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Día Internacional de la Juventud

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Por: Andrés Chávez Pumarejo

Ayer, se celebró el Día Internacional de la Juventud, una fecha establecida en 1999 por las Naciones Unidas, para impulsar el papel de los jóvenes como promotores de cambio, y para generar un espacio de reflexión sobre sus desafíos.

Bajo el tema “El compromiso de la juventud por la acción mundial”, este año la ONU quería destacar la participación de los jóvenes en los procesos políticos locales, estatales, nacionales e internacionales, y sus aportaciones a las decisiones públicas.

Curiosamente, la pandemia vino a subrayar el carácter global de la juventud, sobre todo por los retos que hoy enfrentan, y los que habrán de superar en el mediano y largo plazo.

En este momento, la juventud tiene en la educación y empleo, sus mayores desafíos.

La UNESCO estima que, entre marzo y mayo de este año, en algún momento el 80 por ciento de la población escolar menor de 15 años suspendió su formación simultáneamente, para después incursionar, de forma un tanto accidentada, en la educación en línea.

Esta interrupción educativa no tiene precedente en la historia y por lo mismo, aún no alcanzamos a dimensionar sus consecuencias, pero los expertos en pedagogía coinciden en que, si la situación se prolonga durante el siguiente año escolar, estamos en riesgo de perder el potencial creativo y de aprendizaje de toda una generación.

Para los estudiantes de preparatoria y universidad, la situación no es muy distinta; la mayoría de los países mantienen cerrados los planteles de educación media superior y superior, y hasta este momento no hay indicación de que vayan a abrir sus puertas por lo que resta del año.

Para el desarrollo de un país – y en este caso, de toda la humanidad – el cierre de las universidades supone una verdadera tragedia, ya que implica suspender la innovación, lo que va a afectar aspectos esenciales del desarrollo económico, como la inversión y la creación de empleo.

Ya desde antes de la pandemia, la falta de puestos de trabajo para los jóvenes era una crisis global; hoy, ya que la juventud trabaja mayormente en sectores como el comercio, los servicios y el turismo, que se cuentan entre las mayores víctimas de la covid-19, la circunstancia se agravó.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) realizó un estudio donde encontró que, globalmente, uno de cada seis jóvenes dejó de trabajar desde que inició la pandemia, y que el 60% por ciento piensa posponer o de plano abandonar sus estudios ante la situación.

Tan solo en nuestro país, según el CONEVAL, en lo que va del año, uno de cada cuatro jóvenes entre 18 y 29 años, perdió su empleo.

Esos, son los retos actuales; a futuro, los jóvenes tenemos la nada envidiable tarea de recuperar los niveles de desarrollo que teníamos antes de la pandemia.

Si se cumplen las predicciones más pesimistas y la contracción económica anual global llega al 5% (por no hablar de la caída de la economía mexicana, que va encaminada a superar los dos dígitos) significa que, con la economía de 2015, iniciaremos el camino rumbo al 2030. 

A pesar de todo ello, hay razones para ser optimistas.  En su estudio, la OIT también encontró que uno de cada tres jóvenes está interesado en participar en los asuntos públicos porque piensa que es su derecho; y uno de cada tres quiere trabajar como voluntario social.

En el fondo, los retos de los jóvenes de hoy no son muy distintos de los que tenían los de hace 20 años.  Persiste hacia ellos una actitud de discriminación y desconfianza que promueve la desigualdad, reduce sus oportunidades, y perpetúa un sistema que los trata injustamente.

Lo que sí es distinto es la actitud de los jóvenes hacia el rechazo social, y las herramientas que tienen para superarlo. 

Crisis es igual a oportunidad.  Esta época de cambio nos obliga a replantear nuestras actitudes y valores más fundamentales, y ahí están las oportunidades para la juventud. 

Sin duda, los jóvenes tendremos que redoblar esfuerzos para poder concretar el cambio que queremos, las oportunidades que nos merecemos, y la calidad de vida a la que aspiramos para nosotros y nuestros seres queridos. 

Para lograrlo, necesitaremos trabajar más duro a favor del bienestar colectivo, las causas sociales, y en contra de la injusticia, la simulación, el retroceso y la corrupción, representada por las generaciones actuales, que mucho tienen que ver en la circunstancia que hoy, nos afecta a todos.

Pero en el momento que definamos nuestros objetivos y las estrategias para alcanzarlos, aún en este escenario de tanta incertidumbre, si unimos esfuerzos en una causa común, vamos a cumplir todo lo que nos propongamos. 

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