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Los llanos de Apan, de pulquero a cervecero

Acopinalco un pueblo que se niega a perder su tranquilidad, pero que disfruta de la modernidad

Por: Hidalgo Redacción

La tranquilidad de Acopinalco se ha visto interrumpida por máquinas que construyen la nueva fabrica de la cervecería Modelo Foto:Yurico Dávila

La tranquilidad de Acopinalco se ha visto interrumpida por máquinas que construyen la nueva fabrica de la cervecería Modelo Foto:Yurico Dávila

El apacible paisaje de los llanos de Apan --que en algún momento inspiraron al pintor Jorge Cazares para adornar las cajitas de cerillos La Central—de repente se ve interrumpido por dragas, seguidas de máquinas amarillas que furiosas aplanan y excavan para limpiar el asiento de lo que será la planta de la Cervecería Modelo.

Atrás de ese gran terreno circundado por malla ciclónica, vigilante se encuentra Acopinalco, un pueblecito de muchos años de “gente buena” que experimenta la modernización con el cambio de sus hábitos, porque dejaron la agricultura para dedicarse a administrar camiones de volteo, combis del servicio público que adquirieron a partir de la liquidación de sus tierras.



Sobre la carretera de Ciudad Sahagún a Emiliano Zapata, la presencia de un paso a desnivel de buena manufactura, marca la entrada a lo que será la segunda planta de producción de cerveza más grande el mundo. La primera está en Zacatecas y es de la misma marca.

Un camión blindado, conocido como “armadillo” propiedad de la Secretaría de Seguridad Pública junto con algunas patrullas permanece a la entrada de la vereda, por donde entran cientos de trabajadores y camiones que llevan y traen a diario materiales.
A partir de allí y hasta 200 hectáreas de fondo se encuentra el terreno, que en su primera fase es aplanado y provisto de los servicios para construir la planta que en el primer trimestre de 2019 sacará su primera cerveza a la venta.



Los cerca de mil habitantes de Acopinalco ya sabían que esto sucedería, al menos así lo dedujeron cuando vieron volar insistentes los helicópteros por esos terrenos, que luego se convirtió en un constante ir y venir de los negociadores para comprar los terrenos.

“Algunos de a 500 mil pesos la hectáreas, otros de 300 mil, pero por allí anduvo el asunto”, afirma Modesto García mientras hace trabajos de albañilería en una casa frente al terreno donde rugen las máquinas para crear el emporio de la Modelo.
Para el delegado electo de Acopinalco, Enrique Sánchez López, esta repentina modernidad ya la habían avizorado desde hace cinco años cuando inició la compra de los terrenos.



“Somos un pueblo tranquilo en donde todos nos conocemos, donde todos hemos puesto de nuestra parte para ser el pueblo ejemplar que somos, y es cierto, tenemos dos patrullas para seguridad de la comunidad, nos hicieron un auditorio muy digno, tenemos can chas deportivas en óptimas condiciones, creo que hemos alcanzado una buena vida”.

Y aclara que parte de esos beneficios, se dieron a raíz de los acuerdos con el gobierno estatal quien “nos apoya en un interés común, porque nosotros le apostamos a vivir mejor y ellos hacen sus programas”, dijo.

El médico veterinario muestra su extrañeza en torno a un repentino crecimiento de su pueblo, “ya no podría, porque la zona urbana ya se agotó, de un lado tenemos el ejido de Tepetates, del otro también hay ejido, entonces ya no hay espacio para asentamientos. Lo que podría suceder es que dividan los ejidatarios sus lotes urbanos para crear negocios o cosas así”.



La avenida principal inicia con una caseta de vigilancia y está toda alumbrada, según la Sedesol prácticamente toda la población cuenta con agua entubada, servicio de drenaje, el uno por ciento no tiene energía eléctrica. Y todo esto se logró en cuestión de cinco años, según lo indica el Inegi.

Ahora, los tractores agrícolas se intercalan con los camiones de carga que llevan y traen todo el día piedra, tepetate y arena para la obra. Las veredas cuidadas por muchachas sonrientes de gafas transparentes y cascos amarillos son regadas por pipas que evitan el polvo durante la jornada.

Ahora, la cebada de los llanos de Apan servirá para producir millones de litros de cerveza, esa bebida que irónicamente acabó con el pulque, aquella bebida que le dio renombre a esa región del oriente de Hidalgo.

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