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La caída del Chapo. Crónica de una sentencia anunciada

El Chapo accede y comienza agradeciendo a su familia, hijas, esposa, abogados públicos y privados y a “todas las personas que oraron por mí. Me han dado fortaleza durante esta tortura de 30 meses”

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Por: Enrique A. Gómez Zermeño / Enviado Redacción

La caída del Chapo. Crónica de una sentencia anunciada

La caída del Chapo. Crónica de una sentencia anunciada

NUEVA YORK - Después de meses de testimonios y semanas de deliberación, por fin llegó el día de la sentencia del llamado “Juicio del Siglo”. Ocurrió lo esperado:  sentencia de cadena perpetua a 'El Chapo' Guzmán.

Llegué a las 6.30 a Cadman Park, en Brooklyn. Aquí se encuentra el edificio de la Corte del Distrito Oriental de Nueva York y me encuentro con grupos de camarógrafos, locutores, reporteros y corresponsales internacionales, entre trabajadores de la Corte y otros interesados del público. El juicio ha tomado tanta prominencia que el New York Times definió a los curiosos que lo siguen como “narcoturistas”.

Traer al Chapo aquí, a la sede de la Corte, no es tan sencillo como subirlo a un taxi amarillo. Para su transporte desde el Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, ubicado del otro lado del East River, es necesario cerrar por completo el puente de Brooklyn, y asegurar con patrullas y botes su cruce hasta el edificio de la corte.

Se escuchan voces en español e inglés y hasta alemán, voces de periodistas, corresponsales de periódicos, sitios web, radio y televisoras como CNN, Telemundo y CBS,  además de empleados de la Corte y público en general.

Afuera de la Corte, los periodistas están trabajando, preparan su reportaje, desayunan. Otros duermen sobre la acera en espera de que abran las puertas de la Corte a las 7.30. A pesar de que no hay un sistema formal de fichas para entrar de forma ordenada, los reporteros se auto-organizaron.  “Hay una libreta al frente” me dice la corresponsal de EFE. Voy y me apunto con Phoebe, una reportera veterana que, después me entero, estuvo en la puerta desde por lo menos las 6 pm del día anterior.  Me asignan el número 56, y a esperar. A pesar de eso, no podré acceder a la sala donde se emitirá el juicio, sino a un salón lateral donde todos los días transmiten lo que sucede con un sistema de circuito cerrado.

A las 7.30, cuando abren las puertas de la Corte, ya hay una fila de más de 70 personas.

Para llegar a la sala del juicio situada en el piso ocho, hay que pasar dos filtros de seguridad. Un filtro normal para entrar al edificio de la Corte, donde te piden el teléfono, y otro adicional, especial para espectadores de alto perfil, ubicado justo al entrar a la sala. El salón donde se dictará la sentencia está lleno y paso a la sala donde se hace la transmisión simultánea. Sentada a mi lado se encuentra la supuesta hija mayor del acusado, Rosa Isela Guzmán, acompañada de otras dos mujeres, quienes no fueron admitidas al salón principal al no tener parentesco registrado con El Chapo.

En el salón principal está Emma Coronel fuera del cuadro de la cámara.  Observo la entrada del Chapo, sonriente, de bigote, acompañado de su traductora y abogados, quienes pasan después del juez Brian Cogan. Ahí se encontraba la fiscal Andrea Goldman. Lo primero que hace el narcotraficante es preguntar por su esposa.

La sesión comienza con la declaración de los abogados defensores, quienes argumentan que no se hizo justicia durante este proceso.

Las salas de justicia son como en las películas, cubiertas en madera, con un estrado para el juez enmarcado por paneles de mármol y el emblema del águila calva en la parte central.

La sesión comienza con la declaración de los abogados defensores, que argumentan no se hizo justicia durante este proceso.

Su abogado apela a un sentido de patriotismo americano, al “excepcional sistema de justicia” y nos recuerda el increíble alto perfil del juicio y toda la publicidad generada, incluyendo la revelación de Vice.com, acusa que los jurados no fueron debidamente vigilados, y estuvieron expuestos a los medios, situación que va en contra de las reglas.

El abogado acusa al jurado de omitir la verdad, “conspiraron en contra de la Corte” afirmó. “Rompieron otras reglas como el uso de un reloj inteligente para hacer grabaciones”.

Cierra su declaración diciendo:

La historia tomará este juicio con escepticismo. Logramos exactamente lo opuesto [de lo que busca el sistema de justicia], y eso es vergonzoso”

Seguido del abogado, el juez ofrece al acusado la oportunidad de decir unas palabras, como es tradición en las sentencias americanas. El Chapo accede y comienza agradeciendo a su familia, hijas, esposa, abogados públicos y privados y a “todas las personas que oraron por mí. Me han dado fortaleza durante esta tortura de 30 meses”

Su mensaje es redundante pero claro: en la cárcel lo tratan en condiciones “inhumanas”.

