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En Las Palomas todavía esperan al “patrón” Zambada

A nueve años, las otroras productivas 60 hectáreas de la finca en Acaxochitlán se han convertido en reducto de talamontes

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Foto:Yurico Dávila

Foto:Yurico Dávila

A Pedro, la cara se le iluminó tan sólo de escuchar la pregunta de dónde estaba la Quinta Las Palomas ¿viene de parte del patrón? dijo sin pensarlo.

La vereda, en donde pastorea sus doce borregos, se encuentra en los límites al rancho confiscado hace justamente nueve años por la PGR a Jesús Zambada García, “El Rey Zambada”, junto con otro rancho denominado Los Alpes.

Y a este tiempo, la gente lo sigue esperando, todavía “miramos las avionetas que pasan por aquí y pedimos a Dios que sea el patrón, que venga por su rancho, que nos devuelvan la chamba”, afirma mientras le chifla a sus animales.

Pedro fue trabajador de la Quinta Las Palomas

Al igual que Pedro, los habitantes de al menos seis comunidades cercanas a las propiedades en ruinas, tienen un recuerdo grato de esa repentina bonanza que les dio trabajo “no mal pagado y constante” en la crianza de cerdos, vacas y en servicios de albañilería, jardinería, alimentos, mecánicos y demás. 

Fue el 31 de octubre del 2008 cuando la monotonía de la Quinta Las Palomas y Los Alpes, se vio interrumpida por la llegada de camionetas blancas, un helicóptero y muchos policías armados a catear e inmovilizarlos.

Todo era confusión, nadie sabía porque vaciaban los chiqueros, porqué subían a camionetas las vacas e implementos agrícolas. Nadie se explicaba, “porque nadie de aquí, hacíamos cosas ilegales”.

Nunca se imaginaron que el “patrón” era justamente El Rey Zambada, quien actualmente es juzgado por las autoridades estadounidenses por supuestamente introducir toneladas de cocaína a ese país en submarinos, aviones de carga, trenes, tráileres, en autos, en aviones tipo Boeing.

“Tal vez, allá hacía sus cosas, aquí eran buenas, solo puercos, leche y hasta fiestas”, explica Pedro.

Para Rubén Cruz, delegado tercero de Los Reyes, comunidad en donde están asentadas las ruinas del paraíso que eran Los Alpes y Quinta Las Palomas, fue una época en donde a muchos les fue bien.

“No pagaban mucho, unos 700 o 800 pesos a la semana, seguro social al último, ayuda en casos de enfermedades feas y hasta un puerquito para las familias” eran las bondades de estas fincas.

Lo más relevante es que era un trabajo seguro, “no teníamos que salir a vender chucherías a las ciudades, no había migración y los chamacos podían estar en la escuela ciclos completos”, dice.

Para ellos, no había nada extraño, “llegaba el dueño con sus guaruras, pero como todos los ricos, no eran muchos y se quedaba a veces fines de semana con su esposa y andaba a caballo”.

La imagen de cuando fue detenido El Rey Zambada por la policía a finales de octubre del 2008, no correspondía a la imagen bonachona y carismática que decían tenía en sus visitas.

Con miedo y en voz baja, cuentan de las fiestas organizadas por “El patrón”. Quedó muy grabado el último grito de independencia que dio junto con su esposa Rosy en los amplios jardines con invitación para todo el pueblo.

Hubo música de todos los géneros y los trabajadores estaban invitados junto con sus esposas e hijos, era una fiesta familiar donde hubo muchas carnitas, “mucho alboroto pero todos bien portados”.

Poco antes de la medianoche, El Rey Zambada arengó a los héroes que nos dieron patria y lanzó el ¡Viva México! coreado por sus empleados y vecinos.

Foto:Yurico Dávila

Sólo ruinas

Al hacer un recorrido por las 60 hectáreas de la Quinta Las Palomas, el deterioro y abandono, invitó a que depredadores desmantelaran los chiqueros, el establo, las naves que servían de bodega, así como la casa principal junto con sus áreas de seguridad y de los empleados generales.

En la zona norte, los detalles en herrería de una caseta de vigilancia, junto con ventanas y puertas ya desaparecieron, como también los tubos que servían de guía del ganado en el establo, también. Vamos hasta el techado.

Esto es una zona de nadie. “Cuando vamos a cortar hongos, dice Mariana, una comerciante de Los Reyes nos espantan que ya soltaron al “patrón” y que nos puede cazar con un rifle”, dice en confidencia.

Pero ella bien sabe “que son los taladores, que como nadie puede reclamar ya están dejando pelón el monte. Cortan arboles hasta chicos, hacen mucho daño. Hay muchas camionetas allá adentro que salen y entran con madera”.

Foto: Yurico Dávila

Mitos y rumores rodean esta finca en donde alguna vez corrieron más de 140 venados cola blanca, cebras, pavo reales, gallinas de Guinea, lagartos en una lujosa fosa y muchas otras especies exóticas que los vecinos no alcanzan a identificar.

Y sobre todo, que se constituyó en un centro de trabajo de al menos 120 familias que conocieron un salario semanal seguro, una seguridad social y que paradójicamente se los brindaba un mafioso.

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