Opinión

Descúbrete… sin intermediarios (Parte 1)

SEMILLAS ESTELARES

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Por: José Antonio Alcaraz

Sin templos ni iglesias, ni gurús ni maestros. Ve dentro, ahí donde tu corazón vibra y toca tu universo… descúbrete, sin intermediarios. Estas son palabras recogidas de la sabiduría zen, sencillas y a la vez complejas y desafiantes de interiorizar y llevarlas a la práctica porque nos han acostumbrados a “depender” de algún dogma, religión o personaje.

Jesús, Buda, Mahoma y Lao Tse no pidieron ser colocados en un pedestal para que la humanidad los adore. Ni mucho menos que los convirtiéramos en deidades; creo que ellos estaban enfocados más en manifestar su multidimensionalidad, inspirar y transformar los viejos dogmas, que en buscar un reconocimiento.

¿POR QUÉ CARGAR CON ELLOS COMO MULETILLAS?
Entonces, ¿por qué cargar con ellos como muletillas? Estos personajes, así como los dogmas que se han tejido entorno a sus acciones, paradójicamente nos han distraído por mucho tiempo de nuestra divinidad. 

Hace unas semanas compartí la vez que decidí dejar de creer en santos, arcángeles, budas, maestros ascendidos, deidades ancestrales, crucifijos y, principalmente, en la Virgen de Guadalupe (aquí en México, es una deidad muy respetada, pues más de la mitad de la población se autodenomina guadalupana).

Lo anterior, no lo digo con un afán de desdeñar u oponerme a enseñanzas, acciones, fe o conocimientos que se desenvuelven tras ellos (curiosamente administrados por las iglesias y religiones); por el contrario, fue un dejar de CEDER MI PODER y asumir la RESPONSABILIDAD de mis actos, pensamientos y sentimientos. 

Dice un proverbio que “donde está tu atención, está tu energía”, es así que cedemos nuestro poder a esos santos, arcángeles, budas, maestros ascendidos, deidades ancestrales, crucifijos, etcétera.

Lo anterior lo describo como: “un ACTO DE AMOR y no de desprecio. Fue gratitud por el acompañamiento durante mi ‘noche del alma’ o madurez interna, pues, aprendí mucho. Si quiero ver milagros en tu vida, hoy me toca hacerme responsable de mi creación”. 

Adicionalmente, me sincero “no lo sé todo ni pretendo saberlo todo, pero ahora me toca descubrirlo por mí mismo sin intermediarios. Agradezco que fue a través del camino de las religiones y filosofías espirituales, que me di cuenta que la divinidad de la que me hablaron desde pequeño NO ESTÁ en una iglesia, una mezquita o una estupa budista, ni en una imagen, figura, lienzo, rito, libro, decreto u oración”.

Esa divinidad, continúo, “está en UNO mismo (hasta suena como cliché) y es a través de la introspección, la meditación y la responsabilidad de mis acciones que se va despertando esa consciencia milenaria, nuestra maestría”.

Sin pretender juzgar a nadie, y a manera de ejemplo, muchos creyentes siguen rezando o asistiendo a rituales para que santos, vírgenes o deidades “les concedan algún milagro” de sanación, protección, encontrar trabajo u otro beneficio.

SOMOS DIOSES EN POTENCIA 
Nosotros somos deidades, DIOSES EN POTENCIA con la capacidad de transformar, desde la realidad individual, la colectiva. Hoy, esta “triste realidad” es CHINGONA. Sí, chingona, porque nos está fogueando, recuerden esto: “ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

Cuando cambiamos la forma de ver, hacer y sentir las cosas, estas cambian. En nosotros está esa capacidad de obrar milagros. 

CONTINUARÁ…

Y tú, ¿qué opinas?