Me veo obligado a beber agua no higiénica, todos los días negado a ver luz solar o a respirar aire del exterior”

“Me duele mi garganta, mi nariz, tengo dolores de oídos y de cabeza. Para dormir tengo que tapar mis oídos con papel higiénico. [A] mi esposa no le han dado permiso de que me visite, no se me ha permitido dar un abrazo a mis niñas”.

“[Sufro de] tortura emocional, mental, psicológica 24 horas al dia. Es lo más inhumano que he pasado en mi vida. En pleno siglo 21 no deberían dar estos tratos crueles e inhumanos”

Después continúa con el argumento que comenzó su abogado, todo dicho en español, con acento característico del norte del México, y traducido por uno de sus abogados:

“Cuando fui extraditado a EEUU esperí un juicio justo, donde la justicia es ciega [...]  pero lo que pasó fue lo opuesto. El jurado prometió seguir las reglas, pero vieron todos los artículos donde se dañaba mi reputación”.

“¿Por qué fuimos a juicio y no sentenciarme desde el primer dia?, un jurado no era necesario. Ya que el gobierno de Estados Unidos me enviará a una cárcel donde no se volverá a escuchar mi nombre, aprovecho esta oportunidad para decir: aquí no hubo justicia’.

“Si usted me niega un juicio donde todo el mundo no esté viendo la prensa, deja claro que EEUU es como cualquier otro país corrupto como los que ustedes no respetan”. El Chapo termina su argumento agradeciendo al juez.

La fiscal Andrea Goldbarg toma el micrófono para decir:

La justicia fue servida en esta corte en febrero de este año” y recuerda al juez del uso ilimitado de violencia y corrupción por el que fue condenado el Chapo.

“El señor Guzmán no ha demostrado ni una pizca de vergüenza o contricción, no se arrepiente por sus crímenes, no tiene respeto por la dignidad humana de sus víctimas de asesinato y las víctimas de sus drogas”

“La sentencia de cadena perpetua más 30 años es una sentencia justa para el acusado”.

Posteriormente se da la oportunidad de que víctimas del acusado, presentes en la sala,  tomen la palabra. Andrea Vélez, quien fuera asociada del cártel de Sinaloa, dice entre sollozos:

Quiero dejar de ser un nombre sin rostro, dejar de ser sujeto de especulaciones y habladurías”

“Hoy vengo aquí por un milagro de Dios, por qué el Sr. Guzmán trató de matarme, y tengo la oportunidad de decir la verdad, y la verdad nos hará libres”

Asegura Vélez tener pesadillas de cuando el Chapo la usó como carnada para capturar a un enemigo en Ecuador. de cómo un grupo de comandos armados junto con la Policía Federal fueron a buscarla a su apartamento en la Ciudad de México. De cómo ofreció un millón de dólares a los Ángeles del Infierno (Hell’s Angels). “Escapé con ayuda del FBI”.

Pero también confiesa que ha pecado, que sufrió del síndrome de Estocolmo, y que en el pasado llegó a considerar al Chapo su familia, pero al querer distanciarse, sus amigos se convirtieron en captores.

Solo podía dejar la organización con mi cuerpo en una bolsa de plástico con los pies de frente. Mis sueños de grandeza se convirtieron en mi peor pesadilla. Me convertí en una sombra sin nombre, temerosa de mi pasado, tuve todo y lo perdí todo, hasta mi identidad.”

“Señor Guzmán, como pido perdón yo le perdono y espero usted pueda perdonarme, tiene dos hijas a quienes no le gustaría que les pasara lo que me pasó a mí”, dice Andrea entre lágrimas, mientras el Chapo voltea hacia el público, sin reacción visible a las palabras de su víctima sino viendo a su esposa, quién probablemente nunca volverá a ver en persona después de hoy.

Posterior a esta declaración el juez procede a explicar que la sentencia mínima es un mandato del congreso, y de cómo publicó un documento de 45 páginas explicando la decisión de no repetir el juicio después de las revelaciones de Vice.com, ya que los hechos presentados no tenían comparación con la serie de acusaciones hechas contra el Chapo.

La sentencia dictada por el Juez Cogan fue la esperada: cadena perpetua, treinta años más,  concurrentes por usos de armas de fuego, encima de 24 meses concurrentes por lavado de dinero de procedencia ilícita. La multa final fue de $12,666,191,704 dólares.

El Chapo y su equipo de defensa tendrán 14 días para solicitar un amparo, algo que se espera harán.

Al dar la sesión por terminada, el Chapo hace señales a su mujer, le manda un beso, y pone su mano sobre el corazón. Emma, quien mantuvo la cabeza baja durante

La prensa corre de vuelta a la sala donde está su teléfono para enviar los innumerables reportes que leeremos hoy. Al salir de la corte, están las cámaras de televisión listas para la eventual declaración del fiscal.

Joaquín Guzmán, el Chapo, casi seguramente será enviado a cumplir su sentencia a la cárcel de máxima seguridad más prohibitiva de EEUU, en Florence Colorado.

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