Opinión

Crónica del coronavirus

NUBE ESTÉRIL 

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Por: Víctor Valera

Los dos únicos pasajeros descienden del camión de la ruta Pachuca-Tula, que avanza lento entre los pueblos del Valle del Mezquital. Antes, el conductor les dijo que no sabía si la central de autobuses cerraría para evitar contagios por coronavirus, que aún no estaba definido.

En la colectiva que recorre los municipios Mixquiahuala-Progreso-Chilcuautla, una señora platica con una joven. Van a su trabajo, aquella dice que alguna conocida sudó tremendas calenturas, pero comiendo papa hervida se curó. La otra agrega que incluso el gobernador se contagió.

Un joven que despacha boletos para los autobuses Pachuca-Actopan-Ixmiquilpan espera impaciente el próximo camión que ahora pasa cada treinta minutos, pues, las escuelas suspendieron clases y los estudiantes no ocupan el servicio.

Quedarse en casa es un lujo que no puede darse Georgina, mesera de una cocina económica del centro de Pachuca. Con su filosofía de sobrevivencia, coloca letreros de clausura en las mesas para propiciar la sana distancia en los comensales que ya no son tan frecuentes.

Cocteles, jugos, ensaladas vende una pareja de jóvenes esposos en la colonia Maestranza, quienes piensan que el gobierno impedirá el libre tránsito para disminuir, así lo dicen, las muertes. 

Curvas de contagio, casos positivos o sospechosos, defunciones, alertas sanitarias, pandemias, emergencias, servicios de salud rebasados, decidir qué paciente vale la pena salvar y a quién dejar morir, grupos vulnerables, asintomáticos, miles de muertes. 

Más consecuencias, como ecos: el estancamiento de la economía, devaluaciones, desabasto, toque de queda, falta de alimentos e insumos médicos, falsas noticias, saqueos de tiendas.

Leo las noticias, observo las imágenes y salgo a las calles de una ciudad que me resulta un tanto desconocida, una vida que no concuerda con la realidad que pienso o imagino o me dan en dosis de comerciales y encabezados de ocho columnas. 

Y esas muertes que siento lejanas, incluso irreales, en Pachuca parece que no llegarán, ni la peste infectará sus aceras donde siguen las filas en los bancos, los comercios en la calle Guerrero, mercados, puestos de tacos, lo cotidiano en avenida Juárez o Madero. 

Pero la pandemia, creo, se mueve sigilosa, lame nuestra piel sin enterarnos, infecta, destruye, ataca puntos débiles, acaba salud, socava defensas, para sentar las bases de algo desconocido.

Entonces todos nos damos cuenta, presentimiento, punzada. Nos lavamos las manos cada 20 minutos, cerramos puertas, ventanas, dejamos de saludar, quitamos las sillas de los restaurantes, estornudo de etiqueta, dormimos, nos aburrimos, nos encerramos, quédate en casa, enciérrate tu también, dicen en la televisión, escriben en la prensa, y quizá ya no sea una posibilidad, sino una realidad próxima, podría pasarme a mí, quién sabe, pienso.

ACLARACIÓN   
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.

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