¡Cómo no te voy a querer!

EL NÚMERO 12

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Por: Carlos Castelán

Bienvenidos mis queridos lectores a un número más de esta su columna de confianza. El día de hoy el corazón no me cabe en el pecho por la felicidad que implicó ganar la llave de los cuartos de final frente a las águilas del América.

Los Pumas son la cenicienta que se la pasó sufriendo al principio de la película y ya entrado el tercer acto se convirtió en una escuadra de lustrosa apariencia, preparada para deslumbrar a todos en la fiesta grande. El sábado pasado hizo lo que de cualquier grande se espera: ganar, golear y gustar.

Se sabe que al aficionado universitario es fácil tenerlo contento, somos conscientes de que en las arcas no hay dinero y en el césped no es que sobre el talento; pero, si el equipo muestra pundonor y “amígdalas” (como dijera Hugo Sánchez), a los jugadores difícilmente se les reclama.

Con todo y la horrorosa gestión de Jesús Ramírez en la dirección deportiva, Andrés Lillini ha demostrado ser un técnico en vías de llegar a los vuelos de Ricardo Ferretti, porque con una plantilla que es de las peores en el futbol mexicano, ha logrado alcanzar una final y una semifinal (hasta el momento), todo basado en un delantero potente y canteranos que le meten el pecho a las balas.

Sin Caros González ni Johan Vázquez el equipo se ha mantenido a flote, Freire volvió a ser importante en la defensa y Juan Ignacio Dinenno ha encontrado en Mozo a un buen socio que lo abastece de balones por la banda.

En una segunda línea, el ecuatoriano Washington Corozo es una grata revelación; el muchacho tiene ganas constantes de desborde y del uno contra uno y, a su vez, un alto índice de error en el último pase. Con todo y ello es el que intenta cosas diferentes e incluso ha logrado darle algo de juego a Dinneno, que al inicio de la temporada estaba más solo que profe a fin de quincena.

Para terminar esta declaración de amor, qué gusto da ver a los canteranos dignificar la camiseta. Jerónimo Rodríguez va que vuela para convertirse en el próximo referente auriazul (siempre la UNAM se ha caracterizado por sacar excelentes laterales, a Mozo, que para mí sigue siendo un tronco, el técnico Lillini le está escondiendo bien las costuras, en el partido contra el América uno no sabía si estaba viendo a Mozo o a Cafú, gracias a que lo soltaron por la banda, pero dejando bien resguardada la pradera derecha con alguno de los mediocampistas.

La nota mala la dio el juvenil mediocampista Erik Lira que, a pesar de haber dado un partidazo, comiéndose el medio campo, tras el triunfo publicó en redes sociales un festejo para mi gusto excesivo y hasta cierto punto innecesario. Por la boca muere el pez, dicen alguno.

El próximo rival es el Atlas, y si club universidad sigue jugando de la misma manera, hay una alta posibilidad de disputar nuestra segunda final en dos años.

¡Cómo no te voy a querer!

¡Hasta la próxima!

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo. 
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