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Debemos seguir ‘chambeando’ porque las cuentan no paran: taxista de Tula

Don Ramón recorre las calles de Tula resguardado solo con un cubrebocas; no puede dejar de trabajar pues debe mantener a su familia.

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Por: Joselyn Sánchez

Debemos seguir ‘chambeando’ porque las cuentan no paran: taxista de Tula

Debemos seguir ‘chambeando’ porque las cuentan no paran: taxista de Tula

"Con la pandemia hemos tenido menos clientes, el pasaje se ha reducido hasta 70 por ciento, pero debemos seguir chambeando porque las cuentan no paran", comenta don Ramón mientras conduce por la ciudad de los Atlantes, en la que aún circulan varios automóviles. 

Las canas ya cubren parte de la cabeza de don Ramón y le hacen lucir tonos grisáceos en la nuca, en contraste con el azul del cubrebocas que lo acompaña durante su jornada. 

"Ya tenemos casi una semana usando cubrebocas", comenta el taxista de Tula mientras habla con su interlocutora, "es para protegernos y que podamos seguir trabajando". 

Las calles de la zona centro de Tula se ven menos concurridas que otros días, pero a su paso aún pueden verse muchos niños que caminan de la mano de su madre o sobre los hombros de su padre. También hay adultos mayores que salen a comprar algo para comer. 

"Imagínese, mi cuenta es de 400 pesos y estos días estoy sacando 450 o 500. Está canijo porque el patrón quiere su dinero, por suerte esta semana me redujo la cuota, pero aun así hay días peores y tengo que juntar para pagar", comenta mientras rasca la comezón ocasionada por el resorte del cubrebocas. 

"¿Descansar? Algunos sí ya se fueron a descansar, empleados de otros giros que tienen la posibilidad de quedarse en casa. A otros los han descansado a la fuerza porque no hay ventas para pagar salarios, pero nosotros aquí seguimos”, agrega el conductor. 
 

Mientras continúa su camino, de igual forma sigue su plática: “Por suerte nosotros (él y sus compañeros) tenemos una base y mientras menos me mueva gasto menos gasolina, pero otros son de ruta y al no tener base tienen que andar a la vuelta y vuelta. Algunos de ellos ya se fueron a sus casas porque, ¿quién quiere estarse endrogando con el patrón?” 

El hombre de más de 50 años comenta que sus ganancias disminuyeron hasta 30 por ciento desde antes de la contingencia sanitaria, debido a la estrategia de combate al robo de combustible en la zona de Tula, y ahora con la pandemia volvieron a caer hasta 70 por ciento, "pero ni modo, hay que aguantar", dice resignado. 
 

"La vida sigue, con enfermedad o sin enfermedad, uno no puede darse el lujo de quedarse parado, si lo pudiéramos hacer, pues qué bueno, pero al menos yo no, porque los gastos no paran, hay que pagar luz, agua, todo sigue corriendo, a lo mejor si pararan esos pagos podríamos hacerlo nosotros". 

Don Ramón entiende que las medidas implementadas por el gobierno son por precaución y no las cuestiona ni discute, reconoce que la salud es primero, pero también sabe que su familia depende de él, y aun con poca gente en las calles tiene que salir a ganarse el pan de cada día.

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