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Agua contaminada con gasolina, afecta la vida de Sonia en Cuautepec

La perforación de ductos y el robo de hidrocarburo trastocaron las actividades cotidianas de los habitantes de Santa María Nativitas.

Por: Hidalgo Redacción

Familias corren riesgos de salud | FOTO: Archivo AM

Familias corren riesgos de salud | FOTO: Archivo AM

Picazón en piel y ojos, diarrea y malestar estomacal, así es vivir con agua contaminada con gasolina en Santa María Nativitas, comunidad del municipio Cuautepec de Hinojosa en Hidalgo.

Sonia Román Pacheco, habitante de la localidad, cuenta que ya es insoportable el olor que despiden las tuberías y el agua potable que desde hace seis meses no pueden utilizar porque está impregnada de gasolina.

A sus 56 años de edad, con elocuencia y voz firme, dice que vivir en Santa María Nativitas no había sido tan difícil como ahora, con el agua que despide un olor a “lodo podrido”, que “se ve vidriosa como el petróleo”.

La perforación de ductos y el robo de hidrocarburo en la región de Cuautepec alcanzaron a sus habitantes y no para la comercialización, sino para contaminar sus mantos acuíferos y los pozos que abastecen la región, como lo confirmó a finales de diciembre de 2018 la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris).

EL MODO DE VIDA

Lo que menos le interesa a Sonia es que la ropa blanca de algodón que usan los cinco integrantes de su familia se torne de un tono grisáceo.

Incluso, ya se acostumbró a utilizar platos, cucharas, tenedores y vasos desechables para evitar que los trastes se impregnen con olor a gasolina.

Esta última medida la tuvo que aplicar para frenar la diarrea que le dio a su esposo durante dos semanas, justo antes de los festejos decembrinos.



Sonia mencionó que su pareja, Tomás Vargas González, padece diabetes desde hace 26 años, lo que provocó que perdiera la vista y que sus demás sentidos se agudizarán, a tal grado que todo lo que percibe le parece hidrocarburo.

“A él ya todo le huele a gasolina, le sabe a gasolina, mi esposo ya no ve, él perdió la vista desde hace tres años y es desgastante verlo que ya no se para de la cama, que ya no se puede parar de tanta diarrea”.

Así lo contó doña Sonia, como la conocen los vecinos de Santa María Nativitas, después de acomodarse su gorro verde de estambre y sus lentes oscuros que apenas dejaron ver sus pequeños ojos rasgados, pero que combinan con sus labios.

Sin pena, también dice que sus tres nietos que habitan con ella están “mocosos” y “granientos” por el agua que usan para bañarse, ya que a los habitantes no les queda de otra que ducharse con una ligera “dosis de huachicol”.

“No hay más que corretear a las pipas y rogarles y suplicarles que nos dejen agua aunque sea en un tinaco nuevo”, líquido que les dura apenas 15 días, tiempo en el que no es necesario cerrar los ojos al bañarse para evitar el ardor, ni requieren enjuagarse más de dos veces.

Aunque si no hay agua que lleven las pipas, a Sonia no le queda otra opción que agarrar tres garrafones, trasladarse a la cabecera municipal, Cuautepec, y por 30 pesos llenar sus contenedores que le servirán para el caldo de una sopa, un té o café.

“Merecemos tener el agua dignamente, por nuestros vecinos, por nuestros familiares, por nuestros ancianitos”, dijo Sonia, preocupada por el olor a gasolina que se desprende del agua que día con día tiene que consumir en esta región de la entidad hidalguense.

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