Opinión

Desde el Proyector

La nostalgia por los videoclubes. 

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Por: Mariano Bouchot

Desde el Proyector | Diseño: Grupo AM

Desde el Proyector | Diseño: Grupo AM

La película Capitana Marvel ha irrumpido con arrolladora fuerza en las taquillas de los cines en México. Honestamente no hay mucho qué decir sobre una película más de súper héroes, en este caso una súper heroína.  Protagonizada por Brie Larson, actriz californiana, ganadora del Óscar a mejor actriz en 2016, gracias a su trabajo en The Room (La habitación).

No hay mucho qué escribir sobre el contenido de Capitana Marvel, de hecho no diría nada, pero la cinta, que tiene un impecable y perfecto diseño de producción, nos muestra una tienda de Blockbuster, sí, del videoclub. Este hecho, desempolvó añejos recuerdos en mí.

Carol Danvers (Brie Larson) toma una caja de una cinta VHS. Ese instante, esos pocos cuadros donde Carol sostiene la película me produjo una serie de recuerdos, de situaciones, de una vida que ya se ha ido. 

Las personas de menos de 30 años, quizá jamás entraron a un videoclub. Ese espacio que reunía una amplia colección de películas en video, listas para ser alquiladas. El concepto de ofrecer una o más películas para ser rentadas por un miembro del club, comenzó a finales de los años setenta en California, Estados Unidos. Rápidamente se popularizó el negocio, surgieron cadenas en todo el mundo, la fórmula también fue alcanzada por pequeños comerciantes.

Los videoclubes tuvieron su etapa dorada, un lejano negocio de renta de películas en video, en los años ochenta y noventa. Uno de mis primeros recuerdos al ver la escena que menciono en Capitana Marvel, me ubicó en un Videocentro, tratando de decidir qué cinta alquilaría. Iba con amigos mayores que yo, tenía en las manos la caja con el videocasete de Furia de Titanes (Clash of The Titans), sí, la versión de 1981, con Laurence Olivier como Zeus; en la otra mano sostenía Superman, la que protagonizó el inolvidable Christopher Reeve en 1978. Mis amigos eligieron The Warrios (Los amos de la noche), filme estrenado en 1979. Me decidí por Furia de Titanes, padecí de arrepentimiento por los siguientes días.

Ir a un videoclub era un evento muy particular, antes de la aparición del DVD, los formatos del vídeo eran en cinta, el más popular era el VHS, un enorme casete, dentro de una enorme caja. La cinta debía devolverse en el tiempo establecido por el club de renta, rebobinada, o sea regresada, como coloquialmente decíamos. Recuerdo máquinas especiales para realizar esa tarea, se popularizó un modelo en forma de automóvil, supongo de origen chino. 

Gracias a los videoclubes pude descubrir muchas de mis películas favoritas, pasé incontables horas acumuladas en esos lugares, tratando de elegir, las tres o cuatro cintas que llevaría a casa los fines de semana. 

La era digital acabó con el ritual del videoclub, todavía hay algunos que se sostienen gracias a  románticos y veteranos cinéfilos. Yo no recuerdo cuándo fue la última vez que estuve en uno.

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