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Miguel Hidalgo, el coloso incólume de Pachuca

Llegué a Pachuca hace casi 20 años y la ciudad no ha hecho sino crecer y transformarse; sin embargo, el Padre de la Patria seguirá en las alturas partiendo el viento bravo de la Bella Airosa.

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Por: Iván Lozano

Miguel Hidalgo, el coloso incólume de Pachuca(Archivo AM)

Miguel Hidalgo, el coloso incólume de Pachuca | Archivo AM

Llegué a Pachuca por vez primera un sábado de 2003. Desde la Central de Autobuses del Norte en el entonces Distrito Federal pregunté al conductor cuánto tiempo hacía, “hora y cuarto, más o menos”, respondió. Ahora son casi dos y no es raro que sean más. 

Estaba nervioso porque vine a presentar un examen de admisión y temí llegar tarde. Desde los primeros asientos echaba un ojo a la carretera en espera de cualquier indicio de arribo a la capital del paste, pero la monotonía de la autopista mermó mi ánimo y después de media hora ya cabeceaba en el asiento hasta que por fin me dormí. Habrán sido solo unos minutos porque al despertar tenía al frente, con antorcha en mano, al mismísimo Padre de la Patria. Había llegado a Pachuca.

La estatua monumental me fue de mucha utilidad a partir de entonces, era una buena referencia para ubicarme o llegar a un sitio que desconocía: “¿Cómo llego desde la estatua de Hidalgo?”, decía, pues encontré hospedaje no muy lejos de ahí. “Ah, desde la 24 horas”, me corregían, que es como todos los pachuqueños conocen al lugar sobre el que se alzaba el monumento de 142 toneladas de peso con todo y losa.

Tiempo después, en charla con un compañero de trabajo que nació en la capital, me contó que hasta hace pocas décadas la estatua era referencia del sur de la ciudad. Para cuando yo llegué, más allá de C. Doria era ya muy lejos y desde entonces Pachuca no ha hecho sino crecer. 

La construcción de los distribuidores viales ha modificado recientemente la pinta urbana de la ciudad cuna del golf, como anteriormente hicieron fraccionamientos, edificios y hasta centros comerciales. Cuando me mudé, plaza Galerías Pachuca no existía, tampoco el complejo de alta plusvalía conocido Zona Plateada. Esta vez, a ese panorama se sumará el desde ahora famoso puente atirantado por el cual don Miguel Hidalgo tuvo que bajar del pedestal en que lo encumbraron como iniciador de la revuelta independentista.

Según personal que se encargó de bajarlo a la altura de los mortales, su nuevo sitio estará a 12 metros del piso en las inmediaciones de su lugar original. Es decir, serán alrededor de 25 metros totales hasta la punta de la antorcha que sostiene el titán de piedra que, a pesar de su colosal tamaño y lugar de privilegio, no goza de la fama que tiene su representación más pequeña y más antigua que luce en la plaza Constitución desde inicios del siglo pasado.

Son casi 20 años desde que llegué a esta ciudad que se ha transformado. No obstante, aun entre nuevos edificios, nuevos puentes y nuevas personas, don Miguel Hidalgo y Costilla, vigilante y gallardo, seguirá partiendo el viento bravo de la Bella Airosa.

8am

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