¿Realidad perversa y eterna?

A algunos analistas o simples ciudadanos asombra lo que ocurre en este México de nuestros días, en donde no se descubre sino que está a la vista de todos y todas la mezcla perniciosa del dinero y parte importante de la cuestión electoral.

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

Muchos políticos se hacen ricos y no pocos ricos se hacen políticos. Verdad nada oculta.

A algunos analistas o simples ciudadanos asombra lo que ocurre en este México de nuestros días, en donde no se descubre sino que está a la vista de todos y todas la mezcla perniciosa del dinero y parte importante de la cuestión electoral.

Es claro para muchos y muchas, que con solo buenas ideas y elocuencia, hablando del arte de gobernar, no se llega siempre a ningún buen fin, por eso la rapiña y el engaño siguen siendo, aquí y ahora, un elemento para alcanzar algunos puestos claves en el gobierno.

Se va a decir también que no todos los políticos son corruptos, lo cual es cierto. Igualmente se podrá afirmar que, como en la guerra, para ganar una batalla se requiere dinero, dinero y más dinero.

¿Qué hacer, como pueblo ansioso de dignificar esa parte muy significativa de nuestra existencia?.

La respuesta no es simple y menos está a la vista cuando hoy nos topamos con una danza millonaria en la que partidos y políticos, de viejo y nuevo cuño. Bailan al son del dispendio.

En el antier lejano pero no olvidado, todo lo ejecutaba en lo electoral, el mismo gobierno. Tenía su partido, nombraba candidatos, en ese tiempo varones, (todavía no se asomaban ni las llamadas "juanitas"). Se acudía a las urnas, pero las casillas resultaban  en poder del mismo oficialismo."Carro completo",¿para quién?. Hasta la pregunta ofendía.

Luego de mucho batallar y tropezones, la mafia del poder o en él, buscó ponerse otro rostro. Reformó los mecanismos  electorales y, en teoría, le dio pequeña luz a la democracia.

Nacieron nuevos partidos políticos, unos de mentiritas o sea con artificio y otros de verdad, con lo que se creó la pluralidad ideológica, programática y participativa, esencial a la democracia.

Lo trágico fue que en ese crecer y florecer de una nueva, alentadora realidad, apareció la cizaña. El germen de la perversión. Partidos de mentiritas o sea "paleros" del grupo dominante, ambiciones en los nuevos organismos y, otra vez, la truculencia de los malvados para escalar, a como de lugar, al poder. Por cierto la historia de la rapiña en Mèxico, a través de los partidos y mediante la política, va a ser una muestra de los bajos fondos en donde muchos que ahora exhiben cuantiosa fortuna, se nutrieron a costillas del pueblo.

Hoy, luego de las recientes elecciones, ya tenemos la otra realidad, no solamente de quienes ganaron y cuantos@ perdieron en las urnas, sino, además, de quienes jugaron a las elecciones con muy modernas trampas y sumas cuantiosísimas de dinero gastadas de manera  ilegal, para escalar.

Les caerá a los truculentos y truculentas ,una sanción económica, desde luego. ¿Podrá dolerles tal penalización a los partidos y sus militantes?. La pregunta es tonta, estuve a punto de decir que estúpida, pero me contuve, ya que esas infracciones son fáciles de reponer si entendemos que el poderoso caballero que es don dinero habita en las arcas públicas o proviene de las llamadas prerrogativas, de donde nada difícil es recuperar  lo que salió por una fundamentada sanción.

 Y dirán lectores y lectoras que me honran al pasar ojos y mente por estos conceptos: ¿qué hacer frente a una realidad tan humillante?.

La solución es simple, pero requiere de decisión: ponerles un hasta aquí a partidos y candidatos que han convertido la política en una especie de mercancía. ¡No votemos, jamás, por ellos!. Y menos festejemos su perversión.

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