Opinión

De las trampas evidentes

SOLILOQUIO

Avatar del

Por: Lety Saavedra

Poco a poco y con el paso de los días estamos siendo testigos de lo que podríamos llamar una trampa evidente, esperamos el milagro de que, al despertar, el mundo vuelva a regresar a su normalidad, o al menos a la normalidad que conocemos, como alineado por un viento milagroso, como si volver a la normalidad fuera bueno, como si conformarse con lo que teníamos bastará para estar bien.

Hace unas horas recibí una llamada en plena madrugada de una de mis amigas de juventud, ella radica en otro país, esta llamada comenzaba con una frase poco alentadora, “el volver a la normalidad es imposible”, me hablo durante varias horas de las estrategias que incluyen recortar presupuestos, despedir a un gran número de empleados, cambiar las tácticas de enseñanza, cambiar la cultura  de masas, muchas preguntas surgieron, si hoy seguimos sin cura, sin vacuna, sin conocer  las dimensiones, ¿qué nos hace pensar que podemos regresar a tener contacto con otros?, el país donde ella vive esta en crisis al igual que muchos  otros, algunos culturalmente con la visión del caos, otros de esperanza, otros de tragedia, esto al menos hasta que perdamos o ganemos la guerra, que aprendamos a vivir con el virus como lo hemos hecho históricamente con otras enfermedades,  hasta que no llegue otro problema más grande, hasta que la crisis económica nos alcance, hasta que nos adaptemos.

No cabe duda que no saldremos de esta sin heridas, pero también con avances científicos y cambios sociales importantes, mejoraremos nuestras medidas higiénicas, espero que de forma permanente, y por supuesto buscaremos alternativas médicas que nos permitan valorar tratamientos adecuados a nuestros padecimientos.

A la larga y de acuerdo a la historia, una pandemia es un reajuste que permite la evolución, que propicia el desarrollo de nuevas tecnologías, que hace un control de la sobrepoblación, y que marca un antes y un después, que rompe el equilibrio de nuestra zona de confort enseñándonos que todo puede pasar en un segundo, que todo puede cambiar y que nada es seguro.

Aún no sabemos cuál será nuestro nuevo nombre, cómo nos conocerán las nuevas generaciones, aún no conocemos cuáles serán las enseñanzas que dejaremos, o si tendremos la capacidad de romper con la estructura de nuestra educación, de nuestras costumbres y cultura, no sabemos si al fin aprenderemos lecciones a favor de nuestra espiritualidad y humanidad.

Que bueno que sea imposible retomar la normalidad, esa normalidad que hasta donde me quede, estaba saturada de miedo, de gente secuestrada o perdida, de polarización de géneros, de violencia, robos y deterioro social, de individualismo egoísta, de gente infeliz pretendiendo ser feliz, de mentiras y engaños, de conformismo, de tristeza.

La trampa evidente de la que quiero huir es de las ganas de regresar a la normalidad solo por que es el lugar conocido, la comodidad de no experimentar.

ACLARACIÓN                 
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo. 

Y tú, ¿qué opinas?