Opinión

Desigualdad y regreso a clases por televisión

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

El coronavirus no discrimina a quién le pega, digamos que agarra parejo; sus efectos, sin embargo, pronuncian terriblemente la desigualdad social. Las consecuencias golpean con mayor severidad los sectores que desde antes de la pandemia eran ya marginados y obligados a competir con numerosas desventajas.

El modelo capitalista actual promueve la competencia (comercial, social, individual) al considerarla incentivo para el ‘desarrollo’ (significado desde el propio capitalismo). Advierte que el éxito personal, laboral y social es producto de méritos individuales y por tanto todas las personas tienen acceso a él, pues solo requieren compromiso, trabajo y disciplina.

Bajo esas condiciones, se cree, pues, en la meritocracia: las circunstancias de cada persona, principalmente económicas, derivan únicamente de lo que hizo o dejó de hacer. Pensemos por ejemplo en los exámenes de admisión a educación media superior y superior: los mejores estudiantes, los más dedicados, consiguen un sitio en la escuela de su elección; mientras que los menos aplicados, los flojos y los desinteresados, llenan las aulas en la periferia si no es que hasta quedan fuera y abandonan la escuela.

No obstante, ese pensamiento elude la fuerza que ejerce el contexto económico y social sobre las personas, la influencia, trabas y empujones que da. La pandemia, reitero, pronuncia la desigualdad y coloca más obstáculos a quienes ‘compiten’ desde la desventaja.

La SEP anunció que el 24 de agosto comienza el nuevo ciclo escolar cuyas clases serán televisadas. Posponer el retorno presencial tiene sentido en tanto que la educación básica moviliza millones de estudiantes, millones de madres y padres, y a millones de personas que dependen económicamente del movimiento escolar.

El periodo educativo anterior concluyó en forma apurada e improvisada por la emergencia, y el próximo tendrá las mismas dificultades no solo para quienes tienen problemas de acceso a medios electrónicos, en este caso la televisión, sino también a quienes la modalidad de instrucción en casa supone esfuerzos adicionales a los aplicados al trabajo remunerado y al mantenimiento del hogar.

Millones de estudiantes deberán enfrentar el nuevo ciclo escolar en medio de carencias. Muchos no tendrán acceso a televisión, ya porque no tienen los aparatos, ya porque son utilizados por otros integrantes de la familia o por varias otras razones. Para esos casos el Gobierno federal prevé alternativas como cuadernillos de trabajo, libros de texto y atención especial, pero se antoja complicado que estas opciones alcancen a todos los alumnos que requieran apoyo para continuar sus estudios durante la contingencia.

Las clases virtuales demandan también tiempo y atención por parte de familiares, quienes deben vigilar que sus hijas e hijos atiendan las sesiones a distancia, cumplan con sus tareas y comprendan las lecciones. La vigilancia y apoyo académico lo brindan los docentes en las aulas, pero en casa, parientes deben cumplir esa labor y en la mayoría de los casos son las mujeres quienes reciben la responsabilidad, aun si deben cumplir otras tareas como el mantenimiento del hogar o trabajo remunerado. 

Así, millones de niñas, niños y adolescentes padecerán falta de apoyo para aprovechar de forma idónea las herramientas emergentes para continuar sus estudios. Si durante condiciones ‘normales’ el sistema educativo tiene múltiples y graves deficiencias que afectan especialmente a escolares en condiciones vulnerables, la modalidad a distancia las agrava.

El modelo educativo nacional prefiere no reprobar alumnas ni alumnos, incluso si carecen de las habilidades básicas que deben aprender en cada ciclo educativo; con este precedente, probablemente el aparato emergente tampoco tendrá muchos reprobados, sin importar cuánto hayan participado en las clases a distancia, mucho menos si en verdad aprendieron algo. Entonces, aquellas niñas, niños y adolescentes que hayan carecido de apoyo en este periodo escolar, podrían avanzar de grado sin tener el aprendizaje necesario, como de hecho ocurría antes de la pandemia.

El problema es evidente, entre otras situaciones, cuando el estudiante llega al examen de admisión a educación media superior y superior sin conocimientos suficientes, obtienen bajo puntaje y quedan fuera de las instituciones y planteles más solicitados, muchos hasta se quedan sin plantel y suspenden o terminan su vida estudiantil. Al final la meritocracia imaginada dice que no lo lograron por flojos, indispuestos e indisciplinados.

La toma de decisiones en todos los rubros no es sencilla para las autoridades e iniciar el ciclo escolar es necesario. Sin embargo, las disposiciones obligadas por la pandemia pronuncian el rezago educativo para los más vulnerables y la desigualdad en todos los aspectos.

ACLARACIÓN                                       
La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor (a) y no necesariamente representa la postura de AM Hidalgo.
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