Para León carta bajo la manga

De pronto, al destaparse la planilla azul leonesa, la ciudadanía supo que el primer síndico será un priísta de cepa: José Arturo Sánchez Castellanos quien, por cierto cuenta con currículum desde siempre como tricolor.

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

Secretos de la política.

De pronto, al destaparse la planilla azul leonesa, la ciudadanía supo que el primer síndico será un priísta de cepa: José Arturo Sánchez Castellanos quien, por cierto cuenta con currículum desde siempre como tricolor.

¿Cuándo transmutó para tornarse no simplemente azul sino un convencido de las tesis y prácticas del panismo?. Hasta ahora nadie lo sabe. Bueno, apoco en realidad de verdad debe haber quienes, en una secreta negociación, con el nominado, que no con su partido, le pidieron embodegar ideas y programática de toda su vida pública, para darle una posición que en buen romance ejecutivo, viene a ser como el segundo de a bordo en el gobierno leonés. 

Me van a decir que estoy mal, totalmente equivocado, lleno de prejuicios analíticos y telarañas para una visión moderna en eso que se denomina administración pública. Puede ser, porque los tiempos de ahora imponen acuerdos, convenios, coincidencias elementales de los partidos para trabar alianzas e insistirán que la praxis es de mayor valor que el puro idealismo. ¡Ajá!. Tal vez....

Lo que en este caso queda claro es que el acuerdo de llevar a un priísta a tal posición no fue con su partido, al menos que se sepa, ni hubo alianza secreta o discreta. ¿Luego entonces?. Se puede suponer que la persona cambió de conceptos y principios, que incluso el barbarismo quedó atrás. Si así es o fue, que se diga cuándo y cómo ocurrió esa metempsicosis ideológica y vino el barniz albiazul. Ahora lo que queda para ser esclarecido, ventilar, darle luz es la idea de fondo: si se trató de colocar en el prácticamente segundo puesto o cargo municipal al priísta para que cubra un flanco importante de la nueva administración y la titular no se vea agobiada, o simplemente se le limitará al Síndico en términos de coadyuvancia, lo que es claro que no está en la naturaleza ejecutiva de Sánchez Castellanos si se observa la trayectoria que ha tenido.

Pero, en fin, ahora el caso que nos ocupa y preocupa, coloca en el tablero analítico lo que se conoce como "chapulineo", o sea ir de un partido a otro, cambiar de ideología o abandonar principios, ideas y prácticas por convicción o conveniencia, lo que es válido en uso y a veces abuso de la decisión individual. Pero siempre provoca escozor y escándalo, máxime cuando quienes ejecutan esas acciones son figuras relevantes.

El caso más fresco fue el del ahora doctor en derecho Ricardo Shefield Padilla, que brincó a Morena en donde ha sido premiado y apapachado. Muchos de sus excompañeros albiazules no se lo perdonan y hasta se puede deducir que la paliza electoral que le propinaron los leoneses recientemente, fue como especie de castigo a su afiliación a la 4T y si se quiere ver  el fondo también se le dio un coscorrón al tufillo de prepotencia con que se condujo en el reciente evento electoral.

Lo que queda por definir para algunos observadores es si los políticos, hombres y mujeres, pueden cambiar no de piel sino de ideas y banderías por gusto, interés o convencimiento.En lo personal creo firmemente que en orden a su libre albedrío, pueden hacerlo, pero sin engaños ni ocultamientos tortuosos.

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