Opinión

De empatía y americanistas

FRENOLOGÍA

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Por: Iván lozano

En un día cualquiera que el sol que calentó como si se despidiera para vacacionar en diciembre, al andar sobre avenida Revolución, de Pachuca, me encontré con una pareja que recorre esta calle con frecuencia. Ella, una mujer con varios años a cuestas que empuja con dificultad pero sin desánimo la silla de ruedas de él, un hombre con más inviernos vistos que cuenta con la disposición de su acompañante para realizar sus viajes que a todas luces les son inevitables.

En algún momento, un automóvil conducido por un hombre como de 30 años se les emparejó, tocó el claxon y les gritó por la ventanilla notablemente molesto: “¡Súbanse a la banqueta!”, pues la pareja andaba sobre el asfalto y a contrasentido. No obstante, seguramente acostumbrados al escenario, el grito del conductor les hizo lo mismo que la tenue brisa que soplaba a ratos para mitigar el calor.

Supongo que el automovilista consideró un sinsentido que dos personas con las características mencionadas anden en plena calle, ojalá porque pensó que tal cosa los pone en un riesgo innecesario y no por ver su presencia en el arroyo vehicular como un estorbo y retraso para los todopoderosos conductores que, se sabe, son dueños de las ciudades construidas para los autos.

Después de esto continué mi camino sobre la banqueta de Revolución e imaginé a la mujer tratando de empujar una silla de ruedas sobre las grietas, desniveles, adoquines rotos y sobresalidos que cubren por completo la acera; además, claro, de lidiar con rampas para personas discapacitadas mal hechas o bloqueadas por comerciantes o automovilistas que consideran que cualquier espacio en la calle les pertenece.

Pensar en esto, aun de forma sucinta, nos da una buena explicación de por qué la pareja que realiza ese recorrido con frecuencia decide hacerlo sobre el asfalto, el cual tampoco está libre de obstáculos para ellos, prepotencia vehicular incluida.

Sin embargo, la ignorancia de las condiciones en las que se encuentran las banquetas en esta ciudad (lo cual me parece algo complicado de creer toda vez que cualquier persona que viva en Pachuca habrá caminado al menos una vez sobre la harto famosa avenida Revolución) o acaso la falta de empatía para con personas cuyas condiciones nos son distintas, provocan que algunos exijan a otros que se comporten como si estas condiciones no existieran. -¡Anden por la banqueta, carajo! Como si fuera tan difícil, dirían.

Esta dificultad que tenemos de pensar fuera de nosotros mismos es el mayor impedimento para intentar comprender que las experiencias propias no son la medida del mundo. Andar sobre la banqueta puede no ser tan simple para todos como es para un hombre saludable de aproximadamente 30 años que, además, tal vez pase más tiempo tras el volante que sobre sus pies en la calle.

Y así con todas las cosas.

LA DEL ESTRIBO

En tiempos de redes sociales podemos pensar que, de forma contradictoria, aun con la facilidad para emitir y difundir opiniones, existe un atentado constante contra la libertad de expresión. Sirva de ejemplo lo ocurrido con los juveniles americanistas que se mofaron del ya bien conocido canto feminista originado en terruños chilenos, por lo que recibieron vituperios abundantes por misóginos, machistas y faltos de consideración con un movimiento legítimo y necesario.

Defensores de los adolescentes pamboleros argumentan que las personas pueden decir lo que les venga en gana, pero en ese sentido, habrían de tener claro que quienes así lo consideren tendrán también el derecho de señalar las sandeces que publiquen dedos rápidos y mentes lentas.

En cualquier caso, toda manifestación personal tendría que nacer de la reflexión sesuda y no de las tripas, como es lo recurrente.

Y tú, ¿qué opinas?