Del espejismo

SOLILOQUIO

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Por: Lety Saavedra

Un espejo refleja nuestra imagen al menos esa es la idea, sin embargo lo que vemos y percibimos de nosotros mismos no siempre es la verdad, muchas veces percibimos solo el reflejo de aquello que tenemos en la mente, un espejismo de nuestros deseos.

Existen ejemplos comunes de esto que comento, como aquellos que se perciben con un peso diferente al que realmente tienen y que por lo mismo terminan enfermos, otros que creen disimular sus sentimientos con una sonrisa permanente tras unos ojos de tristeza con un nudo en la garganta y un continuo dolor en el pecho, o aquellos que se ven valientes y fuertes escondiendo al ser desamparado que vive en ellos.

En ocasiones vemos en el espejo a un ser que no reconocemos, que dejo de ser, que empeño su vida y la perdió, aquellos que han extraviado su camino, nos engañamos muchas veces con la edad pensando que somos más o menos grandes de lo que realmente somos, con un estilo o una imagen, espejismos completamente irreales, dicen que los ojos son el espejo del alma, tal vez sea por eso que brillan ante ciertas personas, que se rompen en la tristeza, que se alegran o extrañan, que incontrolablemente reaccionan ante una voz, un sonido u otros ojos.

Conforme pasa el tiempo nos cubrimos de capas, esas capas que nos ayudan a realizar el disfraz de quien queremos que los demás vean, nos vamos cubriendo, algunos con ropa fina otros con armaduras y unos cuantos más con colores neutros que les ayuden a  pasar desapercibidos, escondemos nuestra pena, nuestros corazones indefensos o nuestras debilidades, aquello que creamos nos puede catalogar o se convertirá en nuestro enemigo, a veces lo escondemos tanto que ni nosotros mismos lo encontramos, olvidando por siempre donde lo dejamos, olvidándonos de quienes somos en realidad.

Mírate al espejo concéntrate en tu mirada, en tus ojos, de tal manera que por un momento pierda coherencia esa imagen que ves, que tu pupila se vuelva un universo entero, que tenga destellos de luz, que sea un agujero negro que te trague hacia otra dimensión, aquella donde guardes el vestigio de tu vida pasada, las promesas inciertas y el dolor del presente, permitiéndote seguir y vivir, en esplendor, en plenitud, en realidad.

Reconoce por quien brilla tu mirada, quien la cambia, quien la pone triste, quien la ilusiona y le da poder, vete desnudando lentamente hasta que quede solo tu ser, sin armaduras, sin maquillaje y pregúntate si sigues siendo tu, si te reconoces aún, si no te has perdido, saluda cortésmente a aquel que vez, abrázalo, y agradécele, eres tú, en tu manera más pura y honesta, eres un tesoro, un lujo, y regresa a ti, a reflejar lo mejor de ti, a tener una razón de ser más importante que solo vivir por vivir.

Vuelve a ti, estás ahí, escondido tras los miedos, tras la desilusión, tras el arrepentimiento, no pasa nada, mientras respires, cada segundo es una oportunidad, un nuevo comienzo, una nueva aventura, no te pierdas tu vida.

ACLARACIÓN                                                     
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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