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Asel y Gabriel tocan un güiro y una trompeta por 200 pesos al día

Durante el invierno, ellos viajan desde Veracruz hasta Hidalgo para trabajar en las calles 

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Asel y Gabriel deben trabajar en un crucero a 130 kilómetros de su hogar para ayudar a la economía familiar | Foto: Víctor Galván

Asel y Gabriel deben trabajar en un crucero a 130 kilómetros de su hogar para ayudar a la economía familiar | Foto: Víctor Galván

En lugar de disfrutar las vacaciones de invierno, como muchos otros niños, Asel y Gabriel deben trabajar en un crucero a 130 kilómetros de su hogar para ayudar a la economía familiar.

Son originarios de Tecapa, una marginada comunidad perteneciente al municipio de Ilamitlán en  Veracruz cuya población no supera los mil habitantes.

Asel, el mayor de los dos, tiene 13 años y el agotamiento por estar todo el día bajo el sol es visible a primera instancia, además, sus labios secos y con heridas provocadas por varias horas tocando la trompeta le dificultan el habla.

A un metro de él está sentado su tímido hermano Gabriel de once años y justo dejaba un plato de unicel con un taco dorado que le sobró. Eran las tres de la tarde y ellos acababan de realizar su primer comida del día. 



Gabriel tomó su güiro plateado y se zambulló entre los carriles repletos de autos para pedir dinero mientras su hermano mayor entonaba una melodía con su trompeta.

“Salimos de vacaciones de la escuela y nos vinimos a trabajar con nuestra familia. Mi papá fue a tocar al Real del Monte. Él me enseñó desde los cinco años. Nuestras hermanas trabajan en una panadería y la otra en farmacia”, dijo Asel mientras vigilaba que su hermano regresara a salvo de su travesía entre automóviles. 

Del otro lado de la calle, otros dos niños parecían defender su territorio. Ellos venden chicles, por eso Gabriel procuraba no acercarse a su lado de la calle. Ambos equipos parecían respetar sus zonas.

“En un día normal sacamos como 200 pesos, de ahí agarramos para comer” agregó Asel. Gabriel sólo observaba a su hermano mientras era entrevistado, no parecía tener mucha confianza.


Llegó el momento una nueva misión entres los autos, esta vez hubo una fila mucho más larga y por eso los hermanos se apresuraron. 

Asel entonó con mayor intensidad una melodía que tenía ritmo de huapango al mismo tiempo que  Gabriel se apresuraba a visitar a todos los choferes que esperaban el verde del semáforo. Mientras más autos abarquen, más dinero pueden obtener.
“Nos vamos al cuarto como a las cinco, vivimos todos en Las Lajas. Ahí rentamos y llegamos a dormir toda la familia. Nos vamos a regresar como el seis de enero“, agregó sin aliento tras terminar con su canción.

Mientras muchos niños recibirán un presente de los Reyes Magos en su hogar, ellos estarán viajando en un sinuoso camino hacia su comunidad para prepararse a regresar a la escuela.

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