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Organilleros en peligro de extinción, hay que preservarlos

Eduardo Núñez Pérez, organillero por vocación, lucha por mantener una tradición que data del porfiriato

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Nació en el Estado de México y desde hace 15 años se dedica a preservar la historia de los organilleros.

Nació en el Estado de México y desde hace 15 años se dedica a preservar la historia de los organilleros.

Una tradición de más de cien años desaparece junto a quienes tratan de preservarla debido al poco apoyo en estos tiempos, pero Eduardo Núñez Pérez, organillero de Ecatepec, luce optimista y cada día, en cada ciudad que visita, sale con la frente en alto y su organillo a llenar de música el agitado ambiente urbano.
 

Nació en el Estado de México y desde hace 15 años se dedica a preservar la historia de los organilleros; sin embargo, diariamente se enfrenta a la indiferencia de los ciudadanos que no muestran interés en una tradición de muchas décadas.

“El organillero llegó a México con Porfirio Díaz alrededor de 1880, cuando viaja a Alemania y le regalan algunos organillos. Los trae y los empieza a utilizar en eventos de gente de mucho dinero”. 

Y Eduardo agrega desde una calle de Pachuca: “Cuando unos hermanos alemanes de apellido Wagner comenzaron a hacer el organillo aquí en el país ellos fueron los que se empezaron a parar en las esquinas a tocar, porque no tenían de qué vivir”.

Al inicio, la música era alemana y un pequeño mono pedía dinero pero ahora con la ley de protección animal ya no nos dejan. “El changuito es la esencia del organillero”.
 

TRADICIÓN FAMILIAR

Eduardo es organillero desde los 15 años y algunos vecinos de su natal Ecatepec fueron quienes lo ayudaron.

“Yo entré por mi papá que empezó hace como 20 años, porque allá por donde vivimos tenemos varios amigos que son organilleros y entre ellos nos empezaron a recomendar porque no a cualquiera le prestan el organillo que ya no hay”.

Eduardo quiso ser organillero cuando tenía 15 años porque se percató de que cada vez menos gente se dedicaba a ese oficio y no quiere que desaparezca.

“Me interesé por la cultura, para preservar la tradición. A mí se me hace muy triste que algo tan antiguo y tan bonito desaparezca. Se dice que los organilleros estamos en peligro de extinción por lo mismo de que la gente ya no nos apoya, ya no se interesan”.

A Eduardo se le dibuja una gran sonrisa en el rostro cuando recuerda todo lo que le ha permitido este oficio.

“A mí me gusta mucho mi trabajo porque no solamente estamos en Pachuca, nos vamos a Guadalajara, Guanajuato, Zacatecas… también hay un compañero de Tijuana al que mandaron a representar a México por primera vez a un evento de organilleros en Alemania”.

Ese evento es cada cuatro años y “me gustaría asistir en algún momento, para representar orgullosamente a mí país”.

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8am

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