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A sus 86 años Juan pela tomates y sortea automóviles para sobrevivir

Procedente de la Huasteca hidalguense, Juan comienza su jornada de madrugada en la Central de Abasto para luego pedir monedas en vialidades peligrosas.
 

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Por: Redacción

A sus 86 años Juan pela tomates y sortea automóviles para sobrevivir

A sus 86 años Juan pela tomates y sortea automóviles para sobrevivir

Con 86 años a cuestas y una sudadera ligera, que apenas lo cubre del cambiante clima de Pachuca, Juan pide dinero en el crucero de una avenida cercana a la Central de Autobuses de la capital estatal.

La tarde de ayer, casi es arrollado mientras pedía unas monedas a los automovilistas para poder sobrevivir, pues el semáforo se puso en verde y Juan caminó hacia un automóvil que estaba en el segundo carril.

Lo anterior, sin percatarse que en primer plano una camioneta recién avanzaba, pero afortunadamente el conductor pudo detenerla a tiempo y no pasó a mayores, situación que aqueja a Juan día tras día.

Y es que resulta sumamente difícil reaccionar rápido ante los vehículos, conducidos muchas veces por personas que no se interesan por quienes están dentro de la vialidad, solo por necesidad.

La edad lo limita y aumenta el riesgo de su labor, pero como dice, tiene que comer. Son pocas las palabras que pueden entendérsele, entre balbuceos trata de expresarse, pero pocas son las palabras claras.

Proveniente de Huejutla, a más de 220 kilómetros de distancia de Pachuca por la sinuosa carretera México-Tampico, habla con profundo acento que al conjugarse con el cansancio dificulta entenderle.

Sin precisar desde hace cuánto tiempo llegó en la capital estatal, compartió que vive en el centro de la ciudad y que debe caminar hasta el crucero que conforman los bulevares Rojo Gómez y Río de las Avenidas.

PRIMER TURNO

Agregó que su andar es lento y no puede ya trabajar, aun así, su jornada comienza entre las tres y cuatro de la mañana en la Central de Abasto, que se ubica frente a la Central de Autobuses de Pachuca.

En el centro de abasto se dedica a pelar tomates a cambio de 20 pesos por cada costal de medio metro de altura, lo que le significa dolor en sus manos trazadas por venas saltadas y la ya poca movilidad de sus dedos.

No supo decir a qué hora termina su turno, pero al salir de ahí se dirige al crucero bajo un puente vehicular para pedir dinero y completar sus gastos, donde gana entre 50 y 80 pesos diarios, en el mejor de los casos.

Tiene que ganarse la vida y no le importa sortear automóviles y motos, incluso autobuses que llegan a la terminal. Mucho menos le interesa cuando la gente dentro del auto lo ignora al acercarse a la ventanilla.

Una mujer, además de ignorarlo, arrancó su auto a pesar de que Juan estaba muy cerca de su ventana. Ni siquiera lo volteó a ver. Él avanzó al siguiente coche y así sucesivamente hasta conseguir alguna moneda.

De una ventanilla salió una mano para darle dinero. Juan se apresuró al lujoso vehículo, cuyo conductor solo le dio un peso. Enseguida volteó a la cámara y dijo “nomás un peso” mientras su mirada triste invadía el lente.

Fue el acabose de su turno en ese lado de la avenida. Desilusionado hizo señas para indicar que iba a cambiar al otro sentido y sin ver los semáforos, solo evitando automóviles, cruzó Río de las Avenidas.

Antes de perderse entre los autos dijo “un rato, ya viene la lluvia” y se fue a seguir ganándose la vida, que pone en riesgo entre autos, motos y autobuses.

8am

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