De AMLO, toros y YosStop

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

Sin empacho, temor ni responsabilidad alguna, nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador reunió a decenas de miles de personas el 1 de diciembre en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México para escuchar sus ‘logros’ de gobierno. Entre los mensajes, el tabasqueño mencionó que la pandemia afectó los planes originales, pero que su “control” ha permitido retomar el camino trazado por la 4T.

Para el presidente, pues, la contingencia se encuentra controlada, pensamiento que es congruente con la actitud que ha mostrado a lo largo de la emergencia de salud en la que manifiesta su despreocupación al desestimar frecuentemente al virus y su capacidad de arremeter con fuerza si uno se descuida. Ya antes expresó algo similar cuando dijo que había domado la pandemia que ya nos acumuló más de 295 mil muertes cuando inicialmente el subsecretario Hugo López-Gatell dijo que sería una tragedia si llegábamos a 60 mil fallecimientos. ¡Chale!

El gesto del presidente, tal como su insistencia en no aparecer con mascarilla, sirve de ejemplo para aquellas personas que son todavía reticentes a cuidarse del virus, hecho de notable riesgo especialmente en la antesala de lo que podría ser la cuarta ola en México tras las festividades decembrinas, justo como pasó este año cuando se nos llenaron hospitales y ataúdes. Ojalá no ocurra así.

¿NO MÁS TOROS?

La Comisión de Bienestar Animal en el Congreso de la Ciudad de México aprobó el dictamen para prohibir las corridas de toros en la capital del país. La propuesta contempla multas de 4 millones 900 mil pesos para quienes incumplan la norma en caso de que llegue a tal. Aunque lo más probable es que la iniciativa sea rechazada en el pleno, el asunto dio pie a una nueva (de muchas) discusión al respecto. 

Las corridas de toros son una herencia cultural que nos hizo España y que todavía es considerada por miles de personas como una manifestación artística que, en cuanto tal, debe no solo ser permitida sino gozar de la protección y promoción por parte de las autoridades. No obstante, la llamada fiesta brava luce como una tradición que de a poco ha perdido vínculos con el pensamiento social moderno y con sus preceptos éticos y morales.

Las corridas de toros desaparecerán eventualmente en este país y lo celebro, ya por legislación o por la pérdida de seguidores, probablemente un conjunto de ambas. Por ahora las condiciones las mantendrán con vida pero sus detractores empujarán cada vez más fuerte. Esperemos que las iniciativas para su extinción se enfoquen no solo en ello sino en lo más importante: los animales.

LA JUSTICIA Y YOSSTOP

Tenemos bien metida la idea de que justicia es prisión, por eso nuestros legisladores lo único que saben hacer para “combatir” delitos es aumentar penas, cosa que, como podemos constatar, ha servido de nada e incluso empeora las cosas al tener las cárceles llenas de personas pobres (los ricos tienen mucho más chance de zafarse) que cometieron delitos como robo sin violencia, además de la espantosa medida de prisión preventiva que mantiene un montón de gente en las rejas durante años sin que se les haya comprobado nada. 

YosStop ya salió de prisión preventiva luego que llegó a un acuerdo reparatorio con Ainara, la mujer que la denunció. “¡Solo iba por dinero, no por justicia!” Respingan las personas que no han entendido que es justo que las víctimas decidan, en el marco legal, la forma en que sus agresores deben ser sancionados y la reparación de daños. 

La influencer tendrá que dar a la víctima un departamento, un coche y más de cien mil pesos. Además, no volverá a cometer actos de discriminación, tendrá que acudir a cursos con temas de víctimas y deberá publicar un video al mes sobre ello; también entregará cinco por ciento de sus ingresos a asociaciones.

¿Es justo? ¡Claro que sí! Porque la víctima aceptó el acuerdo. No se trata de lo que grupos, la mayoría o un individuo crea, entienda o quiera como justicia, sino la víctima. Hay una fuerte carga misógina en juzgar moral y socialmente a las mujeres que han sido víctimas de abusos o delitos y que aceptan acuerdos económicos.

Por otro lado, el sistema es también benévolo con las personas que tienen dinero. YosStop cuenta con los recursos para ofrecer una reparación satisfactoria. Los pobres, en cambio, no corren esa suerte y al no existir otras formas para resarcir daños entonces sí deben permanecer en la cárcel, pero esto es vicio de sistema, no de casos particulares ni mucho menos responsabilidad de las víctimas.

ACLARACIÓN                                                
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo. 
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