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Su hermana le salvó la vida con un riñón

Luis, quien actualmente es estudiante de Derecho, recuerda el difícil proceso que comenzó con un examen médico de rutina

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Luis Felipe Orta Mejía,  se enfrentó al complejo proceso de encontrar a alguien compatible para el trasplante. 

Luis Felipe Orta Mejía, se enfrentó al complejo proceso de encontrar a alguien compatible para el trasplante. 

Luis Felipe Orta Mejía nunca imaginó que su vida cambiaría en menos de un año cuando tras realizarse unos estudios de rutina diagnosticaron que necesitaba urgentemente un trasplante de riñón, el cual finalmente fue donado por su hermana. 


En ese año, Luis se enfrentó al complejo proceso de encontrar a alguien compatible para el trasplante. 


Su historia comenzó en enero de 2016, antes de que Luis cumpliera la mayoría de edad. Aunque su rostro muestra tranquilidad, recordar provoca que su semblante se torne distinto. 


Mientras camina con sus zapatos negros de gamuza por un pasillo del Hospital General de Pachuca, cuenta su historia para AM Hidalgo.

 
Recuerda que el frío es común en el nosocomio, por eso lleva suéter y una cálida bufanda estampada de figurillas que apenas se alcanzan a distinguir. 


SOLO IBA A UNA REVISIÓN RUTINARIA

A Luis se le diagnosticó insuficiencia renal tras unos estudios de rutina que decidió realizarse; sin embargo, aseguró que antes de los resultados no había tenido ningún síntoma; "mi vida era normal, bonita", recuerda. 


Durante el último mes de 2016 lo cotidiano para Luis cambió, dijo tras hacer una pausa, tomar aire y continuar la conversación. 


Los dolores se agudizaron el 24 de diciembre en la víspera de navidad. "Tenía muchos hematomas en mi cuerpo, mis pies hinchados, vómito ácido".


Pero fue hasta el día 27 cuando ingresó al hospital a causa de los resultados clínicos que arrojaron creatinina y urea elevada.


"En ese momento yo iba muy mal, me colocaron el catéter para hacerme mi primera hemodiálisis, la cual fue muy agotadora".


Luis dijo que ese procedimiento no sólo lo afectó en aspectos emocionales sino también físicos, tanto que llegó a pesar 46 kilogramos.


SU HERMANA, SU SALVADORA

Luego de practicarse los estudios y protocolos correspondientes entre sus familiares, su hermana fue la candidata aceptada para donarle un riñón.


No obstante, existía otro obstáculo, la falta de recursos económicos. Ortega Mejía contó que para resolver ese aspecto, acudió a la asociación ALE, encargada de donación de órganos, quienes pagaron los gastos que el trasplante requería. 


"En ese momento te das cuenta que quienes dicen ser tus amigos se alejan de ti, pero conoces a personas maravillosas".


A ocho meses del trasplante y con un semblante de optimismo hace su vida normal, al igual que su hermana; cursa la licenciatura en Derecho y sólo toma tres medicamentos al día.


"La lección es que hay que disfrutar cada día, cada momento sin preocuparse sin nada", puntualizó antes de salir del Hospital.

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