Contenidos inapropiados para niñas y niños e inclusión forzada

FRENOLOGÍA 

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Por: Iván Lozano

Cuando era niño me gané un cuadro de Robocop en el juego de las canicas, la imagen era clásica: Alex Murphy mientras bajaba de su patrulla. El patrullero cibernético me encantó desde la primera vez que la vi en las películas de Canal 5 y la veía cada que podía, por supuesto recordaba bien muchas escenas. Después pasaron algunos años sin verla y cuando volví a hacerlo, ya bien entrado en mis 20, me fascinó de nuevo, pero me sorprendió su violencia gráfica en cuanto reparé en ella, cosa que nunca hice de pequeño.

Años después, mientras veía en televisión por cable la popular película de Luis Estrada, El Infierno, pensaba en la censura que la televisión hacía (o hace, ya no lo sé) a las películas que transmitían. En esa, por ejemplo, quitaron las partes en las que había relaciones sexuales, pero dejaron todas las balaceras y escenas de tortura, como en la que cortan la oreja a un personaje. Al parecer en México nos incomoda más cualquier manifestación sexual en películas que la violencia explícita que puedan mostrar.

Bien conocida es la polémica alrededor de Lightyear, la nueva producción de los estudios Pixar y Disney que profundiza en el mundo de Toy Story. Un solo y breve beso lésbico desató críticas varias contra la cinta por parte de personas que argumentan (según mi percepción) principalmente dos cosas: atentado contra la niñez mexicana y la inclusión forzada. 

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Sobre el primero reprochan a la industria hollywoodense y a Disney por pretender adoctrinar a niñas y niños con ideologías “anormales”, así como mancillar su inocencia infantil al exponerles escenas sexuales inadecuadas para su edad, pues ellas y ellos quieren solo “divertirse y ver cohetes”. 

Si una película o producto cultural, música, videojuegos, etcétera, tiene el poder por sí misma o en conjunto de modificar y dirigir el comportamiento humano, en este caso para convertir a las futuras generaciones en homosexuales, haríamos bien en revisar el contenido de otros materiales que pueden ser mucho más perjudiciales para la sociedad, como cintas o series sobre narcotráfico, guerras, pandillas, asaltantes, espías, entre otras, pues en lugar de gente besuqueándose por amor o deseo, tendríamos un montón de personas balaceando y cortando orejas por todos lados… Ah, caray. 
  
Respecto a la inclusión forzada, considero pertinente identificarla, es decir, no solo que la intención inclusiva tenga como fin principal cumplir una especie de “cuota”, sino que incluso vaya en detrimento de la fluidez narrativa en una historia. Para este caso suelo recordar el exitoso cierre de la saga del Infinito de Marvel, Endgame, donde una escena consistió en poner a cuadro a todas las mujeres “heroínas” para “demostrar” que ellas también pueden luchar como sus pares varones. El ejercicio me pareció innecesario, al menos en esa forma ramplona y sinsentido que terminó por generar una inconsistencia en la narración.

Sin embargo, aunque pienso que sí existe la llamada inclusión forzada, también creo que ya de buenas a primeras a cualquier cosa la acusan como tal. A quienes molesta, apresuran los dedos para señalar que lo importante de una película es su historia y no el color o la condición de las personas que actúan en ella, pero respingan solo cuando les cambian a un personaje blanco sin esperar precisamente a ver si la historia es buena como para llenar sus expectativas. ¿Entonces qué es lo que incomoda?

No debemos olvidar que Hollywood es una industria cuyo fin es el negocio, así que al menos levantaría una ceja si alguien me dice que su objetivo es la representación social justa. Empero, en contraparte, la conspiración del lobby gay auspiciada por millonarios para terminar con la familia y así con el mundo entero, me parece de un absurdo intratable. 

Evitar que niñas y niños tengan acceso a contenidos perjudiciales o inapropiados no es asunto menor, pero es cada vez más complicado, pensar que su contacto con el mundo puede limitarse a la familia y sus normas es ingenuo. Explicar, sin embargo, es más sencillo; por ejemplo: decirles que las lesbianas existen, se aman y se besan. Simple.

Cada quien tiene libertad de criar como considere a sus hijas e hijos con la intención de hacer lo mejor. En mi caso, considero más importante impedir la naturalización de la violencia y la propagación de prejuicios que muchas veces terminan en odio y agresiones, que “protegerlos” de un beso lésbico en una película familiar como si hubiera algo mal en ello.

ACLARACIÓN       
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo

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