, destrucción y muerte, es decir, que existen tiempos oscuros, es menester comprender estas condiciones para guardarles honra a sus víctimas y en ese sentido intentar transformarlas.

En el caso de los sistemas de salud y temas referentes a estas disciplinas, es importante el entender la tragedia que ha ocurrido a últimas fechas, así como digerirla, analizarla, hacerla propia y aprender de ella, para poder ser capaces de realizar acciones orientadas a enfrentar nuevas calamidades de una manera más racional y eficiente.

No podemos volver a las mismas conductas de antes, no podemos seguir cometiendo los mismos errores, no debemos seguir por ese camino desviado lleno de corrupción, mentira, deshonestidad, holgazanería y chambonería. Perdimos demasiadas vidas, todas ellas de un valor incalculable y esto debe motivarnos a  pasar a la siguiente página sí, pero sin olvidar que esas personas que ya no están con nosotros deben de tener trascendencia  y significar un punto de transición hacia algo mejor.

Observo, lastimosamente, que seguimos sin tener un rumbo claro sobre el camino que debe seguir nuestro sistema sanitario. El desafío que conlleva el seguir atendiendo la pandemia por COVID 19 además de recuperar el resto de servicios, sin la gestión de políticas públicas en salud que estén orientadas a mejorar la calidad asistencial, es exactamente el mismo camino que antes nos llevó a donde estamos hoy y a futuro seguirá siendo origen de muerte y destrucción. 

No nos acostumbremos a la muerte, no nos acostumbremos a las cosas mal hechas, no nos acostumbremos a los “accidentes” ni a las tragedias, es menester evolucionar y dar aún más como sociedad, exigiendo a las autoridades correspondientes que las cosas se hagan mejor. Es tiempo.

Médico Patólogo Clínico. Especialista en Medicina de Laboratorio y Medicina Transfusional, profesor de especialidad y promotor de la donación altruista de sangre

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