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Finaliza el año y cierran los rones de Don Chino

La cantina emblemática cerró sus puertas debido a la venta del terreno donde se ubica y el nuevo dueño parece no querer conservarla

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“Don Chino” se vio obligado a cerrar ya que el anterior propietario vendió el terreno que consta de diez departamentos y siete locales Foto: Víctor Galván

“Don Chino” se vio obligado a cerrar ya que el anterior propietario vendió el terreno que consta de diez departamentos y siete locales Foto: Víctor Galván

Rones son amores con cientos de papeles colgados de alambres, pegados en las paredes y un mingitorio en la entrada del pequeño lugar que ayer cerró sus dos puertas de cantina para no abrir nunca más, porque la vecindad donde está ubicada fue comprada por otra persona.

Las carcajadas de los borrachos, estudiantes y albañiles que permanecen parados porque hay poco espacio y la música de una rocola quedarán flotando en la zona vieja de la capital porque llegaron a su fin más de 70 años de El Surtidor de Don Chino, cantina tradicional.

Durante su último día de tras de la vieja, amplia y despintada barra, Alfredo “Don Chino” Yong Cerón, cabello cano que abandonó parte de su frente y su tono de voz rudo, que parece regañar, no puede ocultar la tristeza porque le pidieron ocho millones de pesos para comprar el establecimiento, pero no los tiene. 

Todo parece viejo, en desorden, con muros cuarteados y descascarados que dejan entrever unos ladrillos largos, vetustos. Al fondo, botellas de caguama, de refresco y de cocteles.

Foto: Víctor Galván

¿Ocho millones de dónde los saco?
Tras atender la cantina prácticamente toda su vida, Don Chino se vio obligado a cerrar ya que el anterior propietario vendió el terreno que consta de diez departamentos y siete locales.

“No tuve para comprar y pues me sacan de aquí. Querían muchos centavos y no los tengo, ¿ocho millones de dónde los saco?”.

Ahora solo le queda buscar otra opción para continuar vendiendo los famosos rones y pudiera ser en la misma calle Nicolás Romero.

“Ya desmantelaron la vecindad, quitaron puertas y lavabos… Al vender, el nuevo dueño no sé si vaya a tirar, porque eso es lo que más pienso yo, que van a tirar. Me dieron hasta la última semana de este año. Si yo tuviera un contrato indefinido a lo mejor ya fuera el dueño”.

Don Chino se siente triste. “Es un trabajo donde he conocido a muchas personalidades, me dio para sacar a mis cuatro hijos, ya son profesionistas. Ellos me dicen que por qué me voy, que comprara esto pero ¿cómo? No se puede competir, es como si te dijera pido mil y tú tienes un peso”.



Foto: Especial

Su padre nació en China
Desde los seis años y bajo la enseñanza de su padre quien naciera en China, Alfredo atendió la cantina El surtidor. El record de ventas de Don Chino son 15 litros de alcohol en un solo día.

Uno de los más vivos recuerdos que tiene data de la Segunda Guerra Mundial. “Vi pasar 40 aviones del escuadrón 201”.

“Crecí aquí, fui a la escuela atendiendo la cantina. Mi papá era muy enérgico, allá en China los obligaban a trabajar desde chiquitos, él tuvo esa educación. Desde 1965 me hice cargo yo de la cantina”.

“Mi papá y yo abrimos, estaba yo en el mostrador. Eran de dos o tres centavos las copas. Ya en el 49 me acuerdo que le vendían el local a mi papá en 22 mil, que son 22 millones ahora. Luego le querían vender en 18 mil pero era lo mismo. Imagínate, eran veinte cubas de a cinco centavos para juntar un peso”.

Foto: Víctor Galván

El bisabuelo, el abuelo, el papá y el hijo, eran sus clientes

El famoso ron ha sido probado por varias generaciones y Don Chino lo presume.

“Toda la vida se ha servido ron, aquí ha comprado el bisabuelo, el abuelo, el papá y el hijo. Antes eran otros tiempos. Han venido hijos que le faltan al respeto a sus papás “Órale wey, vas a tomar conmigo o qué” y antes para que dijeras eso… nos pegaban con vara de membrillo”.

En 1976, dos años después de la muerte de su papá, se hizo cargo de la cantina.
 
“Mi papá fallece de tifoidea en el 74. Se llama Surtidora porque surtía a todo el mundo, de todo vendíamos. En recuerdo de él no le cambié el nombre. Se quedó como “El Surtidor de Don Chino, cantina tradicional de los 40”.

“Empezamos a vender aguardiente, las famosas hojas. A las cuatro y media de la mañana te parabas, prendías la lámpara de gasolina, ponías una olla con hojas de naranja. Llegaban y decían “don Miguel, deme unas hojitas”. 

“Había aguardiente y alcohol. Se tomaban sus copitas y se iban a la chamba o a dormir”, cuenta Don Chino a tras de la barra y con un mandil verde claro.


Foto: Víctor Galván

El origen de los famosos papelitos
Algo muy llamativo de la cantina eran las miles de hojas pegadas en sus muros, cada una con los nombres de los grupos de amigos, principalmente universitarios, que visitaron el lugar.

“Venían estudiantes de las universidades y me rayaban las paredes y ahí estaba yo, pintando a cada rato. Entonces una vez les dije “no, no, no, ya no me pinten mejor peguen un papelito ahí” 

“Así empezaron a pegar, luego vinieron otros clientes, pusieron una exposición fotográfica y cuando se llevaron sus fotos se quedaron los alambres. Ahí los muchachos pegaron sus recuerdos”.

Este sábado de fin de año vino acompañado de la desaparición de uno de los lugares más famosos e históricos de Pachuca y 2018 decidirá si los tradicionales rones de Don Chino siguen alegrando a la ciudad, con su calor.

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