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¿Quiénes son los malos?

El acuerdo obrero-patronal es una buena jugada, pues quita delas garras de la 4T los ahorros de todos los trabajadores, pero en mi opinión, adicionalmente hay muchos otros puntos destacables.

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Por: José Arturo Sánchez Castellanos

El sistema de retiro de México, que surgió a partir de la reforma a la Ley del Seguro Social de 1997, resulta totalmente insuficiente, pues no genera pensiones que alcancen para un retiro digno de los trabajadores que se dieron de alta en el IMSS a partir de ese año.

Tratando de resolver esta situación, hace unos días se presentó una propuesta obrero-patronal para reformar dicho sistema, aunque yo agregaría que esta iniciativa se acordó entre los sectores productivos para proteger los recursos de los trabajadores que actualmente se administran a través de las afores.

Hoy todos sabemos que el Gobierno Federal, en su empeño por regalar el dinero y seguir financiando grandes obras megalómanas, y ante la caída en la recaudación por la falta de confianza y por la crisis económica, se ha quedado sin dinero, por lo que en varias ocasiones ha volteado a ver a los recursos ahorrados en el sistema pensionario como una posibilidad de apropiarse de ellos para seguir dilapidándolos en su proyecto retro transformador.

No por nada el día en que el CCE y la CTM presentaron la iniciativa, el presidente López Obrador dijo: “quienes pensaban que íbamos a estatizar lo de las pensiones, pues no fue ese el propósito”. Hay un dicho que reza: “explicación no pedida, culpabilidad manifiesta”.

El acuerdo obrero-patronal es una buena jugada, pues quita de las garras de la 4T los ahorros de todos los trabajadores, pero en mi opinión, adicionalmente hay muchos otros puntos destacables:

Primeramente, deja muy claro el compromiso que tienen los empresarios con México, ya que el eje de la reforma se centra en un incremento en la aportación de las empresas, pasando del 5.15% al 13.8%, es decir, un 168% más. Esta aportación irá aumentando en 1% anual, a partir de 2023, durante los ocho años subsecuentes.

La iniciativa exhibe la preocupación que tiene el sector privado de México por la enorme desigualdad que padecemos, y con estas acciones buscamos disminuirla, pues es precisamente esa situación de inequidad que vivimos, la que ha generado desesperanza y resentimiento entre millones de ciudadanos, sentimientos que los han hecho presa de discursos demagógicos y populistas que hoy tienen sumido a nuestro país en un proceso de destrucción.

Otra ventaja de esta propuesta es que ahora se les permitirá a las afores invertir en proyectos de infraestructura rentables, logrando con ello enormes inversiones financiadas con capital privado (de los trabajadores) que les permitirán obtener mejores rendimientos, pero sobre todo, que vendrán a sustituir la cada vez más escasa inversión pública, pues el gobierno ha dispuesto de los recursos que son de todos para sus programas clientelares.

Finalmente, se logra también que las afores se comprometan a reducir el cobro de sus comisiones, algo que era necesario dado que los cargos por estos conceptos en las cuentas individuales de los trabajadores llegaban casi a niveles de usura.

A propósito de esto, el domingo 26 de julio la senadora Martha Lucía Mícher publicó un artículo que raya en el cinismo y la mentira, haciendo creer que esta propuesta es una “iniciativa presidencial”. Es grotesco ver cómo, ante los nulos resultados, a los voceros del Gobierno Federal les encanta saludar con iniciativas ajenas. Si no han salvado empleos, mucho menos las pensiones.

Con esta iniciativa se cae el discurso gubernamental que señala a los empresarios como los malos y que ha pretendido hacernos los villanos favoritos. ¿Qué dirán hoy esos legisladores y servidores públicos de Morena que nunca en su vida han generado un empleo ni saben qué significa pagar una nómina? Aquí en Guanajuato hay vari@s. 

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