Abrimos o morimos, advierten restauranteros en Pachuca

En los restaurantes trabajan madres solteras, jóvenes con dos o tres hijos que sostienen sus hogares, ya sea como lavaplatos, encargados de limpieza, galopinos, chefs, ayudantes de cocina y meseros.

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Por: Víctor Valera

Abrimos o morimos, advierten restauranteros en Pachuca(Especial)

Abrimos o morimos, advierten restauranteros en Pachuca | Especial

Los restaurantes de Pachuca agonizan. En medio de la pandemia de COVID-19, las restricciones sanitarias amenazan a este sector productivo de la capital que resiste los vaivenes de las pérdidas económicas y aún es fuente de recursos para cientos de trabajadores y sus familias. Aunque no por mucho tiempo.

El sonido que produce el choque de las cucharas contra las cacerolas es un llamado de auxilio, sobre la avenida Juárez, donde lavaplatos, encargados de limpieza, galopinos, chefs, ayudantes de cocina y meseros muestran en cartulinas los mensajes: “Abrimos o morimos” y “Los restaurantes no somos foco de contagio”.

Desde el lunes de la actual semana, a las 13:00 horas, los restauranteros realizan cacerolazos en distintos puntos de la capital para solicitar a la autoridad permita abrir sus instalaciones a 30 por ciento de su capacidad.

El restaurante El Molino, ubicado sobre avenida Juárez, es fuente de empleo para 40 trabajadores, repartidos en dos turnos.

Aquí en el negocio hay madres solteras, jóvenes con dos o tres hijos, sostienen sus hogares, realmente está muy complicada la situación”, dice Víctor Ramón Coronado, encargado de la supervisión del restaurante.

Durante entrevista con AM Hidalgo, apunta que en la contingencia sanitaria El Molino no ha despedido a ninguno de sus trabajadores, aunque varios han buscado otras alternativas, por así convenirles económicamente.

Implementamos la medida de que un día vengan a trabajar unos y al siguiente otros”, explica y agrega que continuarán con los cacerolazos hasta que sean escuchados por las autoridades y les permitan abrir. “Tenemos que comer”.

Considera que es difícil que los restauranteros soporten tres semanas de cierre de sus establecimientos, con servicio solo para llevar, lo cual no es costeable, ya que sus ventas han disminuido de 80 a 90 por ciento.

Nos estamos sosteniendo hasta con un diez por ciento de las ventas”, dice luego de concluir el cacerolazo del jueves. Afirma que en El Molino todo ha sido desinfectado, “con una limpieza extrema”.

